Los gitanos se van al cielo*

Los gitanos como comunidades nómadas se han mantenido marginalizados en las sociedades de Europa del Este. Los años de colectivismo tampoco lograron integrarlos y sedentarizarlos como ha ocurrido en España que sí es un modelo de integración de la comunidad gitana.

La crisis social se ha hecho evidente en los países del este de Europa que formaban hace veinte años la comunidad socialista. En éstos países el proceso de integración en el nuevo modelo económico y político europeo no ha priorizado la integración de ésta comunidad pobre y marginal aunque la Comunidad Europea ha destinado millones de euros para que en éstos países se realicen proyectos de integración y mejoras en las condiciones de vida de la comunidad gitana.

Las costumbres culturales, el nomadismo, son señalados como las causas de todos los problemas sociales. Evaden impuestos, la marginalización se mantiene durante generaciones pues los niños no son escolarizados con regularidad y los padres no pueden acceder al mercado de trabajo. Es un problema social. Son comunidades de cientos de personas desclasadas y desplazadas socialmente que abandonan sus países en busca de mejoras de vida.

La desestructuración de éstas comunidades es evidente y el silencio de los gobiernos respectivos de Rumania y Bulgaria es una muestra del abandono. Discriminados no tienen acceso a la atención médica en sus países de origen según el artículo de Thomas Hammarberg, comisario de los derechos humanos en el Consejo de Europa.

En países del este de Europa como Checoslovaquia y Hungría se han producido linchamientos según leo en éste artículo. Como afirma Hammarberg, el holocausto gitano de la II guerra mundial tampoco  recibió el mismo interés internacional que el judío durante los juicios de Nuremberg, aunque la población gitana europea sufrió la misma política fascista de exterminio.

Francia ha sido históricamente un país de acogida y asilo. Los gitanos franceses viven en el territorio francés en caravanas, organizan sus reuniones religiosas con permisos de las prefecturas y la gendarmería. Su derecho al nomadismo incluye deberes de organización y condiciones de higiene a mantener en sus asentamientos. Así y todo, no pocas veces se producen altercaciones, quejas y denuncias pues llegan a un terreno privado y provocan problemas de circulación o de seguridad. Hace un par de días doscientas cincuenta caravanas acamparon en los terrenos aledaños a la pista de un  aeropuerto privado en el departamento de l’Essonne. La gendarmería y el propietario negociaron la estancia de unos días hasta que encontraran un segundo espacio donde poder instalarse.

En mis viajes a París he sido testigo de robos de bandas de niños en los trenes que viajan desde el aeropuerto. Les llaman rumanos, no gitanos. Roban fundamentalmente a los turistas de una manera profesional y estructurada. Son menores de edad y como Francia es un Estado de Derecho en el que se protege a la infancia son detenidos y puestos en libertad. No hay autoridad parental responsable. Esta realidad delincuencial no quiere decir que todos se dediquen al robo con más o menos violencia pero la marginalidad genera que personas inescrupulosas se aprovechen de ésta situación y los utilicen como ladronzuelos organizando verdaderas redes mafiosas.

Los campamentos de casas de tablas y cartones como las favelas màs pobres de los países del tercer mundo se instalan entre los arcos de los viaductos de la periferia de la zona norte de París, a las orillas de las vías de los trenes de cercanías tras las cercas de seguridad y en los espacios de las zonas industriales creando verdaderos problemas sanitarios y riesgos de incendios pues cocinan con leña en lugares que no están preparados para ello.

He visto desmantelar éstos campamentos en la estación Stade de France, la primera de la periferia después de Gare du Nord. Luego han proliferado otros campamentos a lo largo de éste trayecto. También éste verano nos llamó la atención en el sur  de Francia y en las entradas de París del aumento de la población gitana tratando de ganar unas monedas limpiando los parabrisas de los coches. Las personas que llegan y construyen un bidonville no son nómadas, son pobres que tratan de sobrevivir .

La decisión del gobierno francés de expulsarlos a sus países con una ayuda económica de trescientos euros por persona adulta y cien por cada niño ha provocado la mediatización y los ataques pasionales y viscerales a la política de Sarkozy. Hablan de «deportaciones» y de similitud con las sucedidas durante la segunda guerra mundial hacia los campos de exterminio. Pierre Lellouche ha dicho que «el aeropuerto de Roissy no es Drancy». La comisaria Reding se ha disculpado por semejante comparación. Un despropósito que ha provocado respuestas no sólo de Nicolás Sarkozy, sino también de François Fillon y otros representantes del gobierno.

Expulsarlos no resuelve tampoco el problema porque regresarán y como ciudadanos europeos en Francia exigirán sus derechos a vivir y trabajar. Daniel Cohn Bendit en el Parlamento europeo ha sido preciso y combativo contra las expulsiones, es un deber de solidaridad con una población frágil y marginalizada, pero también es un deber político exigir responsabilidad a los gobiernos rumano y búlgaro en el cumplimiento de los derechos y deberes con sus ciudadanos.

El problema de los Roms es una crisis social en la Comunidad Europea, no es un problema nacional, y es aquí donde además, el valor de las instituciones europeas y la eficacia de su trabajo se pone en dudas. La solución deberá ser fruto del diálogo y el control de todos los estados y la cooperación con los países que tienen más dificultades para integrarles. La solución no es el abandono de éstos gobiernos y provocar un éxodo masivo hacia los países más ricos que han sido también más responsables con el bienestar de sus ciudadanos y con la protección de sus derechos.

Europa se enfrenta al desafío de la coherencia de su Constitución y a la eficacia de su gestión política en la superación de los nacionalismos.

© 2010 Maite Díaz

* Los gitanos se van al cielo, es el título de una película soviética de los años 80, no he podido encontrarla en You Tube.

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