Archivo mensual: junio 2017

Somiedo

Somiedo. Museo etnográfico de Veigas
Museo etnográfico de Veigas, Somiedo, Asturias. © Maite Díaz González

Los estímulos de la memoria son misteriosos. Crecí escuchando historias relacionadas con el origen de la familia mensajes repetidos que hablaban sobre sitios suspendidos en el tiempo. Lugares en los que todavía hoy la naturaleza ha mantenido su equilibrio gracias a una geografía hermosa y fuerte. Un paisaje indomable y misterioso.

Mi abuelo es de uno de estos lugares en los que el tiempo parece haberse detenido. La contemplación de determinados espacios, la estructura de las montañas, los pueblos colgados de unas laderas casi verticales han dotado de un carácter libre y arraigado a generaciones que, aunque se marchen de estos valles y puertos de montaña siguen amando un lugar con el que mantienen la relación a través de un hilo secreto. La sucesión de vidas repitiendo los mismos gestos, guardando la sabiduría para adaptarse a las estaciones del año, viajando de las dehesas de verano a las de invierno para garantizar el bienestar del ganado al que no debe faltar la hierba fresca.
No suelo hacer retratos, los retratos buenos son difíciles necesitan de un estado de gracia, de una complicidad entre el fotógrafo y su modelo. La posibilidad de la técnica crea un protocolo que realmente es una puesta en escena. Luego, el azar puede disponer la magia del instante de la luz natural, una luz dibujada, estructurada antes por una serie de pequeños detalles azarosos, que la persona se siente espontáneamente, que mire o no a la cámara pero lo más importante es la luz, lograr en las condiciones naturales de iluminación de un espacio una atmósfera sin la alquimia efectista de las lámparas y las lecciones de los grandes maestros de la pintura para iluminar, una luz puesta para un instante que durará unos segundos.

A veces regreso a estos lugares con las fotografías que he hecho. Revisando la fototeca encontré este retrato del director del museo etnográfico de Veigas en Somiedo. Tengo especial afecto por este retrato, en parte es la emoción del recuerdo del instante que me eligió. La repetición rápida dictada por la intuición cuando unos segundos antes el flash se había disparado. Estuvimos alrededor de una hora conversando y aprendiendo todo sobre los objetos, utensilios y herramientas que presentan en este espacio. ¿Cómo se organizaba la cocina? ¿Qué provisiones eran necesarias para pasar los meses de rudo invierno en la montaña? Regresaban las lecturas de Jack London y los aullidos de los lobos. La casa de piedra y gruesos muros es como un gran cuenco coronado por un techo de fibra vegetal. En el interior de la cocina todo estaba en penumbras, las piedras ennegrecidas y ahumadas por los años y el carbón.

Un mes después de haber lavado con luz y sal los ojos en el mar del sur, de regreso a casa, viendo las imágenes me sorprendió este retrato, la atmósfera, la expresión, la luz, su esplendor dibujados sobre la mesa y como un cordón irregular definiendo el contorno de la figura.

© 2017  Maite Díaz González