Venezuela, Chávez y el modelo cubano

El editorial del periódico EL PAIS sobre la situación política del gobierno de Chávez enumera algunas irregularidades en los servicios. Comienzan los célebres apagones, cortes del suministro eléctrico que conocemos bien los cubanos nacidos después de la revolución, cuando las plantas generadoras de electricidad pasaron a manos del Estado tras la nacionalización, y al caos revolucionario se sumó la falta de personal profesional especializado —técnicos e ingenieros— que en su mayoría se marcharon a Estados Unidos y Puerto Rico. La energía es un sector estratégico y la desconfianza en los técnicos del «ancien régime» hizo que depositaran la confianza en los especialistas rusos que no conocían la tecnología americana y asumieron el control tecnológico de aquellas plantas de última generación. Todas las noches cortaban el suministro y nos duchábamos a la luz de las  velas o de un farol que habíamos heredado de mi abuelo canario y que había sido utilizado en el campo durante los años cuarenta. Así la ciudad comenzó el regreso al primitivismo de la falta de electricidad nocturna. No funcionaban los ascensores en el Vedado donde están los edificios más altos. Las neveras y refrigeradores comenzaron una lenta depauperación debida a los cortes intempestivos. Aunque es cierto que los buenos refrigeradores americanos: Westinghouse, Philco, General Electric fueron adaptándose a los nuevos dueños de los fluídos y resistieron hasta bien entrados los años ochenta. En teoría, los nuevos dueños era el pueblo que se quedaba a oscuras porque los barrios como Miramar y Nuevo Vedado, donde vivían comandantes y acólitos permanecían iluminados toda la noche. La superioridad del capitalismo y su tecnología ha tenido en la realidad cubana la ilustración más fiel, a contracorriente del discurso ideológico oficial contra «el imperialismo yanqui». La prueba ha sido la larga vida de los electrodomésticos y los coches norteamericanos.

Hace unos días en el periódico El MUNDO, el periodista Santiago González colgó un vídeo de Chávez. Un corto de propaganda. Una escena populista en la que el caudillo decide nacionalizaciones de propiedades en el centro histórico de la ciudad. «A dedo», ni tan siquiera por decreto. El hombre en un abuso de poder sin límites va diciendo en la televisión: hay que nacionalizar éste edificio, y éste también. En éste, ¿qué es lo que hay ? —pregunta a un Pepín* que seguramente apunta— … pues “expropiese”, es su palabra como un mantra. Decide que se creará un centro histórico bolivariano, porque en una casita de la plaza vivió Bolívar recién casado. Y no se preocupa por los que viven hoy y que seguramente —si son propietarios— compraron su casa trabajando, o tienen un negocio, después de muchas horas o generaciones de trabajo, ahorro y esfuerzo.

El problema de Venezuela es un giro totalitario evidente. En la intervención de los medios de prensa libre, en la expulsión de los periodistas y directivos de las cadenas de televisión que no se pliegan a sus deseos de poder absoluto y a sus órdenes y que se mantienen críticos frente a sus políticas arbitrarias. También en la voluntad de silencio. Silenciar la opinión. Silenciar a la oposición, terminar con la libertad de prensa que garantiza la crítica y el control de la democracia. Cerrar cadenas de radio y televisión, cerrar periódicos. Callar. La dictadura castrista estableció la represión intelectual a la vez que se daba baños de masas, y con el populismo y la demagogia destrozaba la sociedad civil cubana hasta anularla con la imposición del partido único, instrumentando los sindicatos como una sucursal del partido comunista, una estructura de manipulación ideológica al servicio del poder.

En la ciudad, control casa por casa con la creación de los CDR: los comités de defensa de la revolución y con ésta estructura, la institucionalización de la denuncia y la vigilancia de la vida privada. Se estableció la prohibición —mediante la propaganda ideológica— de la religión católica y se desestructuró la Iglesia para eliminar un espacio social de reunión que pudiera escapar al control. Un espacio independiente del estado desde el cual organizar estructuras de solidaridad y cohesión de una oposición. Se institucionalizó la propaganda político-cultural con los temas de la identidad y las religiones. Las culturas afrocubanas se convirtieron en «nuestras raíces» —las únicas que recibían presupuestos, subvenciones y visibilidad mediática— una operación evidente de demagogia cultural y de populismo porque en las estructuras de poder y en las élites, la población negra y mestiza no ocupa cargos de confianza y responsabilidad.

