Archivo de la etiqueta: Fotografía Maite Díaz González

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París, Jardín de las Tullerías

maite_diaz_gonzalez_2016_web© maite díaz gonzález

ISOLA EDICIONES, 80s Habana, performance, libro tipo-fotográfico

ISOLA EDICIONES, 80s Habana, performance (pdf)

Quedamos al anochecer en la casa colonial abandonada en el cuchillo que corta la calle 9 y la calle E. Un triángulo inflamable en la calle Línea. La casa está situada en la esquina, justo detrás de la gasolinera. Siempre la vi cerrada. Los jardines se fueron apoderando de los espacios. Los árboles creciendo y levantando los suelos. La casa se iba hundiendo con los años. Era como un personaje decadente y misterioso. Las tejas, rojas y planas, se iban deslizando y solo la reja  alta resistía al abandono y el salitre. Los barrotes de hierro esmaltados de blanco cercaban la vieja casa del performance. La zona, era un espacio detenido y en derrumbe situado en uno de los barrios más modernos de La Habana. Llegué con el temor de que la cámara que llevaba me dejara tirada. No recuerdo si la cámara y el flash eran prestados, o, si me habían prestado un flash y llevaba la mía. Nunca tiraba con flash, pero en las condiciones de la acción, a oscuras, el aparato luminoso era indispensable.

La noche era total en el interior de las ruinas, debía documentar a ciegas, con la agresiva luz del flash sin saber exactamente qué iba a ocurrir. Los actores y los artistas plásticos estaban maquillados con máscaras y alguno llevaba la luz de unas velas, como en los años sesenta, cuando quedábamos a oscuras unas manzanas más abajo, muy cerca de este lugar. La casa era la típica casona colonial del Vedado tras treinta años de abandono. Languidecía, como la ciudad que nos acostumbramos a ver con los comercios sucios y cerrados y las estructuras de los andamios para apuntalar lo que no volvería a ser renovado. Apuntalaban para que la decadencia se produjera en cámara lenta, así, los edificios pasaban años desmoronándose.

El público reunido estaba en medio de la destrucción. La casa destruida como metáfora. La acción duró unos minutos, no puedo precisar cuántos, pero los recuerdos fuertes son como los de estar en medio de un mítin de repudio móvil. Los actores co-rrían entre las vigas de la planta alta que exhibía su estructura rota sin continuidad. Subían y bajaban, andaban a gatas sobre nuestras cabezas, daban gritos, se avalanzaban sobre un muro y pintaban frases con grandes letras y palabras como Volver, Secreto, y, como en el señor de las moscas, actuaba la pandilla y el sadismo del grupo contra el hombre a tierra.

© 2015  Maite Díaz González

El libro Tipo-fotográfico es un work in progress, una memoria con los negativos que he conservado. Pueden enviar sus datos para añadirlos o completarlos a la dirección mail: maite9002@gmail.com. Gracias

Autorretrato, 2006. Homenaje a Man Ray

maite_diaz_gonzalez_autoportrait_2006
Autorretrato, homenaje a Man Ray. 2006 © maite diaz gonzalez

Un galope apagado

Chapelle Dammartin en Goële
© 2013 maite díaz gonzalez

El fin de semana casi nadie se aventuraba a rodar, la nieve espesa  había borrado las referencias entre la calle y las aceras.  Las hiedras parecen algodoneros con sus cargas de nieve en el reverso de sus hojas. El bosque helado como una colonia  submarina de corales. En el parque, a mediodía se escuchaban las voces de los niños en la nieve, las risas y una luz suave con la caída lenta de los copos. Me desplacé con cuidado, con la calma del cazador. Lejos del sendero, en el suelo blanco aparecían las marcas, como un camino empedrado de herraduras. Detrás, no quisieron venir y se quedaron deslizándose con el trineo, las voces iban bajando poco a poco. En medio de un claro aparece la pequeña capilla. En invierno tiene un aire eslavo. Los techos agudos, los robles y los castaños, la simplicidad. La construcción termina con una cruz delgada -casi imperceptible- y un campanario mudo. La capilla parece una miniatura, hay algo inquietante en sus proporciones, sus techos rústicos de troncos salvajes soportan el techo y el pequeño pórtico de la entrada. En invierno, siempre que llego hasta aquí, pienso que mientras me acerco saldrán pájaros por el vitral roto del pequeño ojo de buey. Los accesos están cerrados y protegidos con una malla para que no aniden los pájaros. Dentro, quedan atornilladas sobre los azulejos del zócalo, las placas de mármol con las frases a los difuntos, los agradecimientos por los milagros que tienen más de cien años. Desde casa escucho los fines de semana a los cazadores, y, a veces, se avisan cuando hay movimientos de animales. Con ésta paz espero encontrarme a un jabalí erizado o a un ciervo elegante, de los que van dejando sobre la nieve esta efímera colección de herraduras. Encuadro la capilla, las líneas cimbreantes de los árboles, sus troncos contrastados, y la red de ramas. En el silencio y la calma de la nieve solo escucho el click de la máquina de fotos, mientras, de espaldas va acercándose un galope apagado, giro la cabeza y veo dos ciervos, uno tras otro, me quedo paralizada  y pasan tan cerca que los puedo tocar, giran en ángulo delante de mí  y cuando se alejan, reacciono y disparo, el último que alcanzo corre como una liebre con el cuello erguido y las orejas alerta. El primero se pierde y regresa, se quedan juntos unos instantes antes de la bajada, luego desaparecen.
Ciervo en Dammartin en Goele

Ciervo en Dammartin en Goële

Paris, la luz en la noche

Paris la luz en la noche
© 2012 Maite Díaz González