París, Salón Internacional de la Agricultura

Llegamos a la Puerta de Versailles después de atravesar la ciudad de norte a sur en media hora. “La ciudad automática.”La luz baja y la grisalla de los últimos días de invierno contrasta con la gran imagen gráfica de la entrada que muestra un cielo azul, hierba fresca y la fotografía de una vaca gasconne que recibe simpática. La entrada para los adultos cuesta doce euros, seis la de los menores de doce años y es gratuita para los menores de seis. El público numeroso para visitar la grande ferme en la ciudad de París es mayoritariamente familiar, abuelos con los nietos pequeños, padres de vacaciones o en paro, muchos niños y adolescentes y también matrimonios mayores ya retirados. El espacio inmenso de exposiciones está dedicado al Salón Internacional de la Agricultura que en paralelo va dictando el ritmo de la campaña presidencial en cuanto a los compromisos de los políticos, la competitividad entre ellos y sus programas en los asuntos referidos a los agricultores, su bienestar, la tierra y su productividad.

bien_faite_charolaise_maite_diaz_gonzalez_prix_2012

 Bien-faite, charolaise, ganadora de un premio en el Salón de la Agricultura 2012


El Salón es una vieja tradición francesa que remonta al siglo XIX con la creación del Concurso General Agrícola que se celebraba en Poissy desde 1844. Este primer concurso tiene sus orígenes en “los comicios agrícolas” que comenzaron a establecerse en el siglo XVIII y que consistían en reunir los esfuerzos de “las asociaciones privadas de productores y agricultores que tenían como objetivo el desarrollo del progreso técnico de la agricultura mediante subvenciones, concursos, difusión de conocimientos y técnicas”. También la experiencia de Voltaire en la transformación próspera de Ferney ha sido un ejemplo para lo que los franceses llaman civilizadamente l’aménagement du territoire. En el siglo XX el salón comienza a celebrarse a partir de 1925 en la sede actual de la Porte de Versailles. La versión contemporánea comienza en 1964 y en paralelo se realiza el Concurso General Agrícola que premia los mejores animales reproductores y los mejores productos y vinos franceses rigurosamente seleccionados.


A la salida del metro y a dos pasos de la entrada al Salón, lo primero que encontramos fue a dos jóvenes del Front National repartiendo el programa agrícola de la candidata de la extrema derecha. En un folio blanco impreso en azul, el texto comienza atacando directamente a Sarokzy. Enumera lo que considera las derivas de la política agrícola francesa complaciente con los dictados de “los tecnócratas de Bruselas”. Las cifras de Le Pen recogen unas estadísticas negativas; según éstas, Francia ha perdido un cuarto de sus explotaciones agrícolas en diez años y  los agricultores trabajan más de sesenta horas a la semana por menos del salario mínimo. El costo social de la crisis es también el aumento de suicidios, según éstas informaciones. Para la extrema derecha la Política Agrícola Común (PAC) es “la sumisión a los dogmas ultraliberales de la Unión Europea”. Las soluciones para Le Pen son, entre otras: “Achetons français” que, “obligaría a las administraciones, cantinas escolares y colectividades territoriales a invertir en los productos franceses de la industria agroalimentaria”. “Eliminar la burocracia que exige un papeleo innecesario y la lucha contra los acuerdos entre las centrales de compra y las grandes distribuciones” que son las cadenas de supermercados.


Leyendo la propaganda de Le Pen pensé en el discurso de Sarkozy en el Salón de los emprendedores el 2 de febrero, allí, se refirió sobre todo al sector industrial y a la creación empresarial como fuente de empleo explicando que económicamente no se puede pensar que el sector público sea la solución para luchar contra el desempleo.
En referencia a la producción y la protección del poder de compra como acción dinámica para el crecimiento de la economía, Sarkozy, como buen liberal, resumió que su divisa sería “Acheter produit en France” porque ésto animaría también a los inversores extranjeros a pensar en Francia como país para invertir.
En el Salón leí un tabloide de información de la FNSEA, la Federación nacional de sindicatos agrícolas, un especial presidenciales 2012 reuniendo a todos los que pueden tomar decisiones, incluyendo las palabras de todos los políticos en las breves de la última página para  devolver el dinamismo a las empresas agrícolas que han sufrido en los últimos años los cambios en la producción y las relaciones comerciales internacionales. Une chance pour la France es el título optimista, y prosigue Xavier Beulin presidente de la asociación: “no hay tiempo que perder, la tierra es buena, las competencias existen, los savoir-faire para volver a ser los primeros en las producciones, en la seguridad alimentaria y en el impulso de la innovación para el desarrollo. La política tiene sentido solo cuando tomamos la buena dirección”. Unas palabras para resituar el debate de la crisis y la posición del Hombre en la sociedad, un discurso constructivo sin insultar a nadie ni tomar a ningún político como “bouc emissaire” (chivo expiatorio) En las breves de la página final se recogen los fragmentos de las propuestas de cada representante de las diferentes agrupaciones políticas que  se presentan a las elecciones y que han visitado el Salón.


