Archivo mensual: julio 2017

José Antonio Díaz Peláez, en Teotihuacán

José Antonio Díaz Peláez Teotihuacán. México, 1959.José Antonio Díaz Peláez en Teotihuacán. México, 1959.

Mi padre habría cumplido hoy noventa y tres años. La fotografía la tomó el pintor abstracto mexicano Echevarría en 1959 en Teotihuacán, delante de una de las cabezas de Quetzálcoatl, en la pirámide de “la serpiente emplumada.”

Leyó mucho sobre las culturas precolombinas y sobre la conquista de México, nos dio a leer libros que consideraba imprescindibles, del diario de Bernal Díaz del Castillo a El dios de la lluvia llora sobre México, o las investigaciones de Paul Westheim sobre las culturas mesoamericanas.

Raro es el día que no piense en él. No es un ritual recordarlo, aparece en los momentos más inesperados con esa energía que lo envuelve todo. Recuerdo en México, en el centro, durante el viaje que hice en 1990 salir mareada de una iglesia en la que caminabas por un suelo irregular a causa de los movimientos del terreno tras los terremotos. La experiencia provocaba unas sensaciones de desequilibrio muy extrañas. Habían pasado dos años y ante la emoción de lo que él me había contado sobre la arquitectura, los materiales, los espacios, pensé, como si estuviera vivo, que al regreso a La Habana iba a poder contarle yo mis impresiones.

Durante el viaje me fui a Guadalajara con la idea de poder hacer “un viaje” y encontrarlo. Se me había ido mi padre sin avisar y yo me había quedado con demasiadas preguntas. A determinadas edades no somos conscientes de la muerte, pensamos que ese vacío no llegará nunca a llevarnos lo que más amamos. Pedí ayuda a M., un amigo mexicano escritor que me puso a su vez en contacto con unos pintores amigos suyos para que pudiera concertar una cita con un chamán y hacer el ritual del peyote,- “el viaje”- con la esperanza de poder encontrarlo y conversar con él. Los viajes que contaban en La Habana eran experiencias a veces un tanto violentas y aunque el chamán accedió a llevarme, al final no me atreví a marcharme sola.

Siempre que he tenido y tengo un momento difícil o algún problema he pensado en mi padre, no solo preguntándome qué habría hecho o qué habría dicho, sino también dejándome acompañar confiada en que con su protección encontraré una solución.

© 2017 Maite Díaz González

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