Cuba, cuenta atrás. Editorial de EL PAÍS

El castrismo debe romper con la retórica del enemigo exterior y liberar a los presos políticos

El Gobierno cubano no puede seguir aferrándose a la mentira de que no existen presos políticos en la isla para hacer frente a la situación ante la que lo ha colocado la huelga de hambre de Guillermo Fariñas, secundada por otros dos opositores. La frustración de las tímidas esperanzas de reforma apuntadas por Raúl Castro está abriendo paso a una creciente contestación al régimen, contra la que nada valen ya las descalificaciones y las coartadas reiteradas durante medio siglo.

Las Damas de Blanco no son mercenarias de nadie, según han repetido machaconamente los medios del castrismo, sino madres y esposas de cubanos encarcelados injustamente por la dictadura. Como tampoco son agentes del imperialismo los disidentes que reclaman algo tan elemental como el reconocimiento de las libertades y derechos civiles básicos. Y, entre ellos, artistas hasta ahora fieles al régimen.

La estrategia del castrismo de aguardar hasta que escampe fracasó en el caso de Orlando Zapata y resultará insostenible si la huelga de Fariñas o los otros disidentes termina en tragedia. Tarde o temprano, el Gobierno cubano tendrá que poner en libertad a los presos políticos y, por tanto, mejor que lo haga cuanto antes. No sólo porque no existe justificación alguna para mantener encarcelados a quienes no se puede acusar de otra cosa que de disentir pacíficamente de una dictadura, sino también porque el tiempo juega contra el Gobierno cubano, al mismo ritmo que contra la vida de los huelguistas.

La iniciativa del Gobierno español de acoger a Fariñas responde a una intención humanitaria que es condición necesaria para evitar la tragedia. La condición suficiente demandaría, además, redoblar la exigencia al régimen cubano para que libere de inmediato a los presos políticos, mucho más cuando España ejerce la presidencia de turno de la Unión Europea. Sean cuales sean las razones por las que se ha suspendido la reunión entre los Veintisiete y Cuba prevista para el próximo 6 de abril, el régimen castrista tiene que saber que la crisis política que atraviesa no se resuelve evitando los foros internacionales que le pueden resultar incómodos.

La retórica del enemigo exterior es una reminiscencia del pasado que no se corresponde con la realidad de los hechos, puesto que la oposición a la dictadura procede del interior. De los mismos cubanos a los que el castrismo prometió el paraíso.

Tomado del periódico EL PAÍS

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