Václav Havel, el presidente filósofo (1936-2011)

Led Zeppelin, Stairway to Heaven

Vaclav HavelVaclav Havel falleció en Praga a los setenta y cinco años el 18 de diciembre. Se ha marchado con la tranquilidad de los sabios. El presidente filósofo, el hombre que siempre prefirió el teatro a la vida política pero que fue presidente durante diez años de la República checa. Con su humor inteligente y su sentido de la libertad ha dejado escrito que ésta noche después de su entierro suene un concierto de rock, la música que estuvo prohibida durante décadas por las dictaduras comunistas.

Kansas, Dust in the Wind

La ceremonia en Praga ha reunido a varios  políticos europeos, Sarkozy y Cameron, desde Estados Unidos Hilary Clinton, Bill Clinton y Madeleine Allbright nacida en Praga en 1937 y refugiada en Estados Unidos huyendo del nazismo. Lech Walesa su compañero de lucha contra la dictadura soviética en Polonia también se ha desplazado para rendir homenaje al escritor resistente, al hombre que la censura y la represión no pudieron doblegar. La disidencia como el camino natural de una sensibilidad tocada por los eventos mayores de la historia europea, la vivencia de los dos totalitarismos, el fascismo y la guerra, sustituídos por el comunismo y la represión.

En su país y en Europa fue un intelectual respetado y un hombre decisivo en el derrocamiento de la dictadura del partido comunista en Checoslovaquia, un mes después de la caída del Muro de Berlín en 1989. Decisivo por lo que escribió y por su trabajo intelectual al servicio de la libertad. La honestidad, la resistencia, su deseo de no abandonar el país y la coherencia con unas ideas y unos valores lo llevaron a la cárcel en varias ocasiones y a convertirse en un disidente que promovió  la Carta de los 77 y la Revolución de terciopelo que devolvió la democracia a su país.

El recorrido de la vida de un europeo como resumen del convulso siglo XX, entre las tiranías más feroces: el fascismo y el comunismo. Cuando terminó la II Guerra mundial su familia fue acusada de colaboración con los nazis, perdieron todos sus bienes y fueron obligados a trabajar en una fábrica. Luego Havel no pudo estudiar en la Universidad y hubo de buscarse la vida y estudiar por la noche. Preocupado por conquistar un prestigio ganado con su esfuerzo trabajó en una fábrica de cervezas para poder sostenerse económicamente siendo un hombre de origen burgués y perteneciente a una familia de comerciantes y proprietarios de Praga.

Su vida como escritor y dramaturgo estuvo marcada por el compromiso político frente a la dictadura totalitaria que en Checoslovaquia tuvo un momento atroz con la invasión de las tropas soviéticas durante la Primavera de 1968. El mismo año de la Ofensiva revolucionaria en Cuba que terminó con la poca  libertad empresarial que había sobrevivido a la Revolución. Los checos, desde los años cincuenta, a pesar de la represión y el control lograron mantener una cierta independencia que había renacido después del deshielo provocado por la muerte de Stalin.

En Cuba a partir de 1985 la esperanza en la perestroika y la glasnost nos hizo lectores de Novedades de Moscú, aquel diario soviético, gris, que de pronto en La Habana se convirtió en subversivo. La pobreza, la falta de tradiciones y el control político de todas las imprentas en Cuba no ha permitido realizar publicaciones clandestinas como sucedió en París bajo la doble dictadura de la Gestapo y la policía de Vichy. En aquella época se imprimían los periódicos de la resistencia que se vendían en las narices de los nazis en Lyon o París. La prensa en la Europa alfabetizada y de tradición democrática y liberal fue un elemento importante para organizarse y mantener las ideas y la fuerza de la resistencia. En Praga, en Varsovia también la red independiente, las imprentas fueron indispensables en el desarrollo de la cultura política.

La Praga independiente de Havel, la del 68, nos llegó veinte años después pasando por París. Kundera y La insoportable levedad del ser, la narración amorosa y la represión comunista con un paisaje político de fondo como un juego de espejos inquietante. La sexualidad en el comunismo como espacio de libertad. La enajenación de las relaciones humanas. Irse, la historia se repetía con los tanques y las nieves de Praga, casi todo el mundo quería salir un tiempo o marcharse definitivamente del paraíso. Respirar. La literatura como constatación terrible de la realidad, no había diferencias,  para muchos checos también la vida estaba en otra parte. Llegaron las fotos de Koudelka en los periódicos y las revistas, aquellas imágenes violentas de las calles de  Praga destrozadas por los tanques soviéticos que he vuelto a ver en París.

