Gijón, 15 de julio de 1935

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Leo las entradas de la página Asturias en español. Me he abonado pues me interesa leer sobre cómo va estableciéndose el bable, que ha sido siempre un dialecto, como lengua oficial en Asturias, además de la lengua española. En casa, soy nieta de asturianos y mi padre y mis tíos crecieron en Gijón, estudiaron y vivieron durante casi diez años hasta que comenzó la guerra civil y se fueron al pueblo de mi abuela en Cangas de Onís. Mi abuelo se fue a vivir a Madrid con dieciséis años, estudió en la escuela de su pueblo somedano a mil cien metros de altura, muy cerca del puerto San Lorenzo en el Camino de La Mesa, la antigua calzada romana. Contaban que en octubre la nieve llegaba a la cintura. De Madrid se fue a La Habana para no hacer el servicio militar, fue insumiso, decía que si sus ancestros habían combatido y expulsado a los árabes él no tenía nada que hacer en aquellas tierras. Estuvo detenido, lo sacó de la prisión un tío materno que era sacerdote y se fue a La Habana. Allí montó negocios de carnicerías y ganado que era lo que conocía y le fue bastante bien económicamente. En 1929 tras el crack bancario perdió dinero y decidió regresar a España, a Gijón, con toda la familia. La carta que guardo me la dio mi padre. Salvador Díaz Menéndez mi abuelo, le escribe a su asociado, también asturiano en La Habana y le cuenta el viaje y su peripecia para pasar tabaco sin pagar impuestos de aduana. Le encantaba fumar tabaco en pipa o puros. Tenía una colección de pipas y era uno de sus pasatiempos preferidos además de ser buenos lectores de libros y periódicos. Mi abuela recibía en casa en La Habana, el Diario de la Marina del que era suscriptora. La carta es un testimonio de un hombre un año antes de la guerra, justo un año, es interesante porque además de los datos sobre la aduana que escribe a mano con una caligrafía preciosa en el reverso de la carta mecanografiada, escribe en perfecto español con alguna falta de ortografía pero en español, solo utiliza “xente” para decir gente refiriéndose a sus paisanos.

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Cartas

carta_maite_diaz_gonzalez_antonia_eirizEn el curso de español dediqué dos clases a enseñarles a los alumnos la estructura de una carta y cómo rellenar un sobre en papel, poner un sello de correos…Pocos apreciaron hacer los dibujos, señalar los campos específicos con las palabras necesarias y las fórmulas de cortesía y afecto; la mayoría, como describe el artículo, nunca había escrito una carta ni tampoco recibido ninguna. Y la pregunta de rigor era: ¿Y para qué sirve esto si tenemos nuestros teléfonos móviles? Esto no sirve para nada. Ayer llegó a casa Nuccio Ordine, La utilidad de lo inútil y también he sabido que los padres se han quejado por la calidad de las clases, utilizo el manual, un libro, y casi nunca doy los cursos impresos y deben escribir. Los alumnos están habituados a rellenar textos, espacios en blanco con palabras sueltas. Al final como ejercicio escribieron una carta manuscrita de veinte líneas contando sus vacaciones.
El valor de la escritura en general, no solo de cartas, con todo el desarrollo de las nuevas tecnologías ha cambiado también a la educación y a los métodos de enseñanza. Sobre esto tampoco sabremos las consecuencias a largo plazo sobre el individuo y el desarrollo de sus capacidades de expresión, abstracción y síntesis. Las consecuencias sobre el desarrollo del lenguaje, el vínculo entre la mano y el cerebro, ese acto físico que, los que dibujamos, sabemos que es fundamental y que no es lo mismo dibujar en papel que sobre un ordenador, no es lo mismo sobre todo para pensar, y todo esto cómo influirá en el desarrollo de la comunicación y las relaciones humanas; quizá la sociedad reaccionará cuando ya sea demasiado tarde. O todo esto es normal y vamos hacia un hombre tecnológico robotizado al que las manos se le transformarán en un periférico digital que enviará mensajes al dictado.
Otro detalle importante y relacionado a la carta es la caligrafía, en general es desastrosa la calidad gráfica, el desconocimiento de la jerarquía, de las reglas de composición, están acostumbrados a recibir todo fotocopiado y no tienen conciencia de que la expresión gráfica y la presentación también son importantes. El reto del espacio blanco de la página y apropiarse del mismo estéticamente. La belleza de la letra, su capacidad para comunicar ideas, sentimientos, impresiones. Es raro encontrar caligrafías hermosas y legibles. Y lo peor es la falta de sensibilidad con respecto a este tema. Nosotros aprendimos con el método Palmer y luego cada cual imprimió su personalidad pero después de haber aprendido con rigor el dibujo de las letras.
Recuerdo en España haber recibido solo una carta de mi madre escrita a máquina, la impresión extraña que tuve como que aquella no era una carta suya. Desde hace casi veinte años nos comunicamos por correo electrónico pero guardo todas sus cartas manuscritas y la alegría cuando llegaba alguna siempre de manos de un mensajero que había estado con ella.

