Gijón, julio de 1936

Para Elisa

Durante los bombardeos en Gijón salían a refugiarse donde podían. Hasta que el edificio fue tocado y decidieron marcharse de la ciudad. Mi padre me contaba la guerra como la había vivido, con doce y trece años. La playa de los juegos, las horas y las mareas pasó a ser territorio en guerra, la ciudad se dividió y poco a poco algunas zonas se fueron cubriendo de sombras. Perdió  a su perro que era un ratonero grácil y elegante que en medio de los bombardeos saltaba de piedra en piedra para no mancharse hasta que desapareció. La destrucción, los muertos y el polvo. Los bombardeos de las carreteras. Los dinamiteros sobre los tejados lanzaban las cargas con ondas contra el cuartel Simancas. La marina y la aviación apoyaban a los militares que habían dado el golpe de Estado y la gente defendía la ciudad con lo que tenía a mano. Mis abuelos discutían sobre qué rumbo tomar, mi abuela sin dudarlo se decidió por su pueblo en Cangas de Onís. Allí ella se sentía segura, y con ella, sus hijos.

Salvador Díaz Menéndez en MadridSalvador Díaz Menéndez en Madrid poco antes de comenzar la guerra civil

Transcurrían los días sin ir a la escuela o a la politécnica de Gijón, viviendo en el campo, recorriendo la sierra  de la Trapa o subiendo a pie hasta los lagos de Covadonga. Llegaban hasta las vegas altas. Bajaban a la casa de la tía Matilde que hacía unos quesos maravillosos. Iban hasta Gamoneu. Mi tío que tenía veintitantos cortos ayudaba a segar a las mujeres para recoger la hierba. De una parte la vida había cambiado pero continuaba su ciclo normal, de otra parte, la aviación y el frente marcaban un ritmo violento a las horas apacibles en la montaña.  Con doce y trece años, era el encargado de traer a la casa los abastecimientos del racionamiento; marchaba hasta Cangas de Onís y allí ponía en fila la cesta y se iba a bañar al Sella debajo del puente romano. Nadie usurpaba el lugar del otro aunque no estuviera presente, la gente guardaba unas normas de convivencia y respeto. También hacía los viajes de decenas de kilómetros a pie  para llevar la comida a mi abuelo y los tíos que estaban fortificando cerca de Santander. Ninguno estuvo alistado hasta que entraron los nacionales y al primo José lo obligaron a pelear en el frente de Aragón y allí enfermó de tuberculosis.
Durante los recorridos para llevar de comer a su padre lo sorprendían los bombardeos alemanes, el ruido ensordecedor de los aviones en picado. Corría a subirse en los árboles y recordaba cómo la onda expansiva movía el tronco de un lado a otro como si fuera una brizna de hierba, aquella danza en medio del terror lograba distraerlo. Luego las historias de los italianos que cañonearon Seguenco desde la carretera general al lado de Mestas hasta acabar con cualquier resistencia, la cobardía de aquellas tropas mejor vestidas y mejor armadas, era un tópico la cobardía de los italianos. La guerra sin aquellas gentes y sin la aviación alemana no habría sido la misma. Cuando escuchaba los desafíos en La Habana, con la humildad del que ha vivido una guerra me decía: aquí la gente no sabe lo que es tener el cielo nublado de aviones.
Cuando el bando nacional llegó a controlar toda Asturias comenzaron las purgas. Existía un plan para eliminar a toda la gente partidaria de la República. Un plan como el que han ejecutado en otros sitios poderes autoritarios para controlar  eliminando a los profesionales, a los liberales, a la gente independiente que piensa por cabeza propia, a los ateos, a los que no comulgan suficiente. Todo el que había tenido alguna relación con las estructuras políticas republicanas “venía en las listas”. Mi tío Luis Díaz Peláez había trabajado para la República en un comité encargado de los suministros en Cangas de Onís, nunca fue comunista, sus simpatías políticas estudiantiles le llevaron a relacionarse con la juventudes socialistas unificadas de Gijón. Alguien avisó que lo vendrían buscando y lo escondieron en el monte. Así pasaron semanas hasta que tuvo que marchar solo para cruzar a Francia. Cuando llegué a Gijón en 1991, Angeles, la prima de mi padre, recordaba el miedo y luego la incertidumbre, los meses sin saber qué le habría pasado. Si habría logrado pasar o si lo habrían matado.
