Archivo de la categoría: París

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París, Jardín de las Tullerías

maite_diaz_gonzalez_2016_web© maite díaz gonzález

Picasso, esculturas

Picasso sculptures, exposition au Musée Picasso de Paris

La primera vez que visité el Museo Picasso de París comprendí por qué Picasso ha sido uno de los talentos más admirados y odiados de la historia de la modernidad. La capacidad creativa, la libertad y el juego, le ofrecieron la posibilidad de la multiplicidad de su obra que hay que descubrirla en los espacios de las instituciones pues las galerías y los mercados del arte se han caracterizado por comercializar solo su pintura. La obra tridimensional menos prolífica resultó un terreno de experimentación privilegiado por la libertad del artista.

La exposición es interesante porque resume toda la investigación formal y la diversidad de materiales que utilizó para crear y expresarse. Escayola, cera, ediciones en bronce, cemento directo, pero también materiales reciclados, objetos encontrados y sus magníficas piezas en chapa de metal bocetadas desde una hoja de papel. El carácter lúdico, la experimentación y el proceso de trabajo que, de toda evidencia gustaba documentar y archivar. Así podemos descubrir sus bocetos simples a partir de una hoja de papel plegada y recortada, dibujando con las tijeras la forma, y luego, el trabajo de mise au carreau par llevarla a escala monumental.

La exposición Picasso sculptures, es una oportunidad única para ver reunidas piezas que fueron dispersadas en los años veinte y treinta, como la serie del Vaso de ajenjo de la que editó seis piezas en bronce que luego pintó al óleo o patinó para convertirlas en piezas únicas. Las cabezas de Fou (el arlequín), o de Fernande, sus originales en escayola y sus versiones en bronce editadas por el galerista Ambroise Vollard. Las dos versiones de la pieza realizada con Julio González y su técnica de las planchas de metal ensambladas, Mujer en el jardín, esta versión en plancha de metal pintada de blanco y la pieza editada en bronce también dialogan frente a frente en una de las salas de la muestra y no habían sido reunidas desde 1932.

La exposición comienza con la conocida Mujer embarazada; la versión en escayola y la versión en bronce están montadas frente a frente. Sobre las paredes las fotografías de su casa taller en el sur de Francia, la villa California en Cannes, tan fotografiada durante la década de los años cincuenta. A lo largo de la exposición disfrutamos de impresiones originales de Dora Maar, Henri Cartier Bresson, Brassai, Villers, grandes fotógrafos que dejaron testimonio de los diferentes talleres del artista y del ambiente de trabajo. Sorprenden estas imágenes editadas muchas veces en pequeños formatos, unas miniaturas fotográficas que hacen de la atmósfera un lugar mítico.

Así, las grandes cabezas de mujer realizadas en escayola o cemento directo en el taller que alquiló en Boigseloup, a sesenta kilómetros de París, donde vivió entre 1930 y 1936 con su amante Marie Thérese Walter, cerca de Gisors, tienen en sus proporciones y volúmenes este aire poderoso y la energía de las venus primitivas. Junto a estas piezas una serie de esculturas en escayola desarrollan estas ideas relacionadas con las formas orgánicas sensuales que, desde algunos ángulos, representan formas claramente sexuadas y volúmenes de un gran erotismo.

Los bañistas realizados con recortes de madera reciclados aparecen editados en bronce y con una pátina oscura. La elegancia y la simplicidad de las piezas se dibuja en el conjunto de las siluetas. Al lado de esta sala, una de mis preferidas reúne las piezas en plancha de metal plegada, cortada y soldada. El montaje ha creado en las bases unos soportes que giran y nos permiten verlas desde todos sus ángulos. Los curadores han convertido las esculturas facetadas en piezas cinéticas.

La exposición estará hasta el 28 de agosto en el Museo Picasso de París que ha sido renovado. A partir del día 11 de abril reabrirá el nuevo montaje de la colección de pinturas, grabados y cerámicas del artista español, que tiene en París, su casa más acogedora y diversa.