Carmen

carmen

Carmen

No está mal hacer una versión menos trágica, adaptada a “l’air du temps” en la que la mujer sea una heroína que defiende su libertad en lugar de “une femme fatale” que sigue siendo la moral de la historia. Carmen muere por ser sensual y promiscua, dirían hoy, al mantener relaciones o más bien coquetear con varios hombres. Los más libertinos hablarían de poliamor. Los teóricos sobre la exclusividad del amor y por tanto del cuerpo. Una versión que reivindicara la libertad sin tener que recurrir a la violencia, esta posibilidad sería un ideal imposible en las relaciones pasionales.
En la nueva versión en lugar de morir acuchillada por el hombre celoso es Carmen quien dispara al agresor. Es difícil aplaudir un asesinato aunque sea en defensa propia. El teatro no es la realidad, podemos aceptar que una mujer mate si su vida está en peligro pero el acto violento y radical reivindicado como solución al problema de la libertad no deja de ser otro problema, no es una solución.
La trama va de pasiones y violencias, con los tiempos que corren Carmen podría ser un símbolo de la libertad de la mujer libre que no tiene por qué terminar trágicamente; entonces sería otra historia. Otra Carmen no la de la tragedia amorosa.
En Francia Emmanuel Macron ha sugerido que la pieza comiencen a representarla en los Liceos para hacer la pedagogía sobre las libertades y derechos de la mujer. ¿Por qué hoy todavía en los medios conservadores cuando una mujer es libre sigue siendo considerada una puta, si se divorcia o si decide tener un amante algo que los hombres han hecho desde siempre sin ninguna valoración moral negativa?
Carmen una heroína feminista y española. Las críticas cuando fue estrenada en París no fueron negativas porque criticaran el asesinato sino por la sensualidad desatada del personaje al que recomiendan sentarla y tirarle una jarra de agua fría en la cabeza. Carmen la calenturienta, a los ojos de los parisinos y las parisinas del siglo XIX.

Carmen et les traîtresses de “Cosi fan tutte” : quand l’opéra persécute ses femmes

https://www.franceculture.fr/musique/carmen-et-les-traitresses-de-cosi-fan-tutte-quand-lopera-persecute-ses-femmes

Fragmento de una nave

José Antonio Díaz Peláez, escultor. Maite Díaz González

José Antonio Díaz Peláez

Hace diez años escribí sobre los primeros días de los que tengo recuerdos en la casa familiar donde tenía el taller mi padre. Lo importante que ha sido para mí la educación de mis padres y las horas que pasé con él muy pequeña, ese tiempo primero donde creo se deciden nuestros intereses, se forma la mirada o lo que podrá emocionarnos andando los años. Escribí sin revisar, sin regresar; fue un buen ejercicio reunir todas aquellas imágenes; acababa de abrir el blog y no sabía poner los acentos españoles con el teclado francés. Buscando unas imágenes he encontrado unas fotos martillando en un yunque con cuatro o cinco años, tomadas por Aladino Sánchez, fotógrafo y publicista que fue siempre para nosotros como un ángel guardián. En Bretagne recordé mucho a mi padre. Había tormenta pero por las mañanas el cielo se despejaba y pudimos disfrutar pasear sin las lluvias constantes. Viajar nos saca de las rutinas que en ocasiones nos entorpecen los sentidos. Horas intensas de descubrimientos y experiencias, de puntos de contacto, de energía y emoción en una playa atlántica y fría ante un monumento megalítico de hace cuatro o cinco mil años. Ver la pieza y pensar en él y tener la sensación de haber dejado de verlo solo unos minutos.

