Cuba y la pedagogía de la desinformación

En Cuba siguen inventando y experimentando en temas de educación. El Laboratorio se anima, siempre hay nuevas generaciones de cobayas y el sistema educativo estructurado a semejanza del régimen es imposible de sostener. Ahora han decidido que los estudiantes regresan a la ciudad. Hay gente feliz por ver de nuevo a los jóvenes por las calles. Gente que no se cuestiona por qué durante veinte años fue obligatorio tener que marcharse al campo para realizar estudios secundarios y preuniversitarios durante el período especial. ¿Para qué el Estado diseñó esa estructura educativa lejos de los padres y de los amigos y vecinos del barrio? ¿Cuál ha sido el impacto de ésta decisión en el desarrollo y la cohesión de la sociedad civil?
La educación ha estado basada en una ideología que llegó a ocuparlo todo y a negar todo lo que no coincidiera con su dogma. La cartilla de racionamiento ha sido un manual efectivo, un instrumento de domesticación, de reducción, sobre todo, porque ha sido el documento que ha administrado desde la miseria las libertades cotidianas más elementales durante decenios y generaciones.

En el último medio siglo hemos sido millones de conejillos de Indias en las más diversas experiencias en paralelo a la instrucción. Desde el obligatorio servicio de preparación militar, al melodrama revolucionario y antimperialista con el culto a los mártires y al sacrificio, hasta los aquelarres y las concentraciones políticas desde la escuela a la Plaza para escuchar al líder. Este efecto ya no es posible porque el líder no está en condiciones para sus performances multitudinarios, y por suerte, se ha encargado de no formar sustituto. Pero ha generado una cultura política y estética. Y reducido la idea y el ejercicio de la democracia. Solo hay que viajar por las ruinas de la ciudad o en un tren y ver a la gente. Desolada y resignada. Lo he hecho hace unas semanas desde las imágenes de un documental con un periodista francés que recorre La Habana y se monta en un tren y viaja hacia Santiago de Cuba. Un tren reciclado que hacía antes el recorrido París-Lille-Amsterdam y ahora atraviesa la isla con todas las consignas de seguridad en francés y los mapas del hexágono en los vagones como la ironía más cruel. Cuba tuvo ferrocarril en 1837, antes que España. El estado de orfandad de la gente lo dibuja la ignorancia y la represión, el miedo. Un extrañamiento cuando aparecen ciudadanos que protestan, una realidad de no sentirse implicados y de ser solo los espectadores de una pesadilla. La resignación ante el extranjero y  la cámara, el silencio o la ingenuidad ante la impertinencia de unas preguntas estúpidas, para luego leer los delirios y los delirantes en jefe que son legión aplaudiendo  los logros y  las maravillas. Los amadores del líder máximo que se mueven entre el Vedado y Miramar.
En éstos días hemos visto a muchos cubanos protestando, se organizan algunos partidos y asociaciones por los derechos civiles y de las mujeres. Existen proyectos para reunir y hacer la pedagogía de informar a los ciudadanos sobre sus derechos y libertades pero la desinformación durante decenios, la propaganda y la falta de información contrastada sobre la realidad han creado un mundo extraño. No hay referencias, la gente no sabe cuáles son sus derechos y cómo exigirlos. Sin confianza en que otra realidad es posible. La brutalidad de la desinformación es imperdonable, reducir a la gente a leer la papilla de la propaganda y de ese periódico innombrable. Todavía los cínicos se preguntan si están preparados los cubanos para un post-castrismo.  Como si los millones de cubanos empobrecidos, embrutecidos por un plan siniestro de unos ideólogos reaccionarios estuvieran obligados a aguantar más.
He traducido la carta de derechos y deberes de un colegio público francés donde estudia mi hija que tiene doce años. Esta carta la leen el primer día y la discuten en clase. No es la Constitución de la República, son una serie de normas que organizan la convivencia, un ejercicio de democracia y de respeto de unos derechos en los que en tercer lugar aparece el derecho a la información y a recibir una educación laica, sin ninguna presión  ideológica o religiosa.
© 2011 Maite Díaz González
El documento Carta del Estudiante, Derechos y Deberes en los colegios de secundaria en Francia.
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