Oswaldo Payá Sardiñas, la verdad y la política

Oswaldo Payá murió hace un año en un accidente provocado, las circunstancias exactas de su muerte, en éstos momentos, son el secreto mejor guardado de los cuerpos represivos de la dictadura. Meses después de su muerte, se orquestó la farsa de un juicio a puertas cerradas, en el que ni a los hijos les permitieron estar presentes. Tras el accidente la maquinaria mediática controló la información dentro y fuera de Cuba, el acceso a los testigos y al lugar de los hechos, con lo cual, investigar fue imposible y el que se hubiera atrevido habría pagado con su vida el esclarecimiento de la verdad.

Vimos la otra farsa que fue la rueda de prensa –primero nacional y luego internacional- en la que Aron Modig parecía un replicante y Ángel Carromero que no sufrió ningún traumatismo importante, compareció en una pantalla de vídeo, como un secuestrado, leyendo la declaración que acomodaron los encargados de la «comunicación».

En los primeros testimonios, no sabemos el grado de veracidad de éstas descripciones, los testigos señalaron a dos extranjeros que salieron andando del coche siniestrado aunque nunca supimos quiénes fueron los que llegaron primero al lugar de los hechos y, tampoco, sus declaraciones fueron recogidas por… ¿los periódicos?, con lo cual, el personal de la policía, los bomberos y el equipo médico no apareció nunca, ni en la rueda de prensa. También vimos fotos que, más que mostrar, escamoteaban, supuestamente el cuerpo de Oswaldo Payá, con la explicación de que una doctora forense había certificado la muerte en el lugar.

Ángel Carromero asegura que estaban vivos los cuatro al final de la embestida de un coche que logró sacarlos de la carretera y que llegaron con vida los cuatro al hospital. Harold Cepero, de solo 32 años, llegó vivo con una fractura de fémur y falleció por falta de atención médica que, según los testimonios, exigieron las enfermeras y negó un médico del que se saben nombre y apellidos.

No se puede hablar de relatos convincentes o de la verdad de los hechos cuando nadie pudo acceder con un grupo de expertos independientes a las pruebas, al lugar y a los testimonios de los testigos y de los supervivientes. Nadie pudo entrevistarse con ellos, cotejar los relatos, las versiones, verificar la identidad de las personas que estaban allí, civiles y militares, sus funciones y responsabilidades. Sabemos que los estados español y sueco negociaron con el cubano condiciones para ofrecer una versión de los hechos que permitiera la autoinculpación de Ángel Carromero, el regreso inmediato de Aron Modig a su país, sin la obligación judicial y moral de presentarse durante el juicio como testigo del accidente.

La familia lanzó una petición de investigación internacional en internet que firmaron muy pocas personas. Según las estadísticas, fuera de Cuba residen casi dos millones (entre cubanos y descendientes), esta petición ha sido respaldada por menos de tres mil firmas. Es una vergüenza, una verdad contable, pragmáticamente matemática y que podemos comprobar en internet.

Oswaldo Payá tenía la doble nacionalidad hispano-cubana, es una realidad de nuestra condición de hijos y nietos de emigrantes españoles por razones económicas y políticas, el que emigra por circunstancias económicas es también de facto un refugiado o un deportado de baja intensidad. Españoles por elección y por origen, no españoles porque no se puede ser otra cosa o por circunstancias o intereses. Lo que todavía no comprendo es cómo el Estado español no ha apoyado a la familia de Oswaldo Payá y ha exigido, -una vez Carromero en España- que se investiguen las circunstancias de la muerte y se haga Justicia en un tribunal internacional.

Cuando solicité la nacionalidad española, me entrevistó en Zaragoza un oficial del Ministerio del interior español. Después de analizar los documentos me dijo que era un deber -en mi caso- recuperar la nacionalidad española; como funcionario y hombre íntegro y responsable me aseguró que a partir de aquel momento la protección por las leyes y autoridades españolas estaba asegurada, incluso, si viajaba a Cuba; fueron las palabras que no he olvidado de aquel señor. Parece que ésta no es la opinión de los encargados desde el Ministerio de Asuntos Exteriores con los españoles -considerados de segunda- que somos los nacidos en Cuba y que por derecho de filiación (droit du sang) somos tan españoles como el jefe del estado, el Rey Juan Carlos que tampoco nació en la península.

Existen pruebas desde el primer momento que apuntan a la verdad de los hechos. Pruebas que recibió la familia el día del accidente, los hechos son obstinados y no son intercambiables o manipulables, lo que sucedió realmente ese día es un relato colectivo, una verdad que deberá abrirse paso. La familia Payá y Ángel Carromero han estado practicamente solos y sin los recursos suficientes frente a la verdad oficial que no es más que el relato de una manipulación al servicio de unos intereses.

La verdad de los hechos y la justicia que reclama la familia Payá es impotente cuando no tiene el respaldo ciudadano y de los poderes judiciales de los países implicados y de las organizaciones internacionales que tienen el poder y la legitimidad para exigir una investigación y un proceso que garantice la independencia e imparcialidad de la Justicia.

Los mecanismos de contra poderes en Cuba no existen, por tanto, la intervención de instituciones internacionales es necesaria y debía haberse promovido y respaldado desde el mismo día del supuesto accidente con las evidencias de los mensajes telefónicos enviados y tras todas las amenazas que recibía Oswaldo Payá a diario. No es socavar la soberanía de un país, la soberanía de un país no existe sin ciudadanos libres, lo que apoyamos es la protección de los ciudadanos y la defensa de sus vidas y sus derechos.

La familia de Oswaldo Payá logró salir de Cuba y refugiarse en Estados Unidos, es lógico que tomaran esta decisión para proteger sus vidas y poder exigir a la justicia internacional la verdad de los hechos, el indulto de Ángel Carromero -al que consideran inocente-  y las responsabilidades políticas y morales de los que provocaron el accidente, también de los que negaron asistencia médica a un herido y de todo el que estuvo relacionado con éste acto siniestro y monstruoso.

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