Kiev y Caracas o el estalinismo del siglo XXI

Ucrania ha quedado dividida en dos regiones : la zona este de influencia rusa y la del oeste de influencia occidental. Yanukovitch, el sátrapa oligarca, después de desaparecer algunas horas, realizó declaraciones desde el este. Vladimir Poutine está ocupado con los juegos de invierno en Sotchi, habrá que esperar a la semana próxima para saber en qué consistirá la protección y ayuda de Moscú. Las regiones del este incluyen a Crimea donde los rusos tienen intereses militares y estratégicos como en Siria.

El presidente depuesto ha declarado que no reconoce legitimidad al parlamento, tampoco a los miles de ucranianos que llevan meses resistiendo y pidiendo su renuncia.

El estalinismo de Rusia -que regresa con fuerza según los testimonios de los represaliados del periodo soviético- ha dejado marcas inolvidables en la historia ucraniana. El terror y sus secuelas, desde que en los años treinta Stalin instaurara su poder absoluto, y, con éste, las consecuencias trágicas de los millones de muertos durante las hambrunas de 1921 y, más tarde, la de 1933, agravada por la colectivización forzada de la agricultura, las campañas de represión y la deportación masiva a los gulags.

Según las cifras de la oposición, han muerto en éstos días más de cien personas en los enfrentamientos. Los hospitales han declarado setenta y cinco víctimas. Ningún sátrapa se marcha por las buenas, los parlamentos funcionan cuando los hombres mueren en las calles.

El parlamento ucraniano ha destituído a Yanukovitch y la ayuda millonaria de Rusia ha quedado suspendida por el momento. Yulia Timoshenko ha sido liberada y se reunió en la plaza con la oposición, ha pedido mantener el pulso para que se produzca el  cambio.

Las imágenes en éstos días han sido sobrecogedoras, los corresponsales en la plaza, los aguerridos periodistas en primera línea con los insurgentes, con los heridos y con los muertos por los disparos de los militares y la policía. Los hombres cayendo sobre el barro y los adoquines, otros intentando protegerse con los escudos detrás de los pocos troncos de los árboles en las calles.

La residencia de Yanukovitch fue incautada y abierta a todos, vimos los testimonios de asombro de los visitantes y la petición a la opinión pública internacional para que asuma responsabilidades por los muertos y por el despilfarro y la corrupción que le han permitido construirse esa casa horrorosa, un palacete kitsch con una decoración de falsas ruinas romanas en los jardines, piedra en la planta baja y encima una especie de chalet de los Alpes todo de madera. Una propiedad inmensa con grandes jardines y animales exóticos, y, en el interior, el corresponsal narraba los detalles de los grifos de oro, como en la decoración de la mansión de Sadam Hussein. La gente ha entrado hoy para constatar el lujo oriental del presidente, asombrados por las dimensiones y la extensión de los campos y jardines. Una jornada entera no alcanzaría para recorrerla, ha declarado un visitante. El interior de la casa lo mantenían custodiado y cerrado.

El terror como crimen de Estado ha tomado también las calles de Caracas.

En las dos ciudades, Kiev y Caracas se repite el mismo esquema estalinista:  oligarcas corruptos y el delirio del poder absoluto que no acepta las reglas de la democracia.

En ambos gobiernos los partidos de la oposición deben enfrentarse a una estructura política que trata de borrarlos con campañas de desprestigio controlando los medios de comunicación locales y expulsando a los periodistas extranjeros. En Caracas la barbarie llega a los cortes de la electricidad y la interrupción de internet.

La cultura política de la izquierda en el siglo XX, ha repetido el mismo diseño desde la revolución rusa: la estrategia del terror de masas. En la región  de Ucrania donde ha encontrado abrigo Yanukovitch, las estatuas de Lenin siguen en pie. La revolución rusa y el estalinismo como el experimento del terror y el control social, el espionaje, el chantaje, la intimidación y la destrucción de las familias no han sido condenados. Todavía en Rusia represaliados del periodo estalinista, hoy, no tienen acceso a los documentos sobre la detención y el proceso político que sufrieron hace más de cincuenta años.

Frente a los problemas económicos generados por la corrupción, la burocracia y la administración desastrosa, o las nacionalizaciones como solución para una nueva manera de colectivización, se busca siempre un chivo expiatorio que permita desde el cinismo y la demagogia designar a un responsable que casi siempre es un enemigo exterior (Estados Unidos de América), o la oposición interna dirigida desde el extranjero para acabar con los intereses de «la nación». El viejo mecanismo estalinista para no asumir responsabilidades políticas y mantenerse eternamente en el poder.

© 2014 Maite Díaz González

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