Carta de Oscar Elías Biscet sobre el viaje del Papa

Conscience Against Castro

Cuba tries to silence a dissident ahead of Pope Benedict’s visit.

The Castro brothers have given a homework assignment to Benedict XVI. On Thursday morning, days before the Pope is due to visit Cuba, Havana’s political police delivered a summons to the home of Oscar Elías Biscet, one of the country’s most eloquent dissidents.

A devout Christian, Dr. Biscet has spent most of his days since 1999 in one dungeon or another. He’s been out of prison since …The Wall Street  Journal

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A continuación la carta enviada por Oscar Elías Biscet al periódico The Wall Street Journal, recibida hoy por mail. 

La Habana, Cuba, 20 de marzo de 2012.

The Wall Street Journal

New York, EE.UU.

Distinguidos señores:

La próxima semana el Papa Benedicto XVI vendrá a Cuba en lo que será la primera visita papal a mi país en más de una década. Durante su viaje a esta tierra, Su Santidad tiene pautado reunirse con los dos hermanos Castro y sus subordinados, así como traer un mensaje espiritual al pueblo cubano.

Los retos y oportunidades no pueden ser mayores. El viaje es una oportunidad extraordinaria para que el líder de la Iglesia Católica apoye con sus  considerables influencia y prestigio las demandas del oprimido pueblo cubano en su búsqueda de la libertad y la democracia.

Mi país sigue siendo gobernado por un régimen brutal que oprime a su pueblo y le niega sus derechos y libertades más fundamentales. El régimen es una reliquia de la Guerra Fría y hay muy pocas esperanzas de que se produzca un cambio sin una intensa presión internacional.

Cuba es un estado policiaco. Los agentes del gobierno espían y persiguen a todo aquel que se atreva a defender los derechos humanos. Maltratan y encarcelan a quienes propongan cambios políticos por medios pacíficos. Arrestan y detienen a cubanos por infracciones tan fantasmagóricas como faltar el respeto a los símbolos patrióticos e insultar los símbolos de la patria. Los agentes de la Seguridad del Estado monitorean la vida diaria de los ciudadanos incluyendo nuestros correos ordinarios, nuestros teléfonos y nuestros correos electrónicos. La única prensa legal y el único periódico son editados por la dictadura. Los periodistas independientes que se atreven a discrepar de la propaganda oficial son amenazados y encarcelados.

Las cárceles cubanas son infiernos vivientes donde se producen a diario violaciones flagrantes de los derechos humanos y de la dignidad humana. Yo pase doce años en ese infierno por el supuesto delito de haber cometido crímenes contra la seguridad del estado. El “delito”: Pedirle al estado cubano que respetara los derechos humanos fundamentales de cada ciudadano cubano.

El sistema penitenciario de Cuba viola de manera flagrante los requerimientos mínimos establecidos por las Naciones Unidas.  Durante mis años de reclusión fui testigo de violaciones tales como tener prisioneros por 24 horas con las manos y los pies esposados detrás de la espalda, desnudados en grupos sin la  más mínima consideración por la modestia humana, torturados física y psicológicamente con pistolas eléctricas, matados a palos por pedir atención médica y mantenidos durante meses en celdas sin ventilación, luz exterior,  baños o agua potable.

Cualquier prisionero que se atreva a pedir un trato humanitario se arriesga a perder la vida. Yo fui testigo de uno de esos caso que tuvo lugar en el año 2010 en el segundo piso de la prisión del Combinado de Este en La Habana. Un joven que sufría de dos condiciones médicas crónicas–asma y problemas cardiacos relacionados con patología de las válvulas–fue matado a palos cuando se quejó de que no le habían proporcionado atención médica. Durante mis años de encarcelamiento, tres presos trataron de darme muerte en diferentes ocasiones. Dos de ellos me dijeron más tarde que funcionarios militares les había dado órdenes de asesinarme.

Sigo siendo testigo de los castigos que el régimen propina a cualquiera que trate de ofrecer soluciones alternativas. En mi caso, la persecución comenzó en 1998 cuando, mientras ofrecía una conferencia sobre el derecho a la vida, fui atacado y sacado con violencia del recinto por un turba a las órdenes del Partido Comunista. Desde ese momento, se me ha negado la facultad de ejercer la medicina.

Mi mujer y mi hijo han sido amenazados de muerte y fueron objeto de presiones para que me abandonaran. Se nos ha expulsado de nuestra vivienda. Y he sufrido la fractura de un pie como consecuencia de una pateadura que me fue propinada por agentes de la seguridad del estado.

Sin embargo, todavía hay miles de cubanos valientes que se enfrentan a los hermanos Castro y demandan sus derechos básicos, aún corriendo el riesgo de ser torturados y asesinados. Nuestra filas de la oposición están creciendo, pero necesitamos la solidaridad y la asistencia de la comunidad internacional.

La Primavera Árabe es solamente la última prueba de que es posible lograr un verdadero cambio democrático impulsado por el pueblo. En los últimos años hemos visto a movimientos pacíficos y democráticos tener éxito tanto en la América Latina como en países del antiguo bloque soviético. En la mayor parte de los casos, su advenimiento ha traído consigo libertad, prosperidad y reconciliación nacional. Nosotros podemos lograr los mismos resultados en
Cuba y construir un país libre y soberano para todos sus hijos.

Por su parte, la comunidad internacional tiene la responsabilidad de proporcionar la atención y los recursos diplomáticos de los que carecemos quienes luchamos dentro del país.