La cultura española sobrevivía en algunas de las asociaciones de españoles, las que quedaron después de nacionalizar todas las estructuras sociales y de servicios creadas por una emigración organizada, trabajadora y solidaria. Nacionalizaron todas las clínicas y quintas que eran hospitales excelentes: La Quinta Covadonga fundada por la colonia asturiana, las Hijas de Galicia por la comunidad gallega, la Quinta Balear. En algunas trabajaban grupos de monjas como enfermeras. Los colegios del Centro Asturiano que eran magníficos fueron nacionalizados. Ganar a la población negra y mestiza de las clases más pobres con promesas que, hoy, sin subvenciones exteriores son imposibles de cumplir o mantener. Se permitió durante algunos años la ocupación por gente pobre y necesitada de propiedades abandonadas en los barrios burgueses. Luego los sacaron para reconvertir las casas en residencias del partido o del cuerpo diplomático. En Venezuela, durante el gobierno de Chávez se ha permitido la violencia social de las clases populares en los barrios de las clases medias.

Ramiro Valdés fundó la seguridad del estado en Cuba y estuvo al frente del Ministerio del Interior, tiene la experiencia de la represión y el control de la primera década de la Revolución cuando se eliminó una gran parte de los derechos y libertades de  los ciudadanos. Cortar la electricidad es también una manera de controlar a la población y mantenerla en sus casas. Además del ahorro energético. Es un hecho que provoca inestabilidad en las familias, en la organización de la vida y que marca el ritmo de la ciudad al antojo de los gobernantes. Las justificaciones para los problemas de cortes en el el suministro eléctrico las relacionan a la sequía, pero un país petrolero como Venezuela no debiera tener éste tipo de problemas energéticos, salvo, si la administración de los recursos es ineficaz o se busca crear un clima propicio al caos para el control militar posterior.

A la experiencia del control y la represión se suma un conocimiento tecnológico de los medios que han revolucionado la prensa, el periodismo y el tratamiento y distribución de la información. Con el fenómeno de las redes sociales, los blogs y la prensa independiente se ha demostrado que el control de la información y su distribución es cada vez más difícil desde el poder del Estado.

Chávez, desde la perspectiva del modelo cubano, sabe que su batalla por las elecciones comienza desde ahora con el control en los medios y con la utilización de la propaganda y el silencio. Comienza la carrera de fondo. Y a su vez, estructura su acción eliminando en lo posible el diálogo de la sociedad civil, silenciando a los medios y a los periodistas que contestan su trabajo político demagógico y populista. Estuvo hace unos meses en Madrid, traía buenas noticias energéticas sobre unas bolsas de gas descubiertas recientemente en territorio venezolano y ningún periódico español logró entrevistar al «actor» en gira de promoción cinematográfica de la película dirigida por Oliver Stone. Chávez dictó la agenda de comunicación y habló de su negocio y su mercado sin aceptar una confrontación con la prensa. Aplaudido en la Mostra de cine de Venecia, en una Europa que también aplaude a Berlusconi y en la que el periodismo debe recuperar la independencia de los poderes interesados y ciegos siempre ante las catástrofes políticas que anuncian la llegada de los totalitarismos.

©2010 Maite Díaz

*Pepín
Así llamaba  Fidel Castro a un secretario que se llamaba Pepín Naranjo. Durante sus viajes, Fidel Castro en sus contactos con el pueblo, en sus entrevistas a pie de jeep preguntaba al pueblo y desviaba la pregunta y la respuesta a una libreta de quejas; un invento de una especie d’états généraux donde se recogían las quejas al «rey». El pueblo, en la espera eterna bautizó jocosamente la escena como: «apunta Pepín»… y siguen esperando las soluciones a los problemas.

Chávez en Madrid y las bolsas de gas

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2 Respuestas a “Venezuela, Chávez y el modelo cubano

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