Encuentro, París después de la pesadilla

Reviso las imágenes. Regreso a La Habana de los años ochenta. Todo era misterioso, oscuro y sorprendente en la fotografía. Ahora la foto la vemos al instante en una pequeña viñeta. Sonríen, los dos sonríen, la alegría y una luminosidad, una seguridad recobradas. He estado recordando unos días, unas horas que ya solo existen a salvo en la memoria. El sol radiante entre las nubes. Las nubes húmedas y generosas. Ciega la luz. La carretera, hoy viernes, saliendo de París es un atasco infernal. Por las vías para entrar en la ciudad rodamos fluídamente, pasamos la fábrica Renault y ya comienza la circulación a hacerse lenta. Miro el reloj, el cálculo del GPS marca quince minutos, pero un viernes, a ésta hora, no se sabe nunca el tiempo real del viaje.

Llegamos por fin al hotel del barrio 9, muy cerca de Druot, la calle de anticuarios y casas de subasta. Nos esperan, luego de los abrazos, los besos, conocemos a Alida y reímos con las proporciones del ascensor, los espacios mínimos es un clásico de París. Los espacios mínimos, los espacios inmensos y pienso en Bachelard. Las galerías de arte mínimas, los ascensores adaptados a los espacios de los viejos edificios en los que viajar con un extraño es imposible. Y los apartamentos como armarios.

Desde que llegaron a la ciudad los días han sido de trabajo, reuniones y la celebración de los 25 años de Reporteros sin Fronteras. Ricardo ha sido invitado para celebrar, tras su excarcelación, su trabajo como corresponsal desde La Habana. Alida va contándome las peripecias, la angustia de las visitas a la cárcel de Camagüey desde La Habana. La humedad de la celda y la ropa ennegrecida. Las tres operaciones y el paro respiratorio. Recuerda con tranquilidad la pesadilla de lo que ha sido la vida éstos últimos siete años de un prisionero de conciencia y su esposa dedicada a apoyarle, a organizar las visitas, llevar alimento, lecturas, noticias de la vida  fuera de la prisión. Las primeras horas fuera de la cárcel pequeña pero aún en la cárcel grande. La espera para la salida, la familia. Desconectados. La incertidumbre torturando los últimos minutos. Escuchándoles, pienso qué habrá sido despegar, soltar amarras. Yo nunca pude ver la isla desde el aire, alejándose ; la he descubierto siempre que he regresado.

Ricardo nos cuenta de la suerte de una gata que decidió quedarse en su celda y ahuyentar las ratas. Cuenta la humedad, -en París llueve- los olores pestilentes y el espacio mínimo para cama y baño. Siete años.

El primer deseo es descubrir la torre Eiffel, la vieja dama hermosa que sigue iluminando la ciudad con su serenidad y sus chisporroteos. Logramos aparcar rapidamente y aparece entre los bosquecillos del Champ de Mars.Vamos hacia el río. Los africanos venden unos juguetes luminosos que lanzados con un elástico vuelan alto. El espectáculo del río, los barcos, las luces, los reflejos. La torre Eiffel parece dibujada por Redon sobre el cielo azul de la noche.

Un paseo por la Plaza de la Concordia, la Asamblea Nacional, la vraie. Tomamos boulevard Saint Germain, los affiches de Vargas Llosa en las rejas de la Maison de l’Amérique Latine iluminada, una exposición sobre el escritor que hay que venir a ver. Me invitan siempre, pero el viaje no siempre es posible. Pero en la tranquilidad de alguna tarde iré a disfrutar saber más, sobre la vida y la obra de Mario Vargas Llosa.

Pasamos por Saint Germain de Près. Las horas se nos  escapan y en París nunca se acaba. El Café de Flore, les Deux Magots, la librería la Hune, la Iglesia. Un viernes animado en el Quartier Latin. Imposible aparcar y avanzamos hacia el boulevard Saint Michel. Encontramos plaza libre frente al museo Cluny. Las ruinas de las termas romanas, estamos en una de las calles de los enfrentamientos de mayo del 68. La Sorbona está a dos pasos, con suerte hemos encontrado sitio. Por el camino hemos hablado de Loló Soldevilla y la familia y el París de los años cincuenta. Las tardes de chácara en la UPEC, la unión de periodistas de Cuba. Ricardo descubre el parecido de Pepe y su padre, Jesús de Armas que fue su amigo, volvemos a las investigaciones antropológicas de Jesús, sus obsesiones por encontrar los rastros de las poblaciones aborígenes en el son o en el hablar nasal de los cubanos y recordamos también a Dunia y Juan Carlos, su apartamento de la calle L y a Elio Orovio. La historia de la casa que prepara, recordamos a su hermano Tony y las voces que inventaba para los animados del ICAIC, sus documentales y el humor, que es algo natural de la familia.

Conversando vamos haciendo un collage. Cenamos en un restaurante griego. Olivas negras, ensaladas queso feta, yogur, ajos y pepino, vino griego y brochetas. Un plato caliente, -ha dicho Ricardo- un trozo de buen pan y me doy cuenta cuánto vale cada cosa, cada gesto, cada descubrimiento.

En la calle, las luces, la gente, la calle es un sitio turístico pero estamos rodeados de franceses.La temporada está baja y todos los restaurantes reclaman la elección. Caen las gotas de llovizna fría sobre los adoquines, lo hemos llevado a comer no lejos de la Iglesia de Saint Severin, qué mejor lugar para Ricardo Severino, a un brazo de río de la Ile de la Cité y de Notre Dame. Ha parado de llover y vamos hasta la esplanada de la Catedral, luminosa y blanca. Ricardo interpreta la fachada, la asimetría y la simetría. El triángulo discreto y los masones. Hablamos de Cuba. La luna corona la torre. Regresamos por el camino de Saint Severin, el coche nos espera en bd Saint Michel. Bordeamos el Sena, el Museo del Louvre, el Museo de Orsay, quai Voltaire. Regresamos a la Concordia, los ecos de la historia de la revolución, la guillotina, Robespierre. En otros sitios los fusilamientos  y la sangre. Las revoluciones. Subimos los Campos Elíseos, restaurantes, cines, tiendas, la vida nocturna animada y tranquila de un fin de semana que comienza. Ricardo recuerda la avenida durante la ocupación y el desfile nazi,  le recomiendo a Chaves Nogales y la agonía de Francia. También A sangre y fuego. Los bandos. La guerra.

Nos despedimos, les invitamos a regresar. El aire de París y la maravillosa historia de una civilización recorre la ciudad. Francia siempre ha simbolizado la libertad. En Madrid les esperan asuntos que resolver, cosas tan simples como alguna firma burocrática que podría comenzar a encarrilar la vida. Pero esperan. Tienen confianza en que la pesadilla ha quedado atrás.

© 2010 Maite Díaz

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6 Respuestas a “Encuentro, París después de la pesadilla

  1. ¡Magnífico artículo! Besos

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  2. Gracias Florence, un abrazo.

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  4. Ricardo González Alfonso

    Maite, yo no lo hubiese escrito mejor. Es precioso. Gracias a esta crónica regresé a nuestro París interior, el que colinda entre la Ciudad Luz y nuestros mejores recuerdos. Una vez más y por siempre: gracias.

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    • Ricardo querido, debo enviarles las fotos, son formatos grandes, están preciosas.
      Un beso y un abrazo para tí y para Álida, para toda la familia. Suerte en las gestiones y espero que estén pronto en vuestra casa.

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  5. Muy lindo, me alegro muchisismo por Ricardo, señora y familia.
    Angel
    ( hijastro de Tony Gonzalez)

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