La portada de la edición española de la novela de Kundera estaba resuelta con una obra “surrealista” de Max Ernst. Una mujer desnuda, sola, flotando y sin cabeza sobre un muro. El naufragio y la deriva. La fuerza y la fragilidad de las mujeres. El territorio es el cuerpo y la provocación o la libertad son posibles desde la intimidad de ese espacio. La barbarie de la mezcla del machismo y el comunismo en países convertidos en sociedades cerradas, alienantes y asfixiantes. Extrapolable ésta realidad a Rusia, Rumania o Cuba donde las mujeres en el post-comunismo son propuestas como mercancía sexual.

La anulación de la expresión política por parte del Estado totalitario permite que todo acto individual, desde el más íntimo, pueda tener un contenido y un sentido político.

Desde ésta idea de Vaclav Havel en la que el totalitarismo usurpa el espacio político podría explicarse la fuerza de los movimientos como las Damas de Blanco y las asociaciones que luchan por los derechos civiles de las mujeres, contra el racismo o la discriminación de gays y lesbianas en Cuba.

Veinte años después de la Primavera de Praga y tras unos años de glasnost en Moscú,  la Revolución de terciopelo  llegó a La Habana de 1989 con filtros y sordina, la Casa de la cultura checa comenzó a parecerse a las tiendas desahuciadas del centro comercial de la ciudad, desaparecieron los libros y los discos y terminó cerrando sus puertas. Vaclav Havel no era políticamente correcto con sus discursos luminosos y trascendentes sobre los valores, las libertades o el sentido de la existencia y el horror de la represión y cómo vencerla. Cuba se preparaba para la implosión y el cierre total.  En 1989, en La Habana, el terciopelo checo para nosotros fue una mortaja verde olivo, fusilaron a Ochoa y a los altos cargos del Ministerio del Interior acusados de narcotráfico y así vimos levantarse aquel segundo muro durante el verano.

A falta de información en los medios oficiales que se dedicaban a desinformar, teníamos que componer un collage de la realidad con la información que nos llegaba por las emisoras de radio y los amigos españoles y cubanos que también vivían con asombro aquellos acontecimientos en Europa.

Fidel Castro no aceptó la nueva realidad europea que llegó con el fin del imperio soviético y la debacle comunista. Se dedicó a criticar el proceso de cambios que había comenzado Gorbachov en 1985. Acusó a los checos y a los polacos de mercenarios del imperio y vaticinó las siete plagas sobre Praga, Varsovia y Budapest. Así debimos aceptar que vivíamos el comunismo como un estado místico, una negación de la realidad y en la versión de los políticos pragmáticos comunistas un  ejercicio de cinismo.

Havel fue un intelectual de una calidad humana excepcional, se preocupó por la liberación de los prisioneros de conciencia cubanos y por el regreso de la libertad y la democracia a Cuba. Un hombre con un sentido del humor inteligente, pero sobre todo con algo más importante que caer simpático, fue un hombre con sentido de realidad:

En el umbral de un nuevo milenio, los bienes  más preciosos a defender y en lo que todos debemos estar de acuerdo independientemente de los sistemas y de los países en que vivamos son las cualidades humanas y los valores fundamentales. Y, en primer lugar, la humildad.

Muchos acontecimientos crueles que hemos vivido
en el siglo XX, como el nazismo, el estalinismo o, por ejemplo, los excesos de Pol Pot, son la muestra del orgullo, la arrogancia de grupos o de individuos, fanáticos o no fanáticos, ideólogos, doctrinarios y utopistas. El orgullo de aquellos que piensan saber cómo deben ser las cosas, que creen poder decidir el orden de las cosas.

Y cuando la realidad no se ajusta a sus teorías, son entonces las teorías las que ellos imponen para desembocar en los campos, las masacres y las guerras más atroces.

Ésta falta de humildad se encuentra sobre todo en el dominio estrictamente político. En la base de la crisis ecológica del mundo, todavía encontramos el orgullo del hombre que impone a la naturaleza su voluntad, sin respetar sus leyes, sus secretos.

Mantengamos el sentido de la libertad, de la dignidad y de la justicia. Y seamos más modestos.

Vaclav Havel, 1989

Revista El Correo de la Unesco

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