Durante los meses de guerra escuchaban la radio que había comprado mi abuelo en La Habana, lograban sintonizar la BBC y la radio francesa fundamentalmente y algunas emisiones de las zonas que ya estaban en manos de los nacionales. Las sesiones radiofónicas las hacían en secreto entre la paja del granero,  porque una radio podía ser argumento suficiente  para ser acusados de espionaje y fusilados. Además de los frentes de ambos bandos aparecían grupos de anarquistas o simplemente bandidos que aprovechaban la situación para aterrorizar y robar. En una ocasión llegó un grupo armado a la casa, nunca supieron definir la filiación de aquella gente, venían hambrientos buscando víveres y lo que cayera. El abuelo Salvador, ya en la cincuentena, para proteger a las mujeres y a los pequeños los mandó a subir al piso alto, esconderse arriba  y echar los cerrojos. No estaban armados, no querían dejarlo solo y quedó un sobrino con él.  Hubo un intercambio violento cuando les impidieron subir y los golpearon tirándolos al suelo. La tía Nena al escuchar los golpes bajó con una banderita cubana y pidió que por favor los dejaran en paz, que ellos eran cubanos y que se marcharían pronto. Los hombres partieron sin más escaramuzas llevándose sólo algo de comida. De inmediato, mi abuelo pidió a mi padre que fuera a recoger la radio que suponía en algún lugar seguro y lejos de la casa como le había pedido hiciera cada noche. Al comprobar que había dejado la radio en el cobertizo no le permitió entrar a dormir en la casa pues había puesto en peligro la vida de todos. El pequeño de la familia durmió a la buena luna aquella noche porque no consiguió que a su padre se le pasara el disgusto.
En otra ocasión una columna del ejército nacional subió a San Martín y lo eligieron para que les sirviera de guía. No pudo negarse. Narraban que con el crepúsculo el frente republicano disparaba a campo traviesa y que por ello recomendaban no salir de noche al monte. Por el camino un obus alcanzó a la tropa matando a varios hombres. Mi padre salvó la vida; uno de los militares perdió los nervios y apuntándole en la sien comenzó a zarandearlo y a acusarlo de haberlos llevado a una emboscada. Durante unos segundos pensó que lo mataría, cerró los ojos y se mordió con fuerza los labios. Otro sobreviviente logró convencerle que no lo matara y lo dejaron marcharse.
La gente aguanta hasta que llega el límite de lo insoportable. En España en muchos sitios los hombres fueron obligados a alistarse en los dos ejércitos en la medida que los territorios eran ganados por unos o por otros. Bajo una dictadura militar y en la situación que se perfilaba en Europa, estaba claro que entre las posibilidades estaba el reclutamiento obligatorio para enviarlos a hacer la guerra. En Francia, durante la ocupación, los jóvenes franceses fueron enviados a trabajar obligatoriamente en Alemania. La radio fue decisiva para mantenerse informados. Decidieron partir a La Habana, para viajar eran necesarios salvoconductos y para ello tuvieron que seguir formalidades estrictas. En el registro civil de Cangas de Onís  obligaron a mi abuelo a realizar una enmienda al margen de la inscripción de nacimiento de mi abuela. Una mancha de tinta en la inscripción original convertía a Elisa en Eloisa, el error del chorreado de una O rendoda era algo insoportable…La nota es el reflejo del arcaísmo que regresó a España y en la posición que quedó de nuevo la mujer supeditada al marido sin ningún derecho legal, sin poder siquiera solicitar un pasaporte o la renovación del mismo.
Vendieron algunas cosas. El fonógrafo y las placas quedaron en Beceña y la radio fue entregada a un oficial franquista en Onís. La suerte de la radio que había viajado desde La Habana la supe por un vecino de Onís casado con una paisana de mi abuela, él me contó la historia cuando llegué a Asturias en 1991.
No les quedó otra opción que el viaje más largo. Por el norte era imposible salir en barco hacia América. En Francia, se suponía estaba el hijo mayor pero aún no tenían la certeza que hubiera llegado con vida. Francia fue descartada porque sabían de los internamientos de los refugiados españoles en los campos de concentración. Mi abuelo decidió marcharse con su mujer y sus tres hijos a Lisboa. La persecución de los judíos centroeuropeos que desató el nazismo convirtió a España en el lugar elegido para ganar América pasando a Portugal. Pagaban en ocasiones con grandes sumas de dinero, joyas y objetos de valor, así lograron escapar a la muerte en los campos de exterminio.
La familia se despidió y marcharon en tren. Mi padre recordaba una parada en Salamanca. Y la ciudad maravillosa de Lisboa, los tranvías, el mar y  sus callejuelas empinadas. Sus recuerdos regresaban a la playa y a las olas poderosas del Atlántico. La estancia en Lisboa duró varios meses, contaba mi padre que la venta de billetes se convertía en ocasiones en una subasta. Algún barco anterior al que lograron tomar fue torpedeado por los submarinos alemanes. Llegaron a La Habana en el año 1938, la ciudad los acogía por segunda vez, mis abuelos, tías y mi tío Luis nunca regresaron a España.
©2011 Maite Díaz
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12 Respuestas a “Gijón, julio de 1936

