Cuba: 1980-2010, 30 años después del Mariel

Damas de Blanco por las calles de La Habana

Represión en Párraga a las Damas de Blanco. Vídeo Cortesía Telemundo 51

Las Damas de Blanco continúan a recorrer las calles pacíficamente para defender el derecho a la libertad de sus familiares encarcelados. Ayer se sumaron los bloggers que son las generaciones más jóvenes que conforman la disidencia pacífica y que no vivieron los hechos de 1980 en Cuba, porque no habían nacido o eran muy pequeños. He visto los vídeos y he recordado el año 1980. Los cubanos no podemos olvidar. La dictadura manipula y en un barrio popular de la ciudad de La Habana, como es Pàrraga, reúne a cientos de “revolucionarios” que insultan y gritan consignas a favor del régimen y en contra de las Damas de Blanco o de los opositores pacíficos como: Martha Beatriz Roque Cabello, Vladimiro Roca, Antúnez, Oswaldo Payà, Guillermo Fariñas y todos los que disienten. La violencia de  esas imágenes ya se ha vivido con “los mítines de repudio” de hace treinta años.

En 1980, una amiga que estudiaba Bellas Artes en San Alejandro y sus padres, tíos y primos se asilaron en la Embajada del Perú. Vivían en el barrio de Víbora Park, cerca de Pàrraga. En aquellos días miles de cubanos entraron en la embajada para salir del país. La acción generó una crisis diplomática y humanitaria conocida como “el Mariel”, nombre del puerto por el que llegaban barcos desde Estados Unidos para recuperar a familiares y amigos.

El ambiente en la ciudad se convirtió en una guerra civil de baja intensidad. Se enfrentaron los cubanos manipulados por el partido comunista. Mi padre había vivido en Gijón la revolución de Asturias de 1935  y la guerra civil española de 1936 a 1939. Caminando por las calles de La Habana, del barrio del Vedado y Playa, mirando las pintadas, las marcas de los huevos lanzados contra las fachadas, los carteles colgados, las palabrotas escritas sobre los muros, los destrozos todos, a mi padre y a mis tíos todo aquello les recordaba la violencia de la guerra civil española.

A los que habían entrado en la embajada les daban un salvoconducto y regresaban a sus casas hasta la salida definitiva en barco por el puerto del Mariel. En casa, una mañana tocó una mujer de los CDR (Comités de Defensa de la Revolución) para citar a un mitin de repudio contra un vecino, muy joven, homosexual, huérfano de padre. Su padre había sido un oficial del ministerio del interior y el hijo había decidido marcharse a Estados Unidos, ya tenía la mayoría de edad.  Ningún vecino hizo el mitin de repudio aunque fueron por las casas para organizarlo, por unas horas estuvo en paz. Luego trajeron un grupo de gente de un centro de trabajo cercano que lo insultó a gritos con un altavoz durante algunas horas.

En San Alejandro, la academia de Bellas Artes donde estudiábamos, se organizó uno de los mítines de repudio más horribles que recuerde. Construyeron unos “gusanos” de trapo enormes en los espacios que tenían los miembros del Partido Comunista y de la Unión de Jóvenes Comunistas en la escuela. A las marionetas les colgaron carteles con palabras como “sietemesina” y palabrotas más gordas. Recuerdo el sietemesina que no comprendía y fue justificado con un texto de José Martí. Estábamos en horario de clases y llegaron y nos sacaron al patio de la escuela donde en una pira quemaron los cuadros. Recuerdo a “los militantes” sacando los bastidores y rociándolos con trementina, aguarrás, así llamàbamos en la escuela al diluyente para pintar al óleo.

A los pocos minutos se encendieron las llamas y los insultos, las mentiras que pretendían que gritáramos en aquel aquelarre en el patio de una academia de bellas artes, rodeados de las copias en escayola de las esculturas clásicas griegas de la colección del Museo del Louvre: el Laoconte luchando con las serpientes, el Discóbolo, el Galo herido, la Venus de Milo  y nosotros también petrificados, con quince, dieciséis, diecisiete años. Es una imagen que está gravada,  siempre que veo o escucho la violencia, las agresiones verbales, las quemas de banderas, o de retratos de políticos, —no importa la nacionalidad, me ha pasado con los mítines de Hezbolah o la noche de los cristales rotos organizadas por los nazis para aterrorizar a los judíos, destrozando y quemando, insultando— recuerdo aquel día, porque pienso que no podemos olvidar.

