La Gran Guerra 14-18, sus objetos y fragmentos

Muséé de la Grande Guerre de Meaux, instruments musicaux
Museo de la Gran Guerra de Meaux                                    © 2012 maite díaz gonzález

En la ciudad de Meaux se puede visitar el Museo de la Gran Guerra. Las colecciones y los temas abarcan la vida en el frente y en la retaguardia. La vida en los pueblos donde las mujeres se convirtieron en indispensables pues aseguraban las tareas de cuidar a la familia junto a las labores del campo y la producción de armamentos y municiones.

Los fragmentos documentales se proyectan en las paredes junto a la reproducción de las trincheras y la reconstrucción de los espacios subterráneos. Recorremos con los documentos la vida de la población civil bajo el ocupante. En un muro leemos una colección de impresos editados por el ejército alemán. En los textos de éstos volantes destinados a los muros de las ciudades y los pequeños pueblos, traducidos del alemán al francés para utilizarlos en versión bilingüe, leemos en detalle las prohibiciones y cómo organizaron el control en las ciudades y pueblos del norte que vivieron bajo el poder militar alemán. Un afiche de la Alcaldía de Epernay, en la región de Champagne se titula: «Llamado a la calma», el texto es un aviso esperando la ocupación. La alcaldía pide control a la población para evitar represalias y conflictos que pudieran poner en peligro la seguridad de todos, respetar la no beligerancia de la población civil, mantener el orden.

Luego, en un espacio dedicado a las mujeres que vivieron en las zonas ocupadas, los datos revelan que la llegada de los alemanes supuso un régimen de trabajo obligatorio. En Lille, entre 1916 y 1918, fueron deportadas 20 000 mujeres, algunas sufrieron violaciones o fueron ejecutadas. Otros pasquines avisan y alertan sobre bienes confiscados, la reglamentación a respetar en referencia a los animales. Fusilamientos y encarcelamientos son la realidad cotidiana en la zona ocupada, escarmientos por no respetar las nuevas imposiciones y restricciones. La alcaldía de Lille informa sobre un nuevo éxodo de menores, los alemanes organizaron evacuaciones hacia Holanda de los niños que tenían entre 6 y 14 años, el final del documento subraya -para los interesados- las fechas y las horas precisando que el tiempo marcado será el de los relojes públicos. Otro documento es una reglamentación que recuerda la guerra maoísta contra los gorriones; el papel ordena la muerte de todas las palomas mensajeras o domésticas, y, avisa, que los que no cumplan, podrán ser castigados severamente. Las palomas que hacían los servicios de correos, fueron los primeros objetivos “militares” para ser eliminados.

Una de las colecciones más sorprendente y de un valor incalculable es la dedicada a recuperar los objetos personales de los soldados. Fragmentos de sus cartas que tras ser escritas eran revisadas por una comisión de censura encargada de borrar las expresiones depresivas sobre la moral de la tropa. Según los cálculos se escribieron más de diez mil millones de cartas. En las salas, además de la reproducción de las trincheras y parte del armamento y de los trajes militares de los diferentes ejércitos, emociona la capacidad creativa que muestra la sensibilidad de aquellos hombres a pesar de las condiciones violentas en medio de la destrucción y la incertidumbre, confrontados a los rigores de la guerra y a las inclemencias del tiempo, con el barro hasta los tobillos; el frío y las ratas como un ejército ocupando las trincheras por centenas, y, en medio de todo éste panorama desolador y angustiante, vemos a los hombres trabajar, imaginar los objetos creados en las largas horas de espera, enterrados en las fosas que fueron los setecientos kilómetros de trincheras cavadas en territorio francés.

Destacan en la colección los objetos utilitarios para alumbrarse y calentarse en las noches de invierno, las lámparas reutilizando los proyectiles en un ensamblaje ingenioso, pero lo más increíble, son los instrumentos musicales creados a partir de los recipientes metálicos de la vajilla guerrera. Mandolinas y pequeñas guitarras para hacer sonar desde un casco de guerra una caja de resonancias con las melodías necesarias para no olvidar la alegría de la vida.

© 2012 Maite Díaz González

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