La Habana. Ida y vuelta. (I)

La Habana, el Malecón en el Vedado. Fotografía Maite Díaz González
Malecón en el Vedado, La Habana 20 de agosto de 2018. © Maite Díaz González

De regreso de La Habana tras veintiocho días en la isla. El regreso ha sido difícil, los primeros días extrañas a las personas queridas, la familia y los amigos que siguen siendo entrañables y no han cambiado a pesar de los años. Durante el vuelo el tiempo se alarga y pierdes en el Atlántico algunas horas que luego te cuesta recuperar.
Viajar en Air France es una garantía de tranquilidad por la gentileza y la atención de la tripulación. Nuestras pantallas en el avión al regreso no funcionaban, tras varios intentos de relanzar el programa, sin resultado, vino la gerente de vuelo para solucionar el problema ofreciendo la opción de un haber para gastar en los productos en venta en el vuelo o utilizarlo para otro viaje. La civilización, el respeto y el cuidado de los viajeros. Bienvenidas a Francia.
La Habana hermosa, resistiendo. Las nuevas restauraciones han creado espacios agradables en la calle Chacón, en la plaza de la Loma del Ángel y las cinco esquinas y en la transversal que llaman el callejón de los peluqueros. En el Callejón del Chorro antes de llegar al Taller de Gráfica todo son restaurantes, terrazas con sombrillas, negocios, lugares agradables. En la Plaza de la Catedral solo queda sin restaurar el edificio que hace esquina con la calle San Ignacio, ya está deshabitado y parece que las obras comenzarán pronto.
Habrá que hacer un monumento a Eusebio Leal, sin él, gran parte de lo que se ha conservado del casco histórico no existiría. Su labor debía extenderse al Vedado y otros barrios que comienzan a desfigurarse y si no ponen orden perderán sus rasgos característicos y la belleza de su arquitectura para convertirse en amasijos deformes.
La gente en la inercia, el que tiene negocios batallando con los suministros y los materiales para los arreglos. La anarquía y la corrupción en los suministros. Los servicios de gastronomía estatales no funcionan y las arbitrariedades son constantes.
Todavía no me explico cómo pueden vivir las personas con los precios, la doble moneda y los salarios medios que no sobrepasan los 20 cuc. La vida discurre en dos mundos paralelos y muchos ciudadanos no pueden acceder nunca al que tiene mejores ofertas de productos y servicios.
La nueva constitución ha creado debates en la televisión, pero en las colas de un mercado pagando en cuc donde la distribución es irregular como consecuencia de la falta de pagos, según me explicó un taxista un poco rebotado: ¡el problema es que no pagan! y tras estas irregularidades comerciales, la regularidad de los suministros es imposible. La realidad del consumidor para comprar productos de primera necesidad es como en las bodegas del Estado: ¡hay papel sanitario! ¡llegó el pollo!…la frase como un pregón surrealista anuncia al ausente o al desaparecido durante semanas o días en que los congeladores o los estantes del mercado han estado vacíos. Compras el pollo en moneda fuerte, con aire acondicionado pero la cola y la ansiedad siguen siendo una institución.
En las colas escuchas las conversaciones de la ciudadanía harta de los pollos gigantes americanos; parecen muslos de avestruces, decía una señora que estaba cansada de la dieta pues según sus apreciaciones, si seguía comiéndose aquellos pollos pronto le saldrían plumas…Luego un hombre que explicó su polivalencia para ganarse la vida como abogado, comprador para un restaurante privado y taxista en sus ratos libres, decía que no había nada que hacer, que lo que estaba dispuesto sobre la Constitución ya estaba decidido e impreso para el mes de noviembre; esto de los debates, señora, no es otra cosa que simulacros. Todo esto dicho con serenidad y filosofía. Bienvenida a La Habana.
Las últimas horas en La Habana estuve en el Malecón, en la zona del Vedado donde nos criamos y nos bañamos muchas veces, entre las calles G y D. Allí en las primeras décadas del siglo XX había Baños. Llegaban personas desde otras provincias en los sesenta buscando viejas direcciones que apuntaban a la calle Baños.
Mi padre recordaba una anécdota terrorífica que contaba mi abuelo que se bañaba el el Malecón con sus amigos y en una ocasión en que llevaban un perro, este se lanzó primero y desapareció atrapado por un tiburón.
Las pocetas talladas en las rocas estaban abiertas para la circulación del agua y entraban peces bastante grandes. Otra historia hacía referencia al ataque de un escualo al músico Eliseo Grenet o a un hermano, no recuerdo bien.
Está prohibido bañarse en el Malecón, según me han dicho la prohibición tiene su origen en la contaminación. A fines de los sesenta veíamos muchas veces al diseñador Muñoz Bachs y a Teresita Ordoqui flotando en el mar en unas cámaras enormes.