La humillación colectiva y la bajeza que los cubanos han utilizado y utilizan todavía. El conjunto era el de una catarsis política, aquello era como un trance inducido, irracional, falso, más terrorífico para el que logra no entrar y verlo desde afuera.  Algunos insumisos nos apartamos y no participamos en aquel mitin en el patio de la escuela. De los amigos, ninguno militaba en la Unión de Jóvenes Comunistas que lideraba aquel acto vergonzoso. Por supuesto que negarnos a participar pasó factura. El resultado posterior fue una represión feroz. En la escuela se organizaron de inmediato las purgas bajo el nombre de las “Asambleas por la moral comunista” y a los que tenían tres llegadas tardes y dos ausencias  los sacaron de la escuela y el servicio militar obligatorio los reclutó y los envió a la guerra de Angola. Otros amigos terminaron los años que faltaban en el curso nocturno para trabajadores. Otros supimos, dos años después, gracias a profesoras decentes que en nuestro expediente académico había un documento silencioso que podía cerrar las puertas de acceso a la universidad o a becas en el extranjero o a puestos de trabajo.

El padre de nuestra amiga, había sido periodista y estaba castigado desde los años sesenta. No pude verla en su casa cuando tenían el salvoconducto. Un grupo de amigos logró llegar a su casa antes que salieran del país. El día después nos fuimos una amiga y yo, mi amiga vive aún en La Habana y por eso no pongo el nombre, nos fuimos a casa de sus primos en el mismo barrio. Los hijos de B. que trabajaba en el Ministerio de Cultura, también habían entrado en la embajada. La casa de los abuelos estaba al lado y había sido destruído el portal. Allí vivía el tío, hermano de la madre  y su esposa, también el padre, el abuelo de nuestra amiga que no se iba de Cuba, se quedaba, pero aquello no fue argumento y trajeron desde los barrios periféricos a éste barrio de casas de clase media, a toda una tropa que destrozó la cristalera del portal que daba al jardín. Nos contaron que  les cortaron el teléfono, el gas, el agua y la luz. Tuvieron que poner muebles en las puertas para impedir que entraran a lincharlos. Llamaban desde la otra casa a la policía y jamás intervino un solo agente del orden. B. que era funcionario del ministerio de cultura, estaba destruído, tampoco él se iba, pero sus hijos mayores de edad habían decidido irse. Nos pidió que nos fuéramos rápido que temía que pudieran regresar los “amotinados” y que nos fuéramos a otra parada del autobus a coger la 68 para regresar a casa. Al salir caía la tarde y los vecinos nos miraban asombrados. Nos habían contado que los vecinos no habían participado, los amotinados que los insultaban eran gentes que ellos nunca habían visto. En los medios oficiales la responsabilidad era  de la “ira del pueblo”. Como si un Robespierre invisible planeara sobre La Habana. Cuando sucedió el primer linchamiento, más la protesta de la gente decente por aquellas salvajadas, el “Partido” decidió intervenir y “prohibir las demostraciones populares revolucionarias” y se acabaron los linchamientos físicos. Los linchamientos morales siguieron con la violencia de los insultos en la calle. Les ponían en las entradas de las casas altavoces con los himnos revolucionarios y la Nueva Trova patriótica durante horas.

Han pasado treinta años, y las  violencias a las que son sometidas las Damas de Blanco, los bloggers o la disidencia pacífica sitiada en sus casas son las mismas. Los métodos son como los de hace treinta años, salvo que hoy, gracias a internet, la impunidad de la violencia y la manipulación de la información no es posible.

Los cubanos debemos recordar aquella barbarie que fue programada por el Partido, por la soberbia de Fidel Castro cuando supo que había un cálculo inicial de más de 100 000 personas candidatas al asilo en la Embajada del Perú. Cuando los oficiales de ministerio del interior dieron las cifras aproximadas, ordenó un cordón de civiles, gente del Partido reclutada con órdenes precisas de impedir el acceso y golpear a los que intentaran entrar. La estrategia del gobierno cubano con James Carter de enviarle en barcos a los insumisos, resultó un boomerang que puso a los ojos del mundo la evidencia de una disidencia fuerte en desacuerdo con el sistema comunista. La gente lanzaba los carnets del partido y de identidad y se asilaban en el espacio diplomático de la Embajada, llegaban desde provincias y dejaban los coches a la entrada de la sede diplomática.

En la misma época en 1980, en Gdansk, los obreros de los astilleros establecían un pulso contra la dictadura comunista y se organizaron en el sindicato Solidaridad, más tarde el sindicato aglutinaría millones de ciudadanos y se convertiría en un partido político derribando el Muro en Polonia, pacíficamente, ganando unas elecciones.

©2010 Maite Díaz

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3 Respuestas a “Cuba: 1980-2010, 30 años después del Mariel

  1. Querida Maite, cuantos recuerdos horribles, pero cuan importante es no olvidar!
    Increíble que sean ya 30 años…
    Un abrazo,
    Rafa

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    • Querido Rafa, es difícil recordar aquellos días en la ciudad pero la desmemoria es una irresponsabilidad colectiva, hay que contar lo que ha pasado para que no vuelva a ocurrir. Hace ya treinta años el tiempo pasa, y nos vamos poniendo viejos…Un abrazo, Maite.

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  2. Viejas vedettes hambrientas de fama: Mirtha Medina y Zoé Valdés coinciden en el mismo repertorio:

    http://www.habanaelegante.com/Lengua/Lengua.html

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