El antisemitismo y el periplo del San Luis

La propaganda fue un recurso perverso y eficiente utilizado por los nazis. El documental «El periplo del San Luis», de Dietmar Schulz,  investiga  los detalles de las circunstancias del viaje realizado de Hamburgo a La Habana en mayo de 1939 por 930 judíos alemanes, de los cuales, doscientos eran niños.

Entre los viajeros se encontraban seis miembros de los servicios secretos alemanes que viajaban con la misión de vigilar la operación de propaganda nazi y recoger información en La Habana sobre el ejército norteamericano. La operación de propaganda y espionaje se llamó Rayo de sol y fue comandada personalmente por Goebbels, Ministro de la Educación del pueblo y de la propaganda.

El objetivo propagandístico era mostrar que los nazis permitían emigrar a los judíos alemanes  si encontraban un país que les acogiera. El Consulado cubano en Hamburgo se prestó a vender visados a los judíos seleccionados previamente por los nazis para ésta operación. Fueron liberados de los campos de concentración trescientos judíos con la condición previa de que sus familias -aún libres- renunciaran  a todos sus bienes, vendieran sus negocios -la familia que los tuviera- para marcharse comprando los billetes para viajar en éste barco de lujo de una línea alemana, previo pago de los visados al Consulado cubano. Algunos sospecharon pues debían pagar  a la naviera, doscientos treinta marcos por adelantado previendo un posible regreso.

El gobierno cubano del presidente Federico Laredo Bru, mediante un  decreto, declaró los visados emitidos por el Ministro de la inmigración -que habían sido cobrados y acuñados en los pasaportes- como no válidos. La noticia fue enviada en un telegrama después de varios días de viaje y antes de tocar las costas cubanas.

La toma del poder del nazismo y la institucionalización ideológica del antisemitismo como un asunto de Estado, como un problema nacional dejó sin defensa a la población judía europea y exportó el antisemitismo a otros países.Este concepto de exportación del antisemitismo es una conclusión de uno de los supervivientes.

El problema nacional fue el argumento esgrimido por el régimen nazi cuando instituciones internacionales como la Cruz Roja Internacional se interesó en la suerte y en las condiciones de vida de los prisioneros en Alemania. Los nazis permitieron que los campos de prisioneros de guerra fueran visitados, pero en cuanto a los campos de concentración, negaron el acceso de instituciones internacionales argumentando que era un asunto interno. La cuestión judía era un problema nacional.

Los gritos de odio de los ideólogos alemanes en sus discursos públicos ambientan las imágenes de la noche de los cristales rotos en el documental. La selección de los judíos incluyó la visita previa a las familias y la negociación de entregar todos los bienes.

Herbert Karlinek que era un niño, recuerda la vista de las costas de La Habana, la luminosidad de las casas blancas, las palmeras y el recuerdo de la policía de aduanas y fronteras revisando los pasaportes y explicando que los documentos no estaban en regla. El Capitán alemán Schroder es recordado por todos con admiración; intentó convencer al presidente Laredo Bru para que les acogiera como refugiados. Muchos tenían familiares asentados en los Estados Unidos y La Habana era solo un lugar de tránsito. Los pasajeros judíos  no tuvieron derecho a descender. Españoles y cubanos que viajaban en el barco fueron recibidos. Después de varios días de desesperación un hombre intentó suicidarse y fue llevado a un hospital en La Habana, las autoridades se negaron a que la mujer y la hija lo acompañaran. Karlinek recuerda que los  funcionarios de inmigración decían cada día: -Mañana, mañana…pero no lograron ser acogidos. La orden final de Laredo Bru fue de quitar el muelle y fondearse a la entrada del puerto.

Los agentes alemanes que llevaban órdenes de Goebbels descendieron y fueron recibidos en La Habana. Antes de zarpar regresaron al barco para realizar el viaje de regreso.

El abogado judío Josef Josef junto a otros pasajeros se reunió con el capitán Schroeder para organizar la petición de acogida a diferentes Estados. El regreso a Alemania significaba la muerte segura; decidieron enviar telegramas al presidente Roosevelt y su esposa, al presidente de Canadá y a otros políticos de países centroamericanos. Todas las respuestas a la demanda de acogida fueron negativas.

El San Luis intentó entrar en Miami pero los guardacostas norteamericanos lo impidieron. El nazismo logró exportar el antisemitismo a América y en una época de crisis económica internacional y de exacerbación de los sentimientos nacionalistas, Roosevelt pensó que acogerles podría desatar problemas políticos internos. El lobby judío tampoco pudo interceder en favor de los viajeros prisioneros.

Ante la crisis internacional, los nazis enviaron un telegrama ordenando al capitán Schroeder el regreso inmediato a Hamburgo.

Los pasajeros abandonados a su suerte, angustiados y sin esperanzas, emprendieron el regreso. Algunos pensaron incendiar el barco para obligar a los norteamericanos a intervenir. Otros pensaron en el suicidio, hasta que, desde París -aún libre- una asociación, la American Joint Distribution logró un acuerdo de desembarco. Los pasajeros fueron divididos en cuatro grupos : 224 fueron recibidos en Francia, 181 en Holanda, 214 en Bélgica y 287 en Inglaterra. El San Luis fue acogido en el puerto de Amberes y desde allí continuaron el viaje.

La barbarie nazi se extendió por Europa meses más tarde. Una gran parte de los pasajeros cayeron en poder de los nazis y continuaron el calvario. Detenidos, fueron deportados atravesando Europa en trenes para ganado, antes de llegar a los campos de exterminio, de los que pocos, lograron salir con vida.

© 2010 Maite Díaz

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3 Respuestas a “El antisemitismo y el periplo del San Luis

  1. buscando en google encontre este blog, y la verdad muy buena la informacion, gracias!

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  2. Te equivocas, de ese grupo 2 personas recibieron el permiso de quedarse en Cuba, las hijas del médico de Laredo Brú.

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  3. Bueno, a tierra, según las informaciones de los supervivientes y la investigación del director del documental y su equipo, tuvieron autorización de desembarcar los seis nazis que viajaban con las visas vàlidas desde Hamburgo.
    No hablaron de las hijas del médico del presidente que se negó a aceptarlos, el capitán Schroeder se entrevistó personalmente para pedir que los recibiera. Algunas personas viajaron desde Estados Unidos y pudieron subir al barco a verles previa autorización pero los pasajeros después de la travesía no tuvieron autorización de desembarcar.
    Sobre las estadísticas las cifras varían en varios artículos que he leído pero todas superan las 900 personas. Gracias por su comentario, podría precisar más sobre ésta familia, el apellido por ejemplo.

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