Guillermo Fariñas y el diálogo imposible con el Emperador

Guillermo Fariñas, ayer, en el hospital de Santa Clara. Foto cortesía del periódico El Mundo

Las informaciones sobre el estado de salud de Guillermo Fariñas son alentadoras y es de agradecer la foto donde está conversando con sus familiares y amigos en el hospital. Pero realmente,  éste diálogo que ha decidido, utilizando la huelga de hambre para ser escuchado, nos pone frente a la realidad de la indefensión de la disidencia en Cuba. Las Damas de Blanco nunca han sido recibidas por Raúl Castro o algún alto funcionario del gobierno para escuchar sus peticiones. En el bastitato, las madres iban a las estaciones de policía, y a veces, lograban sacar a sus hijos vivos de las garras de los torturadores.

Sigue el silencio. Silvio Rodríguez  ha hablado con metáforas  pero ha dicho cosas esenciales sobre la necesidad de cambios, como las dijo Pablo Milanés hace unos meses y cuánto quisiera escucharles hablar con el lenguaje recto, llamando a las cosas por su nombre, desde esa revolución que él quiere en evolución, él puede hacerlo. Desde el punto de vista humanitario, olvidémonos de las ideologías, hay valores superiores, entonces, Gabriel García Márquez, Silvio Rodríguez, Gutiérrez Menoyo no pueden exigir ser escuchados y establecer una mediación humanitaria con Raúl Castro para salvar las vidas de Guillermo Fariñas y los veintiséis prisioneros políticos gravemente enfermos. Intentar ésta liberación como un primer gesto imprescindible para una transición. Quién puede acercarse lo suficiente y decirle al dictador que se acabó, que tienen la edad del retiro y que no es posible que sigan muriendo personas por exigir los derechos que les corresponden como hombres libres.

No han sido suficientes las firmas recogidas por la carta en internet: Yo acuso al gobierno cubano, ni el documento que también hizo circular Amnistía Internacional. Tampoco la condena del Parlamento Europeo, ni la de Francia pronunciada días antes, ni la lista de personalidades y políticos que se han pronunciado por la liberación de los prisioneros políticos, ni los cientos de cubanos que desfilaron en Miami. No quieren ver las caminatas de las Damas de Blanco, firmes bajo la violencia y los insultos. ¿Cuál fue el trato de Batista a su madre Lina Ruz? De entrada no la torturó con siete años de cárcel para dos de sus hijos.

Ninguna de éstas decenas de personas merece ser escuchada por Fidel Castro que escribió en su  periódico, hace unos días, sobre los norteamericanos, y ésta vez, sobre la reforma sanitaria. Los norteamericanos, esa obsesión castrista que fluye, se transforma y se mueve mientras él matiene a los prisioneros en condiciones insalubres. Cada día pienso cuando me levanto que leeré la noticia que Guillermo Fariñas ha dejado la huelga de hambre  porque -por  fin- los Castro tomaron una decisión humanitaria a favor de la vida de Fariñas y de los prisioneros políticos.

¿Cómo pueden ser tan irresponsables?. ¿En qué mundo han vivido durante medio siglo, pero sobre todo, cuál es el mundo que se han inventado desde hace veinte años tras la caída del Muro de Berlín y más tarde la desaparición de la Unión Soviética? ¿Se habrán puesto a pensar en ésto en algún momento de soledad? ¿No les da vergüenza que el mundo entero sabe que  fueron liberados por una Amnistía de Fulgencio Batista después de haber provocado una masacre en un asalto a un cuartel militar? Y que la estancia en la càrcel de Fidel Castro, entre otras cosas y La Historia me Absolverá, fue para dar lecciones de cocina por correspondencia practicàndose en la preparación de mariscos frescos de los mares del sur.

Fariñas, gracias por estar vivo y te pedimos que dejes la huelga de hambre, ningún cubano necesita mártires. Cuba necesita hombres valientes como tú, vivos. Todos los prisioneros políticos han tratado de dialogar pacíficamente, disintiendo y escribiendo. No se trata de ganar o perder, con lo que has hecho has demostrado quién menosprecia realmente la vida y todos han visto la zarpa y las uñas largas y arregladas de las manos insensibles del emperador.

©2010 Maite Díaz

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