ISOLA EDICIONES, 80s Habana, performance, libro tipo-fotográfico

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Quedamos al anochecer en la casa colonial abandonada en el cuchillo que corta la calle 9 y la calle E. Un triángulo inflamable en la calle Línea. La casa está situada en la esquina, justo detrás de la gasolinera. Siempre la vi cerrada. Los jardines se fueron apoderando de los espacios. Los árboles creciendo y levantando los suelos. La casa se iba hundiendo con los años. Era como un personaje decadente y misterioso. Las tejas, rojas y planas, se iban deslizando y solo la reja  alta resistía al abandono y el salitre. Los barrotes de hierro esmaltados de blanco cercaban la vieja casa del performance. La zona, era un espacio detenido y en derrumbe situado en uno de los barrios más modernos de La Habana. Llegué con el temor de que la cámara que llevaba me dejara tirada. No recuerdo si la cámara y el flash eran prestados, o, si me habían prestado un flash y llevaba la mía. Nunca tiraba con flash, pero en las condiciones de la acción, a oscuras, el aparato luminoso era indispensable.

La noche era total en el interior de las ruinas, debía documentar a ciegas, con la agresiva luz del flash sin saber exactamente qué iba a ocurrir. Los actores y los artistas plásticos estaban maquillados con máscaras y alguno llevaba la luz de unas velas, como en los años sesenta, cuando quedábamos a oscuras unas manzanas más abajo, muy cerca de este lugar. La casa era la típica casona colonial del Vedado tras treinta años de abandono. Languidecía, como la ciudad que nos acostumbramos a ver con los comercios sucios y cerrados y las estructuras de los andamios para apuntalar lo que no volvería a ser renovado. Apuntalaban para que la decadencia se produjera en cámara lenta, así, los edificios pasaban años desmoronándose.

El público reunido estaba en medio de la destrucción. La casa destruida como metáfora. La acción duró unos minutos, no puedo precisar cuántos, pero los recuerdos fuertes son como los de estar en medio de un mítin de repudio móvil. Los actores co-rrían entre las vigas de la planta alta que exhibía su estructura rota sin continuidad. Subían y bajaban, andaban a gatas sobre nuestras cabezas, daban gritos, se avalanzaban sobre un muro y pintaban frases con grandes letras y palabras como Volver, Secreto, y, como en el señor de las moscas, actuaba la pandilla y el sadismo del grupo contra el hombre a tierra.

© 2015  Maite Díaz González

El libro Tipo-fotográfico es un work in progress, una memoria con los negativos que he conservado. Pueden enviar sus datos para añadirlos o completarlos a la dirección mail: maite9002@gmail.com. Gracias

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