Memorias de mi padre I

https://maitediaz.wordpress.com/2008/10/07/memorias-de-mi-padre-i/

La infancia regresa siempre con los recuerdos junto al mar

Saint Michel, 2018, Maite Diaz Gonzalez
Saint Michel, Normandía, 1 de enero de 2018           © maite díaz gonzález

Un año de luces y libertad donde quiera que estemos. La verdadera protección que nos permite vivir y disfrutar de los momentos y las horas junto a quienes queremos y recordamos. Este fin de año hemos viajado por una zona hermosa de Bretaña. Centenas de kilómetros de costas, de playas, ensenadas cubiertas de grandes piedras de granito rosa junto al mar verde esmeralda. Pinos, cedros del Líbano. Olas lentas, espumosas. Islas como promesas muy cerca de la costa, santuarios paganos, monumentos megalíticos con sus piedras enormes en equilibrio desde hace cuatro o cinco mil años. Piedras ensambladas por alguna fusión, como un homenaje a mi padre. Puertos. Barcos varados y otros flotando durante la marea baja. Y en el silencio de la noche el ruido de los metales, las maderas, las cuerdas y las velas bajo el viento, esa música misteriosa que silba en la noche junto al rugido del mar. Pueblos. La hierba verde brilla intensamente. La soledad y el frío. El camino junto a la costa. Mi madre. Casas de granito gris, rústicas, sabias y eternas con la luz y la alegría en sus jardines y sus ventanas blancas. Una creperie y el olor de la mantequilla me traen de vuelta a mi abuela y a mi tía Nena con la montaña de frixuelos los domingos como un signo y esa voz interior que te dice: mira y guarda en la memoria. Al final del viaje llegamos a la bahía. La infancia regresa siempre con los recuerdos junto al mar, la infancia y aquella isla que va dibujándose en la memoria. Regresamos a Saint Michel. El aire, el viento y el correr de las nubes en la tormenta abre con la esperanza un cielo azul, nítido y transparente. Feliz Año.

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FELIZ AÑO BONNE ANNÉE HAPPY NEW YEAR 2018

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¡Feliz Año! Bonne Année ! Happy New Year! 2018
¡Salud, Energía y Fuerza!!
Un buzón, una caja de resonancias como símbolo de todas las buenas nuevas y un muro que me ha alegrado mis mañanas de otoño cada día mientras voy andando a trabajar.
Al lado de esta casa en el siglo XIX estaba la casa de correos, le relais de la poste, donde paraban las diligencias para descansar y cambiar los caballos que seguían rumbo al norte. Dormía en este lugar cuando visitaba Dammartin el escritor Gérard de Nerval; en sus obras hace mención de este pueblo, de Othis, Châalis y Ermenonville no lejos de Mortefontaine donde vivía su abuelo y de la aldea de Loisy donde fue criado por una nodriza.

Los campos magnéticos

Paris, navidad 2017, Nôtre Dame fotografía Maite Díaz González
Nôtre Dame, París, Navidad, el 24 de diciembre de 2017 © maitediazgonzalez

Nos vamos a París a pasar la Nochebuena. Improvisamos para cenar algún sitio abierto para turistas y forasteros como nosotros. Aparcamos en la plaza del Panteón. Queda algún sitio libre pero no hay un alma en todo el área que rodea la gran cúpula donde descansan tantos hombres y mujeres ilustres de las ciencias, la filosofía y las letras francesas. Me quedo un rato mirando el gran cartel con la imagen de Marie Curie. La Patrie reconnaissante leo sobre el gran frontón neoclásico donde ondea la bandera francesa. El gran dôme azulado flota sobre el cielo rojizo de invierno.

La plaza adonde siempre llega el bullicio de las terrazas y los bares que están en los alrededores y las voces de los jóvenes estudiantes que salen de la biblioteca o simplemente evitan la circulación constante de los coches, se ha convertido con las fiestas en un decorado inquietante.

En la noche fría el silencio es la primera impresión. La soledad hace más profunda la noche. Todo está cerrado y no hay nadie en las calles. A los pocos minutos mientras reconocemos los edificios iluminados de amarillo naranja con sus decoraciones en colores fríos, blancos y azules, llega un viejo coche destartalado y baja una pareja de ancianos que saludan y comienzan a andar rápidos y ágiles bordeando el Panteón buscando la iglesia de Sainte Geneviève para llegar a tiempo a la misa.

Otras veces hemos llegado a este mismo sitio y aparcado en el mismo lugar, pero entre el ruido y el correr para llegar a algún sitio nunca había reparado en la placa que avisa, a la entrada del pequeño hotel de los grandes hombres, así se llama el edificio en el que durante la primavera de 1919, unos meses después de haber terminado la Gran Guerra, se reunieron André Breton y Philippe Soupault para inventar la escritura automática creando el movimiento surrealista y escribiendo a cuatro manos «Los campos magnéticos.»

Leído el texto el ambiente se dibuja como en un cuadro de De Chirico, espero ver aparecer los autómatas y los maniquíes en cualquier momento. Las luces rojas de las guirnaldas de la entrada y de los arbolillos colocados simétricamente se encienden y se apagan. Me acerco para fotografiar la placa y la puerta automática se abre, miro y no veo a nadie en el interior de la recepción del hotel.