© 2016 Maite Díaz González

Picasso y los maestros. Crónica de la exposición en el Grand Palais en 2009

 

 

Arte chino contemporáneo en la fundación Louis Vuitton

Arte chino conteporáneo en la fundación Louis Vuitton
Eternity de Xu Zhen en la exposición dedicada al arte contemporáneo chino

 

La Fundación Louis Vuitton comienza la temporada 2016 con un programa de apertura al mundo del arte contemporáneo internacional. Bernard Arnault, presidente de la institución define en el editorial la idea de que la fundación organizará cada exposición alrededor de una cultura y un país. Todos los espacios serán consagrados a exhibir las obras de artistas actualmente en la colección y de creadores desconocidos del gran público, como los que reúne la muestra de doce artistas chinos agrupados bajo el título de «Bentu».

Suzanne Pagé, la directora artística de la fundación en entrevista a Télérama ha declarado que el interés en el arte chino contemporáneo es el resultado de la presencia de China en la escena política y económica mundial. La eclosión creativa de los años noventa perdió interés, y, en Francia, desde el año 2003 y 2004 no se había mostrado la actualidad artística de este país que se revela con fuerza en las obras de las nuevas figuras emergentes.

La política de exposiciones de la institución está centrada en mostrar el arte moderno correspondiente a la primera mitad del siglo XX junto al arte contemporáneo. Así, desde este concepto de diálogo, la exposición actual permite viajar desde las obras de artistas chinos consagrados en la escena internacional, incluidos en la colección de la fundación, como el artista y activista político Ai Weiwei que comparte la escena junto a otros reconocidos artistas chinos y los doce creadores más jóvenes seleccionados por la singularidad de su trabajo.

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Anselm Kiefer, el pintor de la memoria

anselm kiefer para paul celan
Para Paul Celan, obra de Anselm Kiefer en la exposición restrospectiva en el Centre Pompidou

El espacio de la sala de exposiciones de la Biblioteca nacional de Francia, ha sido diseñado por el artista Anselm Kiefer para organizar la visita de su biblioteca donde muestra una parte de su obra hasta ahora poco conocida: la realización de libros. Los volúmenes son piezas únicas concebidos en grandes formatos. El peso de las páginas ensambladas, debido a la elección de los materiales utilizados y a la fragilidad de algunos elementos, los convierten en objetos complejos y misteriosos.

La sala rectangular ha sido dividida en tres naves que recuerdan la estructura de las iglesias góticas. A ambos lados del espacio central, más amplio, se estructuran dos naves laterales divididas cada una en cuatro espacios. Kiefer ha instalado en cada una de estas estructuras independientes una pieza. Varios libros-objeto monumentales junto a alguna instalación y vitrinas con las piezas ensambladas con elementos reciclados y objetos construidos por el artista.

El conjunto ofrece un inventario de máquinas deshauciadas y herrumbrosas. Balanzas, sillas, libros enormes de hojas de plomo, cristales rotos, atanores alquímicos. Una vieja linotipia en la que florecen enormes girasoles desprende barras de plomo en lugar de semillas. Las piezas como en una enciclopedia de la destrucción muestran los indicios y son los testimonios de la pérdida, del tiempo que pasa y de la transformación de un mundo. La metáfora del girasol y el plomo como principio de la búsqueda alquímica natural de la luz, y, también, como un homenaje a Van Gogh, el holandés errante obsesionado por el color y la luz. Algún detalle sugiere la espera y la inercia que precede al cambio para la transformación. Piezas en proceso de desintegración y putrefacción apuntan a la melancolía, al desencanto y a la pérdida de un mundo.