La importancia de la visita del Papa reside en que la Iglesia Católica ha desempeñado en el pasado un papel destacado en la expansión y la protección de las libertades en Cuba. Mi liberación de la cárcel, al igual que la de otros opositores, fue negociada principalmente por la Iglesia Católica.

Quienes trabajamos por una Cuba libre, tenemos demandas muy básicas: libertad de expresión, libertad de asociación y de reunión, elecciones libres y multipartidistas y un país donde las personas no tengan que exiliarse jamás a causa de sus convicciones políticas.

La visita del Papa Benedicto XVI representa una oportunidad única para que  el pueblo de Cuba ejerza presión sobre sus tiranos y los obligue a celebrar elecciones. Unas elecciones donde todos los cubanos podamos unirnos con los demás  pueblos libres y democráticos del mundo. Le pido a su Santidad que ponga especial atención a esta idea para que se produzca un cambio rápido hacia un país donde todos podamos vivir en libertad. Rezo por el éxito de su gestión.A Cuban’s Prayer for Pope Benedict

What will the Castro brothers hear during the first papal visit in over a decade?

By OSCAR BISCET 

WSJ OPINION March 20, 2012, 6:48 p.m. ET

Havana, Cuba

Next week, Pope Benedict XVI is coming here to Cuba, marking the first papal visit to my country in over a decade. During the planned three-day trip, His Holiness is set to meet with both Castro brothers and their subordinates, and to bring his spiritual message to the Cuban people.

The stakes couldn’t be higher. This trip is a unique opportunity for the leader of the Catholic Church to leverage his considerable prestige and influence to support the oppressed and help the Cuban people claim our liberty and establish democracy.

My country continues to be run by a brutal regime that oppresses the people, systematically violating our basic freedoms. That regime is a relic of the Cold War, and there’s little hope for change without substantial international pressure.

Cuba is a police state. Government agents spy on and harass anyone advocating for human rights. They beat and imprison anyone seeking peaceful political change. They arbitrarily arrest and detain Cubans for Orwellian infractions like “disrespecting patriotic symbols” and “insulting symbols of the fatherland.”

Cuban state security closely monitors citizens’ daily life, including all of our incoming mail, telephone calls and emails. The only legal press and the only newspaper are run by the dictatorship. Independent journalists who seek to challenge state propaganda are threatened and jailed.

Cuban jails are living hells in which flagrant violations of human dignity occur daily. I’ve spent over 12 years incarcerated, most recently for “crimes against state security”—that is, asking the Cuban state to respect the fundamental human rights of every Cuban citizen.

The prison system in Cuba flagrantly violates the minimum requirements for prisoner care established by the United Nations. During my years in prison, I personally witnessed prisoners left for 12-24 hours with their hands and feet handcuffed behind their backs, stripped naked in groups without any regard for human modesty, tortured physically and psychologically with tasers, beaten to death for requesting basic medical attention, and kept for months in cells without ventilation, natural light, drinkable water or restroom facilities.

If prisoners attempt to push for better treatment, they risk death. In one case in 2010, on the second floor of the Combinado del Este prison in Havana, a young prisoner who suffered from two chronic medical conditions—asthma and cardiac problems related to valve pathologies—was beaten and died after complaining that he was not allowed to see a doctor. While I was imprisoned, three prisoners tried to assassinate me on different occasions. Two of them later told me that they had been hired to do so by military officials.

I continue to witness the personal ruin that the regime inflicts on anyone who offers an alternative voice. For me, the harassment started in 1998 when, while giving a conference at a hospital on the right to life, I was violently attacked and expelled by a mob dispatched by the Communist Party. Since then, I’ve been denied the ability to practice medicine.

My wife and son have had their lives threatened and have been pressured to abandon me. We have been evicted from our house. I had my right foot fractured from a beating by state police.

Yet there are still thousands of brave Cubans standing up to the Castro brothers and demanding their basic rights, even under threat of torture and death. Our ranks are growing. But we need the help of the international community.

The Arab Spring is simply the latest demonstration that organic, people-driven democratic change is possible. In past years we have seen peaceful, democratic movements succeed in the rest of Latin America and in the former Soviet bloc. In most places, their advent has brought freedom, national reconciliation and prosperity. We can achieve the same results in Cuba, and we will do just that—building a Cuba where the people are free and sovereign.

The international community, for its part, has the responsibility to provide the attention and diplomatic resources that the movement can’t muster from here.

The Pope’s visit is important because the Catholic Church has played a crucial role in expanding and protecting Cuban freedoms in the past. My own most recent release from prison, along with that of other dissidents, was chiefly negotiated by the Catholic Church.

For those of us desiring a free Cuba, our demands are simple: free speech, freedom of association and assembly, free and fair multiparty elections, and a country from which no person will ever again be exiled for political beliefs.

Pope Benedict’s visit represents a unique opportunity for the Cuban people to pressure their tyrants to hold elections in which all Cubans can unite with the free and democratic countries of the world. I ask Pope Benedict to focus on this idea so that there can be rapid change in my country, and so we can live in freedom. I pray that he will succeed.

Dr. Biscet, a physician, is president of the Lawton Foundation for Human Rights. While in prison in 2007, he was awarded the Presidential Medal of Freedom by President George W. Bush.

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Dr. Oscar Elías Biscet

Presidente de la Fundación Lawton de Derechos Humanos

Medalla Presidencial de la Libertad

lawtonfoundation@lawtonfoundation.com

www.lawtonfoundation.com

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