Notas del verano II

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Notas del verano II

Voy escuchando el gps, es políglota y lo vamos cambiando del francés al italiano. Son voces femeninas que suelen ser precisas y ayudan a anticipar una salida de autopista o un cambio de senda para seguir por el buen itinerario. Antes nos hemos perdido y llegamos a un sitio, por el laberinto de una pequeña comarcal que no está registrado en el artefacto y tampoco en el mapa. Rodamos con un sol de plomo pero con la dulzura de los campos de trigo aun sin segar y de las viñas frescas. Grandes granjas, sembrados de maíz y como es habitual en Francia, ni un alma. La vida interior francesa. Los jardines cuidados y las casas impecables. La desconfianza en la tecnología se activa cuando suceden estos imprevistos que constatan nuestras limitaciones. El gps debe ser alimentado con un cable a la batería, si se descarga, hay que tener preparadas otras herramientas pues seríamos incapaces de orientarnos y seguir un itinerario desconociendo las ciudades importantes.

Aparece un hombre en su furgoneta y salto del coche casi sin avisar, mapa en mano, lo llevo siempre. Viajo como la rusa en Moscú que verificaba en los ochenta la caja registradora con el ábaco. La anécdota la contaban en casa con sorpresa. En La Habana, en las fotos antiguas de los comercios se ven las cajas registradoras desde comienzos del siglo veinte, aquellas de hierro tan bonitas que sonaban optimistas su campanilla. Desaparecieron todas de los comercios y bodegas, eran piezas de colección. El gps si no está actualizado puede confundir las direcciones, sobre todo en Francia que los arreglos y cambios en las carreteras -como construir una rotonda- se realizan a menudo y en tiempo récord. Más vale no olvidar el viejo mapa de papel, indéchirable, (así pone el último que he comprado) Un mapa de carreteras de Francia indéchirable, quiere decir: irrompible, que no se puede rasgar fácilmente. Un mapa y una metáfora de un país.

El hombre alto y delgado, sonrosado, sale del coche. Lleva botas de goma hasta las rodillas y una camisa blanca. Muy amable, con acento auvergnat, prefiere que veamos el mapa sobre el capó de su coche. Estamos cerca de M…, le cuento y me confirma que donde estamos no existe la referencia en el mapa general. Recomienda regresar y buscar la dirección de Saint Pourçain en Sioule, doblando a la derecha en la primera intersección. La región es conocida por sus vinos que ya regaban las mesas de los Papas de Avignon. Actualmente, tiene gran éxito La Ficelle, un tinto de personalidad etiquetado cada año con el dibujo de un humorista diferente. Sonríe y nos desea bonnes vacances. Estamos en medio de los campos de la Auvergne, a treinta kilómetros de Vichy y Moulins y a trescientos veinte kilómetros al sur de París.

Hay mercado en la plaza y del otro lado junto al río fiesta con músicos en la glorieta y los acordeones de rigor. Trasiego de grandes compras de verduras frescas. Pasa un grupo de majorettes con sus estandartes y sus pompones. En una semana, la pequeña ciudad de Saint Pourçain en Sioule será una etapa del Tour de France. Nos reciben unos ciclistas de paja tejida, ingeniosos, amarillos y brillantes.

© 2013 Maite Díaz González

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