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José Antonio Díaz Peláez, New York 1959

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José Antonio Díaz Peláez en la galería Roland de Aenlle en New York durante su exposición personal en marzo de 1959. Fotografía archivos de Maite Díaz González

1° de Julio
Hoy es el cumpleaños de mi padre, nació el 1 de julio de 1924. Habría cumplido hoy noventa y cuatro años.
La imagen es de 1959, el año en que expuso en New York en la galería de Roland de Aenlle.
La exposición fue reseñada en el New York Times con una pequeña mención. Los encargados de las colecciones de Rockefeller y Oppenheimer compraron piezas para sus colecciones. Este dato no aparece en el documental realizado recientemente y es una información importante en la carrera de un artista. Mis padres se instalaron en New York en 1957 sin becas ni subvenciones.
La imagen que pongo en los comentarios es un texto que escribió a mi abuela Elisa al dorso de la fotografía: “como siempre despeinado y sin collera que me siento más libre sin ella.” Collera llama a la corbata que es el collar que ponen a los animales de tiro. Un texto de su puño y letra a su madre, unas palabras que lo definen muy bien.
Un beso Papi, te quiero.

Con la tranquilidad de un lago

Maite Díaz González Con la tranquilidad de un lago. Etretat. Normandía, 2014.
Con la tranquilidad de un lago. Etretat. Normandía, 2014. © Maite Díaz González

Homenaje a Antonia Eiriz

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Cristo saliendo de Juanelo, obra de Antonia Eiriz en las colecciones del Museo de Bellas Artes de La Habana

Reproduzco el texto íntegro que escribí sobre Antonia Eiriz, a petición de Sandra Ceballos, para al catálogo Malditos de la Postguerra.

Por necesidades de espacio fue editado, por ésta razón he decidido publicarlo completo porque al leerlo el otro día recordé que había hablado del periodo en que Antonia Eiriz organizó los talleres de papier maché en su barrio, experiencia que luego se extendió por toda la ciudad. Antonia comenzó a enseñar a sus vecinos a modelar reciclando viejos periódicos. Algunos de sus alumnos se convirtieron en creadores que vendían sus obras en las tiendas del Fondo de Bienes Culturales. La actividad creativa ayudó a muchas personas a reinsertarse socialmente e incluso, a mejorar sus condiciones de vida.

A la pregunta: ¿por qué Antonia Eiriz dejó de pintar durante tantos años? solo podría responder la artista.

Durante los años que vivió después de la decisión de no pintar y su salida de Cuba hacia Estados Unidos, en pleno periodo especial en los primeros años noventa, no sé si alguien, dentro del periodismo oficial se atrevió a hacerle la pregunta. Alrededor de Antonia Eiriz flotaba un mito, Antonia era un electrón libre y esto a los oficialistas y funcionarios de las instituciones como el Museo de Bellas Artes los mantuvo siempre a distancia. Por su obra no se preocupó nadie y su cuadro La Tribuna estuvo en los depósitos durante décadas. La cobardía ha sido una constante, la falta de criterio y el oportunismo de críticos y especialistas ha dejado escapar documentación, información y testimonios fundamentales de la historia de la cultura en aquellos años en Cuba.

Antonia Eiriz en Estados Unidos, viviendo en casa de su sobrina Susana Barciela con la ayuda de Gómez, su esposo, volvió a trabajar y a exponer en la Florida.  Estos son los hechos relativos a los periodos de trabajo creativo de Antonia Eiriz.

