Archivo de la categoría: Fragmentos-Diarios

Con la tranquilidad de un lago

Maite Díaz González Con la tranquilidad de un lago. Etretat. Normandía, 2014.
Con la tranquilidad de un lago. Etretat. Normandía, 2014. © Maite Díaz González

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Cruce de caminos

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© 2018 maite díaz gonzález

Después de la nevada de ayer el cielo amanece azul y despejado. Las olas de frío llegan con contrastes de luz y color. Del blanco gris y la luz mínima al azul transparente de los cielos castellanos. Me encantaba el frío en Madrid y los cielos azules, intensos. Ayer nevó con furia y viento, cayó una nieve fina que lo cubrió todo en pocos minutos. Resbalé y terminé en el suelo. Reí y me acordé de mi padre cuando me caía en el parque aprendiendo a patinar o a montar bicicleta; llegaba corriendo al instante y me decía: levántate, sin tiempo para comenzar a llorar. Es lo que tiene aprender, hay que saber caer y levantarse. Según su experiencia y sus años mozos de fútbol levantarse rápido es un reflejo necesario, lavar el rasponazo, desinfectar y pasar a otra cosa.

 

Homenaje a Pollock, en blanco y negro

Homenaje a Pollock maite_diaz_gonzalez_pollock

© 2018 maite díaz gonzález

Salí a mediodía del trabajo y me fui a dar un paseo. Tenía una hora que aproveché bien. Encontré a la entrada del parque un precioso gato negro y blanco que vino a mi encuentro y me acompañó durante todo el rato. Maullaba y se metía debajo de mi abrigo, tenía frío y todo lo que quería era jugar. Por un momento me abandonó para seguir a otra mujer pero regresó al poco rato y terminamos el paseo juntos; parece no le dejaron abierta la gatera de la casa. Hubo momentos de tensión con dos patos que se alarmaron cuando lo vieron estirarse y hacer la serpiente…los plumíferos comenzaron a escandalizarse y a batir las alas mientras el gato se arrastraba entre la nieve calculando las distancias, tratando de ocultarse. Me concentro tanto cuando estoy fotografiando y desconecto de tal manera que no me entero de nada. Me daba cuenta que el gato me seguía porque venía a frotarse contra las botas y me empujaba para que me parara y le hiciera caso. Al rato una señora me preguntó si no había visto caer el hombre al agua. No. No he visto nada. Pues ha perdido la fotografía del día. Hay que ver cómo se asocia la fotografía con la captura del instante fuera de lo común llegando al espectáculo o la tragedia. Reímos porque vaya chapuzón con estas nieves. Es cierto que vi a una pareja y pensé: qué imprudentes y que poco delicados ponerse a caminar por esa plataforma y romper la poderosa capa de nieve que magnifica todo objeto donde se posa, los que vendrán más tarde no podrán disfrutarla pero fue una reflexión de segundos. No lo ví caer, tampoco lo sentí, no gritó.Cayó y salió corriendo helado y asustado. Mientras sucedía el baño inesperado estuve absorta en las caídas de los copos, ese desvanecerse y desaparecer en el aire.
La magia de la nieve y de la luz, cuando ves caer los copos desprendiéndose entre las ramas. Como una cascada lenta la nieve cae, tropieza y se expande silenciosa como un polvo que se convierte en humo, como el signo de una desaparición. Algunos copos grandes y pesados se estrellan contra la superficie helada del estanque y dibujan, inocentes, y ante el escándalo general, un pollock.

Desde mi ventana. Homenaje a Mondrian

Homenaje a Mondrian maite_diaz_gonzalez_mondrian 2018 © maite díaz gonzález

Estamos aislados por la nieve. El silencio y despertar como si afuera hubiera un sol oscuro y resplandeciente. El misterio de las sombras tenues y de las líneas de las sombras en la nieve. Desde mi ventana el paisaje parece un fondo marino cubierto por un bosque de corales. Hacía años no sentía tanto frío; creo fue en el 2011 o 2010 la última gran nevada. Regresaba de París, la ciudad colapsada, los metros cerrados, los semáforos intermitentes y la gente bebiendo vino en todos los bares del Boulevard Magenta, logré llegar a pie hasta Gare du Nord para coger el tren a tiempo. Luego tuve que salir a pie del aeropuerto con la nieve hasta los tobillos. Atravesé las pistas por la calle que pasa debajo hasta poder reunirme con Pepe que se quedó aislado sin poder llegar a la salida del primer pueblo que está al lado de las pistas.
Hoy no funcionan los transportes públicos y las carreteras y calles están impracticables. En la A86 y la N118 se han quedado atrapados muchos conductores que han dormido en sus coches. Ayer, no funcionaban los autobuses por la tarde, salí a las once de la mañana del Liceo, el chofer conducía muy despacio en las pendientes y en los giros en las rotondas.
Por la mañana, a las siete, raspamos unos diez centímetros de nieve y resbalaba mucho el pavimento. En la noche prohibieron la circulación de los camiones rastras. Acabo de leer a la presidenta de la región Île de France, Valérie Pecresse muy crítica con la falta de información a los usuarios de los medios de transporte públicos y privados.
Ahora la luz es preciosa, a ver si puedo salir para hacer fotos.

De la serie Naufragios

Naufragios. Maite Díaz González. El oscuro esplendor
De la serie Naufragios. El oscuro esplendor    ©maite díaz gonzález

Geometría del agua

Fotografías Maite Díaz González

Geometría del agua Fotografías Maite Díaz González

Geometría del agua Fotografías Maite Díaz González

fotografías © maite díaz gonzález

Geometría del agua. Transparencias. Gotas que quedan detenidas, solas como islas o piedras de luz. Vibraciones. Cristales. Lupas que muestran un sendero. Luz del agua. Mapa de estrellas en la noche.

La infancia regresa siempre con los recuerdos junto al mar

Saint Michel, 2018, Maite Diaz Gonzalez
Saint Michel, Normandía, 1 de enero de 2018           © maite díaz gonzález

Un año de luces y libertad donde quiera que estemos. La verdadera protección que nos permite vivir y disfrutar de los momentos y las horas junto a quienes queremos y recordamos. Este fin de año hemos viajado por una zona hermosa de Bretaña. Centenas de kilómetros de costas, de playas, ensenadas cubiertas de grandes piedras de granito rosa junto al mar verde esmeralda. Pinos, cedros del Líbano. Olas lentas, espumosas. Islas como promesas muy cerca de la costa, santuarios paganos, monumentos megalíticos con sus piedras enormes en equilibrio desde hace cuatro o cinco mil años. Piedras ensambladas por alguna fusión, como un homenaje a mi padre. Puertos. Barcos varados y otros flotando durante la marea baja. Y en el silencio de la noche el ruido de los metales, las maderas, las cuerdas y las velas bajo el viento, esa música misteriosa que silba en la noche junto al rugido del mar. Pueblos. La hierba verde brilla intensamente. La soledad y el frío. El camino junto a la costa. Mi madre. Casas de granito gris, rústicas, sabias y eternas con la luz y la alegría en sus jardines y sus ventanas blancas. Una creperie y el olor de la mantequilla me traen de vuelta a mi abuela y a mi tía Nena con la montaña de frixuelos los domingos como un signo y esa voz interior que te dice: mira y guarda en la memoria. Al final del viaje llegamos a la bahía. La infancia regresa siempre con los recuerdos junto al mar, la infancia y aquella isla que va dibujándose en la memoria. Regresamos a Saint Michel. El aire, el viento y el correr de las nubes en la tormenta abre con la esperanza un cielo azul, nítido y transparente. Feliz Año.