  1. Maite, como te puedo escribir en privado?, un beso:Vierita.

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  2. Qué alegría !!! aparecen los amigos después de años…El mail es maite9002@gmail.com. Un abrazo.

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  3. Maite, te acabo de escribir, si estas en línea espero que respondas me respondas, un gran beso:Vierita.
    P.S Es curioso , en la esquina de donde yo vivo hay un cubanito que estudió en la escuela de 23 y C, frente a la casa de Aarón, resulta que la escuela lleva el nombre de tu padre???; Tú ,o tu hermana o tu madre han dado permiso para eso?; no estoy en contra de que se trate de alabar el talento de un artista, pero le han pedido a la familia permiso para utilizar el nombre?

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    • Viera, el nombre se lo pusieron los profesores de la escuela, fueron alumnos de mi padre casi todos en San Alejandro. Aaron me trajo una foto, yo estudié en esa escuela también. Y lo más increíble es que su hermana mi tía Marina fue profesora de programación IBM antes del accidente en ese mismo lugar, mi madre ha llevado libros que estaban en casa, no sé si les pidieron permiso, yo estaba fuera de Cuba. Allí trabaja Emilio Rodríguez que es amigo mío y a quien quiero mucho. Mi padre como profesor fue muy querido, José Bedia en una entrevista dijo cosas muy hermosas sobre mi padre y el escultor Carlos González también, los dos viven en Miami y fueron alumnos suyos y son dos excelentes artistas. A pesar de todos los horrores que la burocracia comunista le haya hecho en su vida y los envidiosos en su carrera profesional, pienso que un centro de formation de artes visuales tampoco es la escuela del partido en el que nunca militó. Tampoco mi padre fue un oportunista nunca, jamás lo vi o lo escuché vivir del victimismo de la guerra civl española, era un hombre sobrio que vivió de su trabajo no de la politiquería, nadie de mi familia lucró con la guerra civil española, él contaba su experiencia y muy orgulloso de los asturianos, eso sí. Eran personas decentes y coherentes algo muy difícil. Pusieron una pieza en la entrada que es un relieve, un retrato suyo y sé que eso no le habría gustado nada, pero bueno yo respeto el trabajo del que lo hizo y la buena intención.Cuba es un país sovietizado y estalinista qué le voy a hacer? Con eso hay que navegar.
      Un beso, estoy atareada, pero nos hablabamos en unas semanas que regreso de vacaciones. Un abrazo cuídate mucho. Maite.