Si la decisión de abandonar la pintura fue meditada y asumida como un corte, o si fue un efecto inconsciente que definió un alejamiento, una autocensura, un suicidio creativo o una huelga frente a los burócratas e ideólogos de la cultura oficial de aquellos años “de combate”, es tarea de un análisis más profundo y experto desde el punto de vista psicológico y de las circunstancias personales de la artista.

Recordando las conversaciones que mantuvimos en muchas ocasiones sobre temas como la pintura y la expresión, los maestros, los museos, la vanidad, la política y el compromiso, el lugar de un creador y de un ser humano en la sociedad, pero, sobre todo, el recuerdo como una confesión entrecortada de la impresión al escuchar en un acto público las palabras críticas de José Antonio Portuondo sobre su trabajo en la inauguración de una exposición en el Museo Nacional de Bellas Artes en los años sesenta. Aquel acto definió una actitud frente a la institución que mantuvo hasta que se marchó de Cuba.

En 1991, mientras la ayudamos a recuperar una serie de piezas y a restaurarlas para la exposición en la Galería de Galiano, muestra que organizó en paralelo a su tesis en la Universidad de La Habana, Silvia Margarita del Valle, se rescataron del estudio de Antonio Vidal y Guido Llinás en el Vedado la mayor parte de sus ensamblajes y otras obras que restauró para la exhibición. En aquella ocasión Antonia Eiriz dejó claro que no quería recibir ningún homenaje ni que su obra fuera objeto de una gran exposición retrospectiva en el Museo de Bellas Artes. Antonia pidió que el catálogo reprodujera las palabras que había escrito Roberto Fernández Retamar para la última exposición que había realizado antes de dejar de pintar. Quienes la conocimos bien, sabemos que esta decisión era en parte el fruto de su carácter, aunque también, una reivindicación justa frente a la injusticia del crítico animado por sus propósitos de ideólogo oficialista.

Es posible que en los años sesenta para la nueva estética marxista y el nuevo paraíso revolucionario las obras de Antonia Eiriz concentradas en el dolor, en la monstruosidad del mundo y su violencia, herederas de la mejor tradición de la pintura española y de un realismo expresionista descarnado fueran recibidas como bofetadas. Antonia no trabaja para gustar, muestra la crueldad y retrata a la sociedad desde los registros de las élites y el pueblo, esos dos conceptos que dibujan el espacio político que de tan alejados, se convierten en una relación de espejos. Volviendo sobre sus obras no queda duda que retratan las épocas convulsas en que demagogia y populismo ocupan todo el espacio de los periódicos. Así, su Muerte en pelota, La Tribuna o sus retablos con podiums, micrófonos, banderas, y, al fondo, esa masa amorfa y temible. O la federada, la mujer monstruosa que podía decidir la vida de cualquier persona con un simple informe. Antonia nos ha dejado una crónica con personajes que todos conocimos, fue su talento y su agudeza, también su coraje y su valentía las virtudes que la pusieron en primera línea. También es muy probable que el regaño dirigido a Antonia Eiriz fuera una advertencia colectiva al gremio crítico de los artistas plásticos antes del Congreso de Educación y Cultura de 1971.

Recuerdo que por aquellos años Antonia Eiriz había recibido una beca y viajado por Europa, la recuerdo joven y bella a su regreso contando en casa aquel viaje. Las impresiones en los museos de España, Francia e Italia. Algunos artistas recibieron becas de diferentes organizaciones internacionales, se trataba de promover y ayudar a un país que planteaba nuevos proyectos sociales y, sobre todo, educativos. En el momento de la crítica de Portuondo, Antonia era profesora en las escuelas de instructores de arte y en la Escuela Nacional de Arte donde su labor fue decisiva en la formación de muchos artistas. Dejó su trabajo como profesora y se recluyó en su casa.

Rememorando anécdotas sobre la atmósfera de aquella época y sobre las presiones y represiones que padeció aquella generación es obvio que el poder político ejercía un chantaje. El proyecto revolucionario exigía entrega total y una lealtad perruna. Que una artista decidiera ser crítica era intolerable, si ocurría, el poder y sus gendarmes de la oficialidad se encargaban de lanzar las acusaciones de “traición” o de “desviaciones pequeño burguesas” de personas incapaces de un “compromiso”, alejadas de la realidad política del país.

