Francia. De paseo por Bretagne, le mont Saint Michel (I)

Mont Saint Michel

Viajar por carretera la mañana después de