Bebo Valdés, eterno manantial

Bebo Valdés & Diego El Cigala – Hubo un Lugar/Cuba Linda

Se ha apagado la gravedad y la alegría de las manos de Bebo Valdés, en Suecia, donde vivió durante casi cuarenta años tocando el piano en silencio en el bar de un hotel. Gracias a Paquito de Rivera, en los noventa, Bebo Valdés grabó un disco y regresó a la escena de la que había estado ausente, sin dejar de trabajar. A Chucho Valdés, su hijo, lo escuché muchas veces en concierto; heredero del genio y el talento de su padre ausente de La Habana. El padre tocaba y cantaba en los hijos, las comunicaciones sagradas y secretas que fluyen y nadie puede violentar o callar.

Le vi en algunas entrevistas y lo escuché contar su decisión de no regresar a Cuba; quién sabe cuánto dolor y alegrías habrá transmutado Bebo Valdés, cada noche -durante décadas-, en el piano-bar donde trabajaba, en Suecia, donde vivía con su nueva familia y lejos de los hijos y la música de La Habana.

Me acompaña Bebo Valdés durante los inviernos, con el Cigala, aunque muchas veces escucho los fragmentos de sus solos, una y otra vez; su sonido limpio, cristalino y juguetón, su fraseo inteligente y sensual, de pronto grave, por breves segundos. Debemos darle gracias  a Paquito de Rivera por la generosidad de su rescate y la suerte de poder escucharlo. Bebo abriéndonos a su ingenio y su talento rítmico, su música de La Habana, su ciudad conservada intacta, como un manantial eterno. Que descanse en paz y que la tierra lo abrace.

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