No sé si con estas palabras he podido reproducir la prosa política de aquellos años, los juicios y expresiones que pública o privadamente podían decidir si un creador desaparecía de la escena o era promovido por los mecanismos oficiales de la cultura, o, si directamente perdía su trabajo.

Del grupo de sus amigos más cercanos algunos ya se habían marchado o estaban en trámites para hacerlo, son los casos de Guido Llinás, Hugo Consuegra y Tomás Oliva que comenzaba su calvario en aquellos años para poder irse.

Su labor pedagógica y curativa en su barrio tampoco fue un acto premeditado y organizado como respuesta a la agresión oficialista. Fue el resultado de su relación con sus vecinos y de su talento pedagógico marcado por su generosidad. Los talleres de papier maché que organizó e impartió en su barrio y en varios de la ciudad, se convirtieron en la terapia creativa de mucha gente y en una forma de resolver la precaria economía doméstica.

En los años ochenta algunos jóvenes que la admiraban pedían conocerla y visitarla en la intimidad de su casa pero no lograban franquear la verja. No le interesaban los focos y se protegía de quienes pudieran manipular sus actos, sus actitudes y su vida. Antonia era un espíritu libre, tenía un carácter flexible y comprensivo, un sentido de la justicia y del bien al prójimo, era bondadosa y no escatimaba tiempo o esfuerzo cuando sabía que podía ayudar a alguien o que su consejo y su acción podían ser decisivos en la vida o en un momento de la vida de una persona.

Era una creadora, cuando terminó sus estudios en San Alejandro, me contaba que pensó dedicarse a la moda. A las artes aplicadas también dedicó atención, enseñó a muchas personas a entintar telas, a reciclar tejidos y paños para hacerlos más bellos. Sabía que el arte era un camino para disfrutar y comunicar y que la creación era una posibilidad asequible a todos.

Recuerdo un día en su casa conversando en la mesa del comedor, Antonia, mi madre y yo, tenía delante unos viejos periódicos y comenzó, mientras hablaba, a modelar con ellos de manera natural; de pronto, se paró para hacer una broma sobre aquella obsesión con la música de los papeles y se fue a la cocina a preparar una deliciosa champola con las guanábanas que cultivaba en su jardín.

Maite Díaz González

Abril, 2017

Espacio Aglutinador: Malditos de la Posguerra

Catálogo MALDITOS  de la POSTGUERRA
Pinche en el enlace para descargar el catálogo en formato pdf

ESPACIO AGLUTINADOR

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Recibí correo de Sandra Ceballos sobre las dificultades que sigue confrontando por trabajar como artista independiente en La Habana; ahora a las hostilidades oficiales parece se suman las foráneas.
 
Sobre el trabajo de estos años realizado en el Espacio Aglutinador editó un catálogo que ha sido decomisado en la aduana cubana cuando regresaba de viaje desde los Estados Unidos. Un abuso de poder y la institución de la censura, con lo que cuesta editar un libro o un catálogo que, en este caso, es un documento de la memoria de décadas de trabajo cultural. Que haya fundaciones que se preocupan por proteger la memoria fuera de los circuitos oficiales y que la brutalidad trate también de controlar y minimizar el trabajo que logra salir adelante sin el concurso ni la ayuda del sistema oficial.
 
Escribe Sandra Ceballos: “Se realizó un libro -catálogo con el programa completo, textos críticos, imágenes de artistas, comentarios, imágenes de obras y biografías. Éste se imprimió en los Estados Unidos, patrocinado por EVA TAS, una Fundación para ediciones de libros que radica en Holanda.
 
En febrero, de regreso de los EU, cuando me disponía a introducir una parte de este catálogo por la aduana, el mismo fue decomisado por las autoridades aduanales,
prohibiendo de esta manera que pudiera ser entregado a los artistas y críticos participantes del evento. Lamentablemente el propio Malditos de la posguerra ha sido víctima de la censura.”

