Archivo de la categoría: Fragmentos-Diarios

Imagen

París, Jardín de las Tullerías

maite_diaz_gonzalez_2016_web© maite díaz gonzález

Inventarios 1. Ensayo en blanco y negro

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Arco iris en medio de la tormenta

Arco iris en Saint Malo

El arco iris en medio de la tormenta. La foto fue tomada en Bretaña, en Saint Malo, comenzaba a subir la marea y la isla fortificada volvía a ser inaccesible. La luz y la sensación de estar fuera del tiempo en la orilla de la playa. El arco de luz se dirige hacia la isla donde descansa Chateaubriand, el hombre que escribió en sus memorias sobre la destrucción de un mundo y el comienzo del nuevo surgido tras la Revolución francesa. La crisis de la cultura según Hannah Arendt sería el resultado de la crisis de la memoria, la pérdida de la transmisión, cuando perdemos el vínculo con el pasado el hombre pierde la visión del futuro. Hoy, vi un reportaje sobre la destrucción sistemática del patrimonio histórico y arqueológico en el medio oriente por parte de las milicias del estado islámico. Las ruinas de Palmira, los museos saqueados, los monumentos dinamitados; viendo las imágenes recordé el ensayo sobre el totalitarismo, la destrucción y la pérdida de sentido. En algunas culturas se produce cíclicamente, aunque también puede ser una actitud individual destruir, olvidar, arrasar, para comenzar de cero; y, como apuntaba Félix de Azúa, también en algunas culturas la transmisión es solo oral. Occidente ha tenido la cultura del libro, de la escritura, de la lectura como elementos fundamentales de la educación. La lectura como una forma de nutrir la memoria para conservar la historia y transmitirla. Esperemos que en Occidente nos acompañen siempre las luces y que los políticos no se aficionen al alzheimer programado.

© 2016   Maite Díaz González

Autorretrato, 2006. Homenaje a Man Ray

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Autorretrato, homenaje a Man Ray. 2006 © maite diaz gonzalez

Picasso y Zurbarán

Visité muchas veces a los monjes callados de Zurbarán en el museo de La Habana. Entre la superficie sobria y nuestros pequeños puntos luminosos y sombríos la conexión con algo inexplicable. La tradición y “la manera española”. El camino antiguo y las constantes que se repiten. Antonia Eiriz y un rito celta: el vaso de agua. Un tema como pretexto para continuar el viaje.

Zurbarán

Picasso y Zurbarán (fragmento)

NATURALEZAS MUERTAS. Una sala especial es la dedicada a las naturalezas muertas, los bodegones. Dos cuadros de Zurbarán definen en su realismo la esencia pictórica picassiana, la que definía en sus entrevistas, la búsqueda del signo, de la palabra precisa. Zurbarán no pinta, nombra las cosas, las crea en su materialidad pictórica. Expuesto el Agnus dei  junto a otras obras de Goya , Sánchez Cotán y Picasso. Los objetos, los alimentos, las frutas, la carne, el vino, el agua, los huesos, los restos del sacrificio. La vida y la muerte, la representación de un ciclo. El misterio. He visto por primera vez un cuadro pequeño de Zurbaràn de treinta por veinte centímetros aproximadamente, se conserva en la National Gallery de Londres,  se titula: “Vaso de agua y rosa sobre bandeja de plata” pintado en 1630, su reproducción en el sitio web es de muy mala calidad, no es posible conformarse con la copia, ni con la realidad virtual, hay cosas que  siglos después existen y dialogan con nosotros. La pantalla, la fotografía digital no son capaces de trasmitir la emoción, una vibración. Ya sé que suena a mística, pedirán que deje la poesía y coja el escalpelo. Lo más increíble es que ésta certeza de existencia la dibujan los objetos más banales, un espacio, la distancia entre los ojos y la superficie de Zurbarán, la brevedad, como si la luz amenazara con apagarse, como si la imagen fuese un soplo.

