Rafael Rojas sobre Marx, Martí y la Cuba del siglo XXI

Rafael Rojas, hoy, en EL PAÍS, analiza la ideología de Estado impuesta por decreto constitucional en Cuba. Rojas dibuja el mapa de una geografía ideológica caprichosa desde el pensamiento de Marx y Martí que son las fuentes que reivindican los inmovilistas y sectarios ideólogos anquilosados en el pensamiento decimonónico para explicar  y organizar la sociedad compleja del S XXI. No es que todo sea desechable, es que lógicamente ha pasado el tiempo, más de un siglo, y el mundo ha cambiado y los pensadores actuales cuentan con el análisis y la perspectiva de la experiencia histórica de muchas de las ideas políticas marxistas-leninistas que fueron llevadas a la práctica. Rojas aplica el método científico que en Cuba han olvidado y ofrece la posibilidad de la  bibliografía de pensadores actuales indispensable para vivir al ritmo de los tiempos, como lo hicieron en el suyo Martí y Marx. De su magnífico artículo, como resumen, podemos decir que enuncia la necesidad de un debate sobre la Constitución como columna vertebral de la República libre y justa que necesitamos.

Fragmento del artículo de Rafael Rojas en EL PAÍS:

“Tan curioso es que esta síntesis imposible de Marx y Martí haya producido una vastísima literatura política de pésima calidad y escaso rigor, en las instituciones culturales de la isla, como que la misma pase de largo sobre el punto de posible convergencia entre el alemán y el cubano. Me refiero a lo que, desde distintas cosmovisiones, compartieron el comunismo y el republicanismo del siglo XIX, esto es, una idea homogénea de la comunidad en la que el ciudadano no posee más identidad que la que le asegura la igualdad de derechos. Marx imaginó una sociedad sin diferencias de clases, compuesta por individuos libres y asociados; Martí, una república con “todos y para el bien de todos”, en la que la condición de ciudadano no estaría determinada por identidades raciales, religiosas o sociales, sino por la dotación universal de derechos.

Marx y Martí fueron animales públicos de la modernidad, que defendieron la libertad de expresión y asociación, la abolición de la esclavitud, la igualdad social y la separación de la Iglesia y el Estado. En esa vocación moderna, uno y otro siguen siendo contemporáneos imprescindibles. Pero en la proyección de ciudadanías homogéneas, ambos parecen afincarse en un tiempo ajeno al de las comunidades multiculturales del siglo XXI.”

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