Venezuela, Chávez-Maduro y el modelo cubano

Hace tres años y dos meses estuvo de viaje Hugo Chávez por el viejo continente; promocionaba una película de Oliver Stone, y organizó una gira de propaganda y legitimación en Europa, tan denostada desde sus tribunas. La Europa decadente, dicen.
La política como “representación” en la sociedad del espectáculo. Chávez llegó a la Mostra de Venecia que lo recibió con ovaciones. La ligereza italiana  comienza con adhesiones apasionadas y marchas con antorchas para terminar con la dictadura y el susodicho colgando cabeza abajo deformado y apaleado. La infantilización política en Latinoamérica crea un fenómeno de repetición. De nada sirve la experiencia de Cuba y su falta de derechos y libertades, la destrucción de la sociedad civil, de la economía y de la libertad de la prensa y de los medios de comunicación.
Las figuras de los caudillos-dictadores y sus discursos tratan de ocupar el espacio público y las relaciones de los ciudadanos con el Estado para convertirlas en representaciones que oscilan entre  lo cómico y lo trágico casi siempre; se va de un lado a otro del espectro, de las rancheras o los tangos -más al sur- a las cargas policiales y las golpizas de las fuerzas del orden o de ‘los grupos de apoyo’. Las elecciones del domingo  han provocado enfrentamientos con un saldo de nueve muertos, ocho oficialistas y un opositor.
Desde Cuba se escuchan los llamados a los cacerolazos de apoyo a los venezolanos de la oposición, Antúnez, desde el miércoles ha llamado a la solidaridad. Los dictadores no cantan boleros;  Cabrera Infante decía que, el cubano, no sabe bailar. Un problema musical que puede ser la falta de oído, un problema de armonía;  se aprende a escuchar, es una disposición reflexiva del espíritu, de la sensibilidad y de la inteligencia, y es la única manera de no repetir los mismos errores.
En los mensajes de hace unas horas del líder de la oposición venezolana, Henrique Capriles, leíamos la preocupación por la provocación de la violencia y la manipulación de las masas ensordecidas por la propaganda. Nicolás Maduro se negó a volver a contar los votos. Si la comunidad internacional aceptara la imposición estaría legitimando un proceso electoral que no respeta las reglas de transparencia de las elecciones democráticas.
Hoy, en las informaciones de Europapress aparece la noticia de un acuerdo:
“Tanto Maduro como Capriles se han comprometido a acatar los resultados que arroje la auditoría del cien por cien de los votos, independientemente de a quién otorgue la victoria y, por tanto, el Gobierno hasta 2019.”

Queda esperar que en la gestión de la crisis política no recurran al fraude electoral para continuar gobernando. Está en juego la credibilidad de la institución CNE (Consejo Nacional Electoral) y la posterior legitimidad de un gobierno en el que el sucesor de Hugo Chávez, Nicolás Maduro  -formado políticamente en Cuba- fue designado por su predecesor sin mediar una consulta democrática.

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