“Picasso y los maestros”, es la historia de una larga conversación. La historia de la libertad creativa sin reglas de estilo o de mercado. Picasso supo mantenerse en la creación permanente y que su obra fuese un verdadero diario de su vida, de sus interrogantes creativas, de sus frustraciones y sus pasiones de coleccionista. Podemos preferir sus retratos de Olga, bañados de amor, majestuosos, detestar su Dora Maar llorando fragmentada, monstruosa. No permitió la prisión del canon ni que el mercado dictara su aventura. La prueba es éste paseo, de destrucción y reconstrucción constante.

©2009 Maite Díaz

Un galope apagado

Chapelle Dammartin en Goële
© 2013 maite díaz gonzalez

El fin de semana casi nadie se aventuraba a rodar, la nieve espesa  había borrado las referencias entre la calle y las aceras.  Las hiedras parecen algodoneros con sus cargas de nieve en el reverso de sus hojas. El bosque helado como una colonia  submarina de corales. En el parque, a mediodía se escuchaban las voces de los niños en la nieve, las risas y una luz suave con la caída lenta de los copos. Me desplacé con cuidado, con la calma del cazador. Lejos del sendero, en el suelo blanco aparecían las marcas, como un camino empedrado de herraduras. Detrás, no quisieron venir y se quedaron deslizándose con el trineo, las voces iban bajando poco a poco. En medio de un claro aparece la pequeña capilla. En invierno tiene un aire eslavo. Los techos agudos, los robles y los castaños, la simplicidad. La construcción termina con una cruz delgada -casi imperceptible- y un campanario mudo. La capilla parece una miniatura, hay algo inquietante en sus proporciones, sus techos rústicos de troncos salvajes soportan el techo y el pequeño pórtico de la entrada. En invierno, siempre que llego hasta aquí, pienso que mientras me acerco saldrán pájaros por el vitral roto del pequeño ojo de buey. Los accesos están cerrados y protegidos con una malla para que no aniden los pájaros. Dentro, quedan atornilladas sobre los azulejos del zócalo, las placas de mármol con las frases a los difuntos, los agradecimientos por los milagros que tienen más de cien años. Desde casa escucho los fines de semana a los cazadores, y, a veces, se avisan cuando hay movimientos de animales. Con ésta paz espero encontrarme a un jabalí erizado o a un ciervo elegante, de los que van dejando sobre la nieve esta efímera colección de herraduras. Encuadro la capilla, las líneas cimbreantes de los árboles, sus troncos contrastados, y la red de ramas. En el silencio y la calma de la nieve solo escucho el click de la máquina de fotos, mientras, de espaldas va acercándose un galope apagado, giro la cabeza y veo dos ciervos, uno tras otro, me quedo paralizada  y pasan tan cerca que los puedo tocar, giran en ángulo delante de mí  y cuando se alejan, reacciono y disparo, el último que alcanzo corre como una liebre con el cuello erguido y las orejas alerta. El primero se pierde y regresa, se quedan juntos unos instantes antes de la bajada, luego desaparecen.
Ciervo en Dammartin en Goele

Ciervo en Dammartin en Goële

Desnudos, en la soledad del invierno

Gotas de rocío maite díaz gonzalez
Rocío © 2012 maite diaz gonzalez

Campanillas transparentes, como en los recipientes de mercurio las líneas reflejadas en el interior vibran con lentitud. Las ramas gotean y los pequeños cristales se alinean a ritmos regulares. En el parque, cada árbol es como un  viejo guardián con sus arrugas, sus pliegues y sus verrugas. Las ramas desnudas y oscuras se retuercen de manera diferente en cada uno, las cortezas se cubren de musgo, hiedra y hongos fríos y azulados. Cada árbol tiene su rostro asustado, sus agujeros inquietantes, su manera de renacer después de cada invierno. La primavera brota y la luz del verano los iguala con optimismo. El otoño los embellece y los ayuda a envejecer, cada uno amarillea a su ritmo con  matices tan distintos como lo son el diseño de sus ramas o la rugosidad de sus troncos. Desnudos, en la soledad del invierno.

© 2012 Maite Díaz González