Los libros, organizados en grandes estantes metálicos de unos cuatro metros de altura, están distribuidos en las dos primeras salas laterales y en las vitrinas que ocupan el espacio central. Grandes formatos con sus lomos entelados permiten ver la estructura del ensamblaje de las páginas. Alguno de los ejemplares permanece entreabierto descansando a la horizontal. La mayor parte de los volúmenes siguen el ritmo vertical creando un recorrido entre los espacios que ocupan y el vacío que nos permite ver alguna portada, o recorrer las palabras que van apareciendo en las páginas y en las cajas de metal apiladas en las estanterías.

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París, homenaje a las víctimas de los atentados

Paris, Place de la République

Paris Place de la République hommage aux victimesParís, Plaza de la República. Homenaje a las víctimas de los atentados del 13 de noviembre del 2015. © Maite Díaz González

París

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Saint Denis, el 21 de noviembre. Fotografía Maite Díaz González

Llegamos a París por la tarde, desde el norte por la A1. Llovía y las nubes grises y espesas se perfilaban con la luz intensa del sol de otoño que iluminaba los campos, los perfiles espumosos de las fábricas, las fachadas de los edificios de HLM que dan a la carretera y han sido restaurados en los últimos años. Pocos minutos después apareció a la derecha el gran disco blanco del Stade de France y sus puertas que alcancé a ver, R, S…Al otro lado de la carretera frente al estadio, un edificio alto ha desplegado sobre su fachada el disco blanco con el dibujo de la torre Eiffel, como el símbolo del Peace and Love de los sesenta y que se ha convertido en estos días en el símbolo cultural de lo que París representa como ciudad occidental capital de la libertad, de la alegría de vivir, de la vida urbana de los sitios en los que se encuentran los amigos, las familias, los amantes; las mujeres y los hombres que, en sus rituales diarios intercambian sus experiencias y sus historias en el bistrot (bar), la brasserie (restaurante) tradicional o el pequeño restaurante del barrio; esas instituciones civiles de la calle en las que confluyen muchas personas llegadas desde cualquier lugar del planeta. París es esto, la efervescencia de la realidad del mundo en su diversidad y en sus contrastes.

Llovía con fuerza y algo de viento. Entramos en un bar al lado del teatro Olympia para tomar algo. Las terrazas vacías, en el interior, las mesas y la barra estaban animadas. La fachada iluminada con sus letras rojas mantenía la programación como han hecho las salas de espectáculos de la capital. La Ópera Bastilla abría sus puertas con nuevas medidas de seguridad. Los actores y los propietarios de las salas han decidido que el miedo no puede adueñarse de los espacios culturales que son los objetivos de los atentados islamistas. Entre los más jóvenes ha sido un éxito la campaña «Ce soir au bistrot» (Esta noche en el bar) lanzada en las redes sociales y que ha reunido a decenas de jóvenes que piden hacer ruido, mientras brindan con sus vasos de cerveza, sus copas de vino y se niegan a cambiar sus rituales de civilización frente a la barbarie de una ideología religiosa que no ama la música y que no disfruta de los placeres de la vida como el buen vino. Una campaña que debía llevar inscrita uno de los tantos versos que dedicó Omar Khayam al vino en su Rubaiyat, escrito en el siglo XI y que los ignorantes de su propia cultura desconocen, o peor aún, condenan desde su idea absurda del mundo.

Llueve tras los cristales y gruesos goterones dibujan la ciudad que se recoge. La lluvia como una lupa aumenta los contrastes entre la calle y los interiores. París se ilumina para las fiestas de la navidad como aquella imagen que leí en algún momento, la de la catedral durante el medioevo, como una linterna en la noche. El paseo por la rue Saint Honoré, donde todas las boutiques están abiertas, lejos han quedado los sucesos del día de Saint Barthelemy, las guerras de religión no son más que la historia de lo que no podrá volver a suceder jamás. Luego, doblamos hacia Rivolí, sus soportales llenos de tiendas y de turistas, para desembocar en el paseo de los Elíseos engalanado para el mercado de las fiestas que se avecinan. El Marché de Noël ha crecido este año y las medidas de seguridad son draconianas. Sigue lloviendo con fuerza y muchos de los bungalows de madera abiertos e iluminados están vacíos de clientes y paseantes. La ciudad que ha perdido una parte importante de sus beneficios comerciales en la última semana, va retomando su ritmo, inmersa en la tragedia de los atentados, en los homenajes a las ciento treinta víctimas, en las medidas del estado de urgencia; resuelta a resistir a la barbarie porque la luz aquí encendida no ha dejado nunca de crecer.