 

PRÓXIMAMENTE EN ESPACIO AGLUTINADOR:

CONTINUACIÓN DEL PROGRAMA, MALDITOS DE LA POSTGUERRA.
Como ya se ha venido anunciando, este programa consiste en un homenaje que
hacemos los artistas, curadores y colaboradores del Espacio Aglutinador a un grupo (pues nos es imposible incluirlos a todos, por factores prácticos, logísticos y económicos) de artistas que han sido víctima de la censura, la cárcel, traición, el olvido, la discriminación, difamación, calumnias y otros tipos de violencia por parte de funcionarios gubernativos, artistas oficiales (y encubiertos) y demás fuerzas represivas.
Este programa consta de seis exhibiciones por secciones. Tres de ellas ya fueron
realizadas entre el 2016 y el 2017:

1- 1989. Proyecto G. Juan Sí González. Texto crítico, curaduría e investigación, Coco Fusco.
2- OmniZonaFranca: Un Arte necesario. Curaduría Sandra Ceballos y Amaury Pacheco.
Texto crítico, Yanelys Núñez
3- Crónicas y evidencias. Ángel Delgado y Alberto Casado. Curaduría Sandra Ceballos.
Texto crítico, Orlando Hernández.
Próximamente se continuará este programa como estaba originalmente diseñado, con las siguientes exhibiciones:
4-Desde las catacumbas. Muestra colectiva. Curaduría Sandra Ceballos.
5-Resistiendo al desalojo. Tania Bruguera, Antonia Eíriz y Ezequiel Suárez. Curaduría Sandra Ceballos.
6-Exilio: outside, pero inside too. Muestra colectiva. Curaduría, Sandra Ceballos.

 

Bruce Nauman: HUMAN, NEED, DESIRE, 1983

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Las palabras se iluminan parpadeando durante algunos segundos. La estructura realiza combinaciones aleatorias que crean sintagmas de dos palabras: Human Dream, Need Desire, Human Hope…organizando un recorrido visual luminoso en los que el lenguaje y la percepción del ritmo, la luz y el color envían mensajes que no son los que habitualmente se conciben con esta técnica publicitaria de alumbrado público.
La pieza es atractiva por lo insólito de los materiales y el proceso; el carácter efímero y la fragilidad material de los mensajes (cristal, luz, electricidad) dependientes de la conexión a un fluido para su materialización contrasta con la eficacia visual de los mismos. Los flash de segundos son rotundos. Una rueda de sentido se pone en marcha. La utilización de los códigos comerciales de la comunicación de masas para comunicar otras ideas alejadas del consumo o acentuar la dependencia del consumidor es una de las líneas que recorren la producción norteamericana de algunas de las piezas reunidas en la exposición Être Moderne, le MoMA à Paris que estará hasta el 5 de marzo en la Fundación Louis Vuitton. La exposición es un recorrido por el siglo XX y por estas dos primeras décadas del XXI mientras paralelamente ofrece la historia de la fundación de la institución de arte moderno.
La estructura de la pieza es de tubos de vidrio sobre los que están montados los neones en dos capas de colores diferentes más los cables de la conexión que tienen su efecto gráfico en el conjunto.
La pieza de Bruce Nauman, HUMAN, NEED, DESIRE de 1983 entró en la colección del MoMA tras la donación de Emily y Jerry Spiegel en 1991.

Cruce de caminos

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© 2018 maite díaz gonzález

Después de la nevada de ayer el cielo amanece azul y despejado. Las olas de frío llegan con contrastes de luz y color. Del blanco gris y la luz mínima al azul transparente de los cielos castellanos. Me encantaba el frío en Madrid y los cielos azules, intensos. Ayer nevó con furia y viento, cayó una nieve fina que lo cubrió todo en pocos minutos. Resbalé y terminé en el suelo. Reí y me acordé de mi padre cuando me caía en el parque aprendiendo a patinar o a montar bicicleta; llegaba corriendo al instante y me decía: levántate, sin tiempo para comenzar a llorar. Es lo que tiene aprender, hay que saber caer y levantarse. Según su experiencia y sus años mozos de fútbol levantarse rápido es un reflejo necesario, lavar el rasponazo, desinfectar y pasar a otra cosa.