Regreso, me esperan. Cruzo rápido la calle de adoquines donde han puesto sobre unos tableros de madera unas cabezas de faunos, sátiros y grifos en piedra tallada. Entre las cabezas se extienden también unas barras de granito alineadas como los restos de algún antiguo edificio. Los rostros mitológicos y sus expresiones demoníacas no parece hayan formado parte del conjunto del Panteón, busco alguna referencia a la instalación reciente pero no encuentro ninguna indicación sobre el origen de las piezas.

Los ancianos van delante leyendo las placas atornilladas en la verja que protege al monumento. En uno de los laterales hay una estatua de Corneille sobre un pedestal, tiene el rostro ennegrecido por el hollín de los coches y aunque está a la intemperie va bien abrigado con una capa pesada y gruesa. Al fondo la fachada de la iglesia de Sainte Geneviève parece un collage barroco concebido en épocas diferentes y por diversos arquitectos. Las estructura piramidal con su triángulo superior reúne las torres, los campanarios, los frontones clásicos y curvos, los rosetones y un perfil que, en su ensamblaje de volúmenes visto desde la calle de la montaña parece una pequeña fortaleza medieval.

Calle Descartes. Nadie quiere entrar a la iglesia pero insisto, solo unos minutos. La misa de las nueve, las veintiuna, hora francesa, ha comenzado hace solo unos minutos. Al abrir la primera puerta el olor del incienso y el órgano vibra en el recinto. Todos los feligreses están de pie, de espaldas, la mayoría son personas mayores. Tengo la impresión de llegar a una celebración de los primeros cristianos. Hay algo de secreto y selecto en esta pequeña iglesia en la parte más alta de este lado de la ciudad. Los sacerdotes bendicen el pesebre que no alcanzo a ver con detalle. El olor del incienso, seco, casi asfixiante, el olor que solo sentimos en estos espacios. Un bebé comienza a llorar, la madre mueve el cochecito pero los gritos se hacen cada vez más fuertes. Salimos rápido para cenar y lograr llegar a Nôtre Dame para escuchar la misa del gallo en el punto más antiguo de la ciudad, donde comenzó todo. Un siglo antes del nacimiento en Belén ya en la Île de la Cité levantaban sus casas una tribu celta llamada les parissis ; pescarían y se bañarían en el Sena, asarían sus truchas y carnes en la orilla salvaje del río que hoy está toda construida. La liturgia del nacimiento en el lugar donde también nació la ciudad hace más de dos milenios.

Entramos a un costado de Saint Severin buscando un buen asador donde podamos cenar y beber un buen vino. Un lechón da vueltas en la entrada junto a pollos y otras piezas. El sitio está repleto pero enseguida vienen a buscarnos a la puerta, pienso que no puede haber ninguna mesa libre, el camarero sonríe, y nos lleva por un corredor kilométrico que suena como una babel donde oyes todos los acentos pero, sobre todo, inglés y español, aunque también ruso y lenguas asiáticas que no logro definir. Andando pienso que nos pondrán mantel en la cocina, y yo encantada, en los restaurantes es en las cocinas donde más me gustaría cenar, viendo a los cocineros trabajar y husmeando, si me lo permiten, entre las sartenes, planchas, hornos y cacerolas…Al fin llegamos al final del tren, pensé sería la cocina, o una sorpresa con mesa tras un túnel a orillas del Sena, pero no, llegamos al final de la galería donde nos espera mesa entre españoles y norteamericanos.

Las navidades también pueden ser estas fiestas familiares donde todos están obligados a soportarse aunque no se vean durante todo el año o aunque las tensiones obliguen a viajar y sentarse juntos a la mesa. Tengo frente a mí una película que dura todo el tiempo de la cena. Una obra de teatro filmado como aquella película terrible de Bergman, Fanny y Alexander de la que como siempre no recuerdo en detalle la historia aunque guardo la atmósfera. Es entre drama sueco de incomunicación o incomprensión y personaje de teatro no en monólogo sostenido. Él es norteamericano, occidental, educado, bilingüe ; ella es norteamericana de origen asiático. No logro comprender la discusión, es una suerte, aunque veo todo de manera silente lo que hace la escena aún más grotesca. Los hijos que son cuatro se miran desconsolados, alguna se tapa los oídos, otra se pone la capucha. El chico cena pragmático un primer y un segundo plato mientras conversa, cuando puede, animadamente con el padre que es el único que bebe vino. La mujer de un rostro cerrado pasa a un rostro espeluznante, es posible que tenga razones pero no creo que sea el momento. No sé qué podrá suceder entre ellos aunque me solidarizo con el hombre paciente que no regaña a nadie, cena y tiene palabras para todos repartiendo un poco de afecto entre los comensales. Llegan los pedidos, ella come vorazmente su asado sin levantar los ojos del plato mientras pica de los tagliatelles de la más pequeña sentada a su lado.