Gracias a ZazOfficial y a mi amigo A.Y que me ha enviado la música

Regreso del naufragio

juan_sanchez_carlos_enríquez_jose_antonio_diaz_pelaez, La Habana 1953

En el Hurón azul, la finca del pintor Carlos Enríquez, al centro, a la izquierda, Juan Sánchez, grabador y crítico de arte y José Antonio Díaz Peláez en La Habana

Te habría gustado escuchar hoy la noticia sobre el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, y, sobre el fin del embargo. Hubieras preferido más precisión e implicación, más exigencia norteamericana, pero sé que la noticia te habría disparado la posibilidad de planes y, sobre todo, la victoria, que los tiranos dejaran de tener la coartada para justificarlo todo.

En el diccionario de la real academia de la lengua española explican el significado de la palabra coartada con una definición muy ajustada a la circunstancia cubana: «Se decía de los esclavos que pactaban su rescate con su dueño.»

La decisión norteamericana del embargo nunca la comprendiste, nunca estuviste de acuerdo y te opusiste siempre porque sabías que las consecuencias las pagaba solo una gran parte de la sociedad. La pobreza, la miseria y lo que llamabas el proceso de haitianización de la sociedad cubana. Hoy he recordado la historia de una fiesta con tus amigos en casa de un funcionario, era fin de año, y aquel hombre que no bajaba del avión y tenía más horas de vuelo que un piloto de Iberia, en un acto de vanidad había sacado un gran libro monográfico sobre Picasso, comprado en París. El libro venía acompañado de un grupo de diapositivas del pintor. El anfitrión con un magnífico proyector de los que no había tampoco en la escuela de arte donde trabajabas, ni el proyector ni las diapositivas de excelente calidad, se esmeró en dar una conferencia sobre Picasso para los amigos de su cuñado. Era así y sigue siendo así el descontrol de los recursos, la corrupción a la griega y la máxima orwelliana de que todos somos iguales pero, algunos, más iguales que la mayoría. Qué ingenuidad política entregar la libertad y creer que todo aquel sacrificio, aquella austeridad, aquella entrega se hacía realmente por el bien común. Recordé también que para las clases de arte precolombino le habías llevado al profesor Alejo las mejores diapositivas que habías sacado en Teotihuacán durante tu viaje a México para la exposición personal en 1959. Te invitaron al otro año a la fiesta del funcionario pero dijiste que no, sin explicar por qué te repugnaba aquel tipo, no sé si vive, pero vivió muy bien durante muchos años como acólito de uno de los santones con capilla en la cultureta de La Habana. Si vieras todo lo que he tenido que soportar en París, las alfombras y los jarrones chinos vuelan lejos y se extienden en muchos salones.

Camino bajo un sol de plomo. Ha muerto un vecino, un hombre bueno, veterano de la guerra de Argelia, lo entierran hoy, la ceremonia de despedida es en la Iglesia del pueblo. La ola de calor en París la comparan con la de 1953, también te falló el corazón un día de calor intenso. Los castaños majestuosos, inmóviles y su sombra protectora. Lejos, en el cielo los aviones brillan en la línea de espera. Camino lentamente mientras miro las ramas dibujarse contra el cielo azul y despejado y les imagino jóvenes aquel verano de 1953 caminando sudorosos por las calles del quartier latin.

©2015 Maite Díaz González