Fragmento de una nave

José Antonio Díaz Peláez, escultor. Maite Díaz González

José Antonio Díaz Peláez

Hace diez años escribí sobre los primeros días de los que tengo recuerdos en la casa familiar donde tenía el taller mi padre. Lo importante que ha sido para mí la educación de mis padres y las horas que pasé con él muy pequeña, ese tiempo primero donde creo se deciden nuestros intereses, se forma la mirada o lo que podrá emocionarnos andando los años. Escribí sin revisar, sin regresar; fue un buen ejercicio reunir todas aquellas imágenes; acababa de abrir el blog y no sabía poner los acentos españoles con el teclado francés. Buscando unas imágenes he encontrado unas fotos martillando en un yunque con cuatro o cinco años, tomadas por Aladino Sánchez, fotógrafo y publicista que fue siempre para nosotros como un ángel guardián. En Bretagne recordé mucho a mi padre. Había tormenta pero por las mañanas el cielo se despejaba y pudimos disfrutar pasear sin las lluvias constantes. Viajar nos saca de las rutinas que en ocasiones nos entorpecen los sentidos. Horas intensas de descubrimientos y experiencias, de puntos de contacto, de energía y emoción en una playa atlántica y fría ante un monumento megalítico de hace cuatro o cinco mil años. Ver la pieza y pensar en él y tener la sensación de haber dejado de verlo solo unos minutos.

Memorias de mi padre I

https://maitediaz.wordpress.com/2008/10/07/memorias-de-mi-padre-i/

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