A la entrada estuvimos viendo las animaciones para los niños en la zona dedicada a la producción avícola. La empresa encargada había instalado varias incubadoras y huevos en fase de eclosión. Los niños estaban fascinados con los pollitos recién nacidos después de cascar la protección pacientemente, tan pequeñitos son autónomos e independientes. Todo ésto lo explicaban los animadores, los pollitos desde que nacen saben caminar y alimentarse solos. La precocidad sorprendente para terminar devorados asados o hechos nuggets en una prensa industrial. Sobre nuestras cabezas, colgaba suspendido un recipiente circular enorme y transparente lleno de centenas de huevos como señalización y reclamo publicitario.


Al salir de éste espacio avanzamos hacia el centro y en medio de uno de los paseos amplios vimos un enjambre mediático como una araña inmensa, parecía que una escultura de Louise Bourgeois se había invitado a la feria. Una araña con patas altas en forma de micrófonos enormes, unas pértigas verticales con zeppelines colgando y rematadas a la horizontal por los periodistas cámara de televisión al hombro. El hombre con los artilugios digitales profesionales de la comunicación se convierte en un insecto. Un señor de traje dirigía el recorrido y como un flautista de Hamelín los desplazaba en el tablero. Escuchábamos a los visitantes muy discretos: Sera Hollande? On voit rien…Il est trop petit ! (No vemos nada…Es muy bajito);  era imposible ver quién estaba en medio de aquel muro circular. El anillo de la prensa se movía más protector que los cordones efectivos de la seguridad personal del candidato. Nos pasó justo delante, nos quedamos sin movernos y tampoco lo vimos. En general criticamos a los políticos sin conocer exactamente la dureza de su trabajo y lo que tienen que aguantar en ocasiones injustamente. La prensa muchas veces se ensaña en caricaturizar y ridiculizar con temas como pueden ser el físico o la vida privada que no aporta nada que no sea frivolidad. Un término medio entre el control de los equipos de comunicación y el acceso o el asedio de la prensa seguro es posible.


La atracción principal del Salón son los animales de cría, la gran variedad reunida de especies de vacas, ovejas, cabras, cerdos y aves de corral. Las vacas Charolaises se habían llevado todos los premios. Las ganadoras son decoradas con una cinta larga de la bandera francesa que las recorre desde el rabo hasta la cabeza rodeando el vientre y cerrándose en un gran lazo en el lomo. Un detalle kitsch simpático y patriótico, la cinta abanderada de las miss ciñendo el cuerpo poderoso del animal. Luego en su pequeño espacio cuelgan junto a la ficha técnica de cada ejemplar las chapas metálicas con los premios al mejor porte y hechura. Las vacas rumian todo el rato y permanecen acostadas, atadas con el narigón en su hocico y con esa mirada suave, inocente y mansa de la resignación.


La vista del Salón desde la escalera mecánica ascendente es como una mise en scène bíblica que recuerda la teatralidad de aquellos pesebres de la infancia, un gabinete de curiosidades grandeur nature, o las granjitas que diseñábamos en las habitaciones de la ciudad como suplemento a la melancolía del campo y la esquizofrenia de no saber exactamente qué nos comemos en casa o en el restaurante, y muchos me dirán, ni falta que hace. La exposición muestra también la relación de la reproducción, la madre y las crías, una cerda enorme amamantando a sus cerditos traviesos y juguetones. La vaca, el toro y el ternero nacido allí entre la paja amarilla y el cemento, un ternero parisino atontado que el veterinario estuvo estimulando pues estaba agotado de tanto visitante y falta de aire puro. Las ovejas de lanas espesas y pétreas, sofocadas y dóciles a las caricias. Y lo más asombroso, la invención y la producción de una gran variedad de quesos de cabra, vaca y oveja. Las sutilezas del Roquefort en sus variantes de curación. Los embutidos de cerdo del Aveyron con avellanas, nueces o granos de pimientas diversas, y los jamones vascos franceses de Oteiza y sus competidores españoles e italianos presentados ambos con menos glamour.



En la zona de exposición sobre “las delicias del Mundo” destacaba por su limpieza y pureza de diseño el stand japonés, los productos a la venta son promocionados con un plegable y un librillo de recetas de cocina. El stand suizo muestra el carácter conservador y sus hombres rosados vestidos con trajes tradicionales, sus raclettes y sus fondues olorosas a quesos como el Beaufort o el Comté y el aroma ácido del vino blanco recalentado. Los italianos exhibían sus enormes parmesanos y los chocolates en tabletas brutas; los catalanes sus charcuterías y los turrones excelentes d’Agramunt de Lleida.


Los pequeños restaurantes de la feria estaban llenos. En general, los franceses son de espíritu curioso para degustar y aceptar otros productos o culturas culinarias. Es el caso del éxito de la cocina japonesa y china cuyos productos y procesos ganan cada vez más adeptos.Una cultura abierta que resume el valor que tienen la tradición y la innovación, junto a la importancia de los intercambios, los mercados y el comercio para el progreso y el desarrollo económico del país.

© 2012 Maite Díaz González
Anuncios