La obsesión norteamericana del periodismo y las élites cubanas

En paralelo a éstos hechos de protestas en las calles de La Habana, las élites revolucionarias y comunistas se han reunido en éstos días para hablar de redes sociales y control de la información en el espacio digital. La ciberguerra llaman al fenómeno de internet poniendo al día el viejo concepto de propaganda anticapitalista y también antinorteamericana en relación a la guerra y la invasión inminente, ese miedo que han tratado de mantener vivo y que dura ya medio siglo. El hombre del saco llega ahora luminoso, invisible y veloz por las autopistas de la información. Y hay que estar alerta, con la guardia en alto. Los conceptos del diversionismo ideológico de mi época de estudiante, cuando escuchábamos adolescentes solo música norteamericana han quedado anticuados. Recuerdo a un moscovita de visita en casa en los años setenta alucinado y feliz con una vieja radio alemana con varias bandas y todas las estaciones en fm que logré sintonizar a pesar de las interferencias. Escuchábamos los hit-parade de fin de año y escribíamos las listas, intercambiábamos las letras de las canciones, era la primera experiencia de lo prohibido relacionado a lo extranjero  que obligaba a una especie de clandestinaje de lo más excitante.

Los textos que he leído sobre el evento todos hablan de Occidente, de los indignados contra Wall Street, de las elecciones españolas, con el cinismo de criticar “el bipartidismo español”. Oh !el bipartidismo malo capitalista, el partido único es el de la superioridad moral. Los escritos versan sobre los grandes monopolios de la información occidental, los okupas en NY, los indignados y es comprensible que la escenografía de los rascacielos de la isla de Manhattan siga siendo tan seductora pero lo sorprendente es que no hay ni una sola palabra, ni una sola referencia a las redes sociales y las tecnologías de la información en los fenómenos revolucionarios recientes de la Primavera árabe en Egipto, Túnez, Libia o Siria. Ni una sola mención. Es increíble la obsesión americana y newyorquina. El despiste de la razón y lo que las personas preocupadas por la objetividad llaman el pensamiento crítico, porque si hay algo parecido o semejante al fenómeno político cubano o venezolano son las dictaduras militares árabes que han ido cayendo una a una durante éste año.

La tecnología digital y la comunicación en la red es democrática en esencia. Internet se basa en intercambiar y compartir conocimientos e información respetando unas normas y unos derechos. Al menos sabemos con seguridad y por experiencia que gracias a las redes sociales la represión militar ya no es posible impunemente. Con el desarrollo tecnológico que propicia “el imperio” cada ciudadano se ha dotado de una herramienta con la que puede comunicar y denunciar. El desarrollo tecnológico ha ofrecido a la democracia herramientas y softwares libres, algunos gratuitos como los blogs que son plataformas de edición online que pueden funcionar como elementos de control democrático denunciando la impunidad y los desmanes de las dictaduras, esa es la gran innovación política de las nuevas tecnologías del siglo XXI y su incidencia en la gestión de la democracia. Y éstas estructuras y herramientas han sido desarrolladas en una sociedad libre y democrática como la norteamericana.

Los periodistas oficiales del régimen evocan fenómenos de movilización social en el primer mundo y he leído en el foro que “hay que tomar la Bastilla”, así dicen los jacobinos de salón internacional apoltronados en sus butacas, utilizando un razonamiento metáforico desde la posición de víctimas de los medios de información de lo que llaman “el imperio”. Hay que tomar los grandes imperios de la información, es ésta la consigna del foro de éstos aguerridos periodistas pero de democratizar la prensa cubana no he leido nada. Nadie se ha preguntado ¿de quién ha sido víctima la ciudadanía cubana desinformada durante medio siglo? A cuál imperio pueden dirigirse a pedir cuentas, cuál es el emporio armado de mediocridad que ha tenido en sus manos los periódicos, las editoriales y la edición de noticias en la prensa cubana durante los últimos cincuenta años.

Si “el imperio” malo, Obama personalmente, ofreció el cable para la conexión hace tres años y el Estado cubano no lo aceptó, cuál es la demagogia y la propaganda apocalíptica de todo éste discurso armamentista digital, que sigue una lógica defensiva y habla solo de armarse, de defenderse frente a un enemigo que ha ido transformando el discurso demagógico y haciendo caer las máscaras de la farsa una a una. No se sienten con responsabilidad en el desastre político y cultural que ha significado medio siglo sin libertad de prensa en la isla. ¿A qué versión de los hechos de la Revolución francesa se refieren y cuál es el análisis sociológico de la realidad cubana y de la situación de la prensa genuflexa a un poder dictatorial cuando dicen: “hay que tomar la Bastilla”?

Es evidente que la Bastilla a tomar está en Cuba y que más le valdría a Maria Antonieta y a Luis ir poniendo las enaguas en remojo porque son otros quiénes van a tomarla, con pancartas, cazuelas, gritos de libertad y hartos de la miseria, sin internet, sin teléfonos y sin ordenadores.

La movilización en Egipto durante la Primavera árabe se hizo a pie de calle. Las redes sociales fueron una herramienta de organización para una élite que comunicaba sobre todo con el exterior. Los egipcios enviaban las noticias directamente a las grandes empresas de la información para su distribución. Las imágenes de la violencia de la policía de Mubarak, de los asesinatos en la calle llegaban al “imperio”, en Londres y fueron empresas como la BBC y Sky News quiénes mantuvieron el hilo informativo de los acontecimientos que relataron los ciudadanos egipcios, en directo con sus teléfonos móviles. A los ciudadanos los reunió la injusticia, el hambre, la desesperación, la desesperanza, el hartazgo y la acción de la sociedad civil que trabajó activamente para movilizar a los centenares de personas que se reunieron para expresar su descontento y exigir a la dictadura militar un cambio político, desde la indignación civil y la acampada en la plaza.

Los periodistas cubanos son teóricos de las citas, los ramilletes de Chomsky y Saramago con las que tratan de explicar y legitimar la dictadura o esconder la incompetencia profesional. Se olvidan de la práctica, pero sobre todo de su realidad próxima que retumba en las calles y en los barrios privados de los mínimos para vivir dignamente, porque el periodismo en Cuba no se ocupa de los hechos, está destinado a la ciberguerra ideológica de la propaganda.

La experiencia histórica contemporánea tiene escenarios más recientes y próximos a la realidad cubana en las revoluciones árabes.

El análisis de éstos procesos revolucionarios está ligado al fenómeno de libertad que significa la revolución digital y la libertad de expresión en internet.

Estas realidades y éstos hechos recientes pueden ilustrar lo que ha significado en el siglo XXI el desarrollo de la innovación en la tecnología y en la creación de las redes sociales y de las estructuras de edición gratuitas o de costos mínimos como WordPress o Blogger, o las redes sociales facebook o twitter que son espacios más utilizados para organizar reuniones o eventos.

No se puede obviar el valor de éstas herramientas digitales en la democratización de los procesos sociales guiados por el afán de recobrar los derechos y libertades ciudadanos en los países pobres y bajo dictaduras militares. Pero para explicar ésta semejanza política entre Cuba, Libia y Egipto haría falta que el periodismo de coraje y honestidad que realizan los periodistas independientes, los activistas por los derechos civiles y los bloggers en Cuba saliera del ostracismo y la invisibilidad a que les condena éste periodismo de salón y de eventos internacionales de propaganda.

© 2011 Maite Díaz González

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