Picasso y Zurbarán

Visité muchas veces a los monjes callados de Zurbarán en el museo de La Habana. Entre la superficie sobria y nuestros pequeños puntos luminosos y sombríos la conexión con algo inexplicable. La tradición y “la manera española”. El camino antiguo y las constantes que se repiten. Antonia Eiriz y un rito celta: el vaso de agua. Un tema como pretexto para continuar el viaje.

Zurbarán

Picasso y Zurbarán (fragmento)

NATURALEZAS MUERTAS. Una sala especial es la dedicada a las naturalezas muertas, los bodegones. Dos cuadros de Zurbarán definen en su realismo la esencia pictórica picassiana, la que definía en sus entrevistas, la búsqueda del signo, de la palabra precisa. Zurbarán no pinta, nombra las cosas, las crea en su materialidad pictórica. Expuesto el Agnus dei  junto a otras obras de Goya , Sánchez Cotán y Picasso. Los objetos, los alimentos, las frutas, la carne, el vino, el agua, los huesos, los restos del sacrificio. La vida y la muerte, la representación de un ciclo. El misterio. He visto por primera vez un cuadro pequeño de Zurbaràn de treinta por veinte centímetros aproximadamente, se conserva en la National Gallery de Londres,  se titula: “Vaso de agua y rosa sobre bandeja de plata” pintado en 1630, su reproducción en el sitio web es de muy mala calidad, no es posible conformarse con la copia, ni con la realidad virtual, hay cosas que  siglos después existen y dialogan con nosotros. La pantalla, la fotografía digital no son capaces de trasmitir la emoción, una vibración. Ya sé que suena a mística, pedirán que deje la poesía y coja el escalpelo. Lo más increíble es que ésta certeza de existencia la dibujan los objetos más banales, un espacio, la distancia entre los ojos y la superficie de Zurbarán, la brevedad, como si la luz amenazara con apagarse, como si la imagen fuese un soplo.

“Picasso y los maestros”, es la historia de una larga conversación. La historia de la libertad creativa sin reglas de estilo o de mercado. Picasso supo mantenerse en la creación permanente y que su obra fuese un verdadero diario de su vida, de sus interrogantes creativas, de sus frustraciones y sus pasiones de coleccionista. Podemos preferir sus retratos de Olga, bañados de amor, majestuosos, detestar su Dora Maar llorando fragmentada, monstruosa. No permitió la prisión del canon ni que el mercado dictara su aventura. La prueba es éste paseo, de destrucción y reconstrucción constante.

©2009 Maite Díaz

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