En estos lugares la comida es correcta si pides algo simple y lo acompañas con un buen vino. Durante las fiestas podrán terminarse en los almacenes las botellas de agua Evian o Vittel y deberás beber San Pellegrino con sus burbujas carbonatadas pero nunca faltará el buen vino de reserva.

Con la sangre en comunión salimos, tras desear bonnes fêtes, hacia Nôtre Dame que está a escasos metros. La zona del río está animada como de costumbre con vecinos, turistas, forasteros que vienen para la misa de las doce. La plaza está vallada y con acceso restringido como todos los monumentos concurridos de la ciudad. Vivimos con barreras de protección y pasando cordones de seguridad todo el tiempo. Los gendarmes examinan exhaustivamente el interior de los bolsos, mochilas y carteras con una pequeña linterna; luego piden abrir los brazos en cruz para pasar el detector, son eficaces y sonríen si haces algún comentario, los felicito y admiro que estén de pie con el frío protegiendo para que todo se desarrolle con tranquilidad y no haya que lamentar ningún problema.

La espera delante de la fachada de la catedral dura unos diez minutos. Me quedo mientras dan una vuelta alrededor del pino enorme que han instalado delante a pocos metros. La decoración es invernal, unas grandes bolas azules y blancas repartidas entre guirnaldas de pequeñas bombillas que dibujan unas líneas verticales. La cola avanza rápido, mucha gente entra y no se queda todo el tiempo de la ceremonia. La catedral está repleta y suena el órgano imponente acompañando a los coros en el canto de entrada. Adoremos, adoremos. El ambiente cargado y las vibraciones de la música, el humo del incienso me hacen pensar en un concierto de rock, aquel en el que escuchabas superstar mientras contaban los latigazos. Hay algo en las guitarras eléctricas de órgano catedralicio. La continuidad de occidente y de sus melodías conmovedoras, trágicas y vehementes. La música electriza. No puedo ver delante de la muralla humana que sigue de pie. Intento pasar por la nave lateral que está cerrada y custodiada aunque logro colarme y avanzar hasta el transepto donde me cortan el paso. Flota un aire sacro entre la estrella de Belén sobre el altar y la gran corona suspendida a la entrada sobre nuestras cabezas.

La liturgia del libro y de la palabra. La lectura del libro del profeta Isaías sobre el hombre que llega para combatir al tirano y su ejército, para traer la paz sin límites con el derecho y la justicia. El cristianismo como una idea justa y revolucionaria. Lectura de la carta de San Pablo a Tito sobre el sacrificio y el control de los placeres mundanos y, al final, el evangelio de San Lucas narra el censo que era un rito ciudadano de civilización romana; todos corrieron a inscribirse en sus ciudades respectivas y en medio de las diligencias de José, María pare en el establo porque no había sitio en la posada, así lo cuenta Lucas.

Hasta aquí todo es real y con referencias históricas sobre la dominación romana de Israel y toda la región hasta Siria. La historia es verosímil hasta la entrada del ángel que anuncia a los pastores la llegada del mesías y con él la salvación. La señal dada a los pastores es el encuentro del pequeño envuelto con pañales dormido sobre un pesebre.

Es magnífico el relato, la representación y la música, sin dudas tantas voces apuntando a unos hechos definitivos con sus fragmentos de ciencia ficción incluidos han mantenido durante más de dos milenios la transmisión de unos valores que, en realidad, es lo verdaderamente milagroso. Que el amor y la bondad hayan logrado vencer al mal en tantas guerras y conflictos. Que durante milenios hayamos tratado como especie de ser un poco mejores para iluminar donde haga falta. Además de toda la historia de la creación artística en la arquitectura, el arte y la literatura que se ha realizado en torno a este mito y su celebración. La religión debía estudiarse en las escuelas como historia de las religiones, como parte de la historia de las ideas en el contexto histórico específico en el que se han producido, para tratar de comprender cómo y por qué hemos llegado hasta aquí. Cómo y por qué hemos navegado tantos mares y seguimos viajando fuera de la órbita de nuestro planeta para seguir cada día enviando mensajes al espacio a la espera de una respuesta.

©2017 Maite Díaz González