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  4. Wow!!!, yo solo quería saber, pero me has dado mucha más información, desgraciadamente yo no puedo decir lo mismo, si esa isla está “sovietizada” como tu dices, mi familia y la de Aa sí tuvieron que ver en eso, aunque ni él ni yo fuesemos culpables, la culpa, al menos a mí, me persigue, un gran beso y disfruta tus vaciones:V.

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    • Querida Viera el comunismo ha sido como una plaga con muertos y sobrevivientes, y dura, claro que ustedes no tienen nada que ver con lo que pudieran hacer los abuelos si eran comunistas. Hace falta que la plaga se termine y que la gente pueda vivir con normalidad. Cuídate mucho, a mí me consta tu rebeldía. Un beso. Maite.

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  5. Gracias Maite, preferiría mantener una comunicacíón contigo en privado, desde luego si tu quieres,, esa “plaga” como tú dices le ha salvado la vida a mucha gente, por Ej. a los sobrevivientes republicanos de la guerra civíl, esa “plaga” los acogió, l´os alimentó y les dieron la posibilidad de retornarles el favor, cosa que pocos han hecho, a nadie le gusta que le recuerden sus malos momentos, generalmente el ser humano es muy mal agradecido, no obstante prefiero ser lo que soy. y no perro ó rata, un besito:Vierita.
    P.S nunca fuí rebelde, siempre he sido consecuente y eso se lo debo a la educación que me dieron mis abuelos, ellos, esa “plaga” a la que refieres.

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    • Viera, a La Habana llegaron muchos republicanos que no eran comunistas y en La Habana había estructuras creadas por la emigración española desde fines del sigloXIX: gallega, asturiana, catalana, mallorquina, vasca, canaria que tenían escuelas, hospitales, centros de recreo, beneficencia y panteones en los cementerios para enterrar a los que no tenían donde y asilos para los que trabajaron durante años sin poder formar una familia y nunca regresaron a España. Mi familia tenemos origenes asturianos, catalanes y canario sé de lo que te hablo. No dudo que los comunistas en La Habana acogieran y se solidarizaran con los comunistas españoles, en México sucedió así también. Cuando te dije plaga lejos de querer ofender a nadie, solo como podría haberte dicho “la gripe española” o no sé algo que se contagia y se propaga rápido. He aprendido historia en Europa. En ningún momento he querido ofenderte ni a tí ni a tu familia, ni personalizar me sorprende que te sientas culpable, no comprendo, yo no me siento culpable de nada, tengo rabia por no haber dejado de hacer muchas cosas que nos pedían que hiciéramos, te recuerdo rebelde, es posible que me equivoque, perdona. Y nada, que lo hijos no tienen por qué asumir las responsabilidades de los padres y lo que sí debemos es ser críticos, no con ellos con nosotros mismos. Y el comunismo ha sido un horror todavía no sabemos a cuántos millones ha destrozado, yo escribo ésto y recuerdo como nos decían que todo ésto era propaganda del enemigo y en Ucrania Stalin mató a millones de personas de hambre, entonces fue un horror silenciado durante años que es peor. Lo dicho te quiero mucho un beso grande, y yo perro o rata lo que quieras me da igual. No cargues lo que no te toca cargar.

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  6. Gracias por tan larga disertación,, nada nuevo me has aportado, no obstante ya dejé claro que prefiero comunicarme contigo de manera privada,,si no quieres no pasa nada, respetaré cualquiera que sea tu venia, lo que sí no haré más, es escribir en tu espacio virtual , porque si no te acuerdas, una de mis pocas virtudes es la discreción.
    P.S Dime de que presumes?????

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  7. Hola Maite. Me gustan aquellas historias del Gijón de 1936, lo que pasaron aquellas gentes creo que queda bien descrito en tu relato.

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  8. Hola Anónimo, es un resumen de una parte de las historias que recuerdo y escuché en mi casa. No hay precisión de fechas porque son los recuerdos que contaba mi padre que vivió la guerra civil en Asturias. Me alegro mucho que le guste y le agradezco se lo haya leído. Saludos.

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