España en Europa

Toro de Osborne en el sur de Francia

Francia, toro de Osborne a pocos kilómetros de la frontera española © 2011 Maite Díaz

Las primeras noticias de la mañana llevan a España en los titulares. Bruselas prepara el plan de rescate de la cuarta economía de la Unión Europea. El rescate consiste en inyectar al enfermo ochenta mil millones de euros para “sanear” el sector bancario y que España pueda seguir funcionando  dentro de la unión monetaria.

Los periodistas narran la negativa de Mariano Rajoy  tratando de controlar los desgastes políticos, hablaban de un ministro que decía que no vendrían a España los “men in black” de Bruselas. La intervención en éstos términos se traduce como una pérdida de soberanía al situarse el país automáticamente bajo la tutela de la Unión europea como ha sido el caso de Portugal y Grecia.

El orgullo español batalla ahora por impedir lo inevitable. La cuestión a discutir sería que esos millones que “inyectarán” desde Bruselas no vayan directamente al sector privado financiero, es decir, a los bancos, que son los que han promocionado el desastre, porque decir que todos somos responsables suena muy al este en la época de la colectivización. La responsabilidad es colectiva porque incluye al que se ha dado la vida que no podía a golpe de créditos, pero esos dineros los ha prestado con sus tasas variables y sus intereses obscenos, alegremente y para su beneficio la banca española. Entonces, si la tutela es inevitable para no regresar al norte de África, al menos que el gobierno sea responsable y que esos dineros pasen por “su tutela”, es decir,  por su administración y control para tener la certeza que serán utilizados debidamente “bajo tutela” de Europa y del gobierno de España. También para que podamos luego saber a quién hay que exigir responsabilidades.

Los economistas y los financieros sabrán si hay que nacionalizar temporalmente los bancos en quiebra  hasta que el país salga a flote, o si la solución sería la creación de una banca del Estado. O también separar la banca de la especulación de la banca de créditos al consumo indispensable para el funcionamiento administrativo y la regeneración económica. Una banca que arriesgue invirtiendo en los proyectos innovadores, que desarrolle y potencie el desarrollo empresarial y ofrezca medios a los emprendedores.

Qué duda cabe que Alemania ha ganado trabajando, desarrollando una cultura política de transparencia, lucha contra la corrupción en las estructuras de la administración del Estado y en el control fiscal, ahorrando en las finanzas públicas, flexibilizando el mercado de trabajo, apoyando a los innovadores, invirtiendo en la industria de las energías renovables. De su economía y su organización depende hoy el futuro de Europa.

Por otra parte si la Unión Europea es una realidad política y militar, además de económica, el lamento de la pérdida de soberanía es un esquema pre-europeo. No estaría mal la intervención y que alguien venga de fuera con más experiencia y  eficacia a poner orden y a enseñar a gestionar y administrar una economía debidamente. A  Cuba, que fue España con sus virtudes y defectos hasta 1898 la intervinieron los Estados Unidos para tratar de organizar la administración y evitar que siguieran los de segunda y tercera generación dándose porrazos con los de primera o los peninsulares. Y aquí léase las categorías generacionales como denomidador de grupos inmigrantes desde África, por la fuerza, o desde Europa. El interventor, como en Haití, jugó un papel fundamental en la organización y estructura del Estado, aunque la corrupción, que es un mal endémico muy mediterráneo exportado al Caribe, no fue posible erradicarlo ni tampoco controlarlo con eficacia. ¿Y quién duda hoy que el desarrollo y la democracia dependen de una administración justa y eficiente?.

España deberá sacar las conclusiones económicas y políticas pertinentes a ésta gran crisis. Un país con su potencial económico, con sus relaciones históricas y sus ventajas en América es para que fuera una potencia agroindustrial exportadora, esperemos que comenzará por aprender -al fin- de los franceses, los israelíes, suizos o alemanes, a valorar la importancia que tiene éste sector en la economía y las relaciones comerciales, en la pequeña empresa y el desarrollo social del país. Para ello necesitará de una revolución de valores y de conceptos que debe poner en marcha, valores y conceptos europeos, porque la solución a largo plazo no serán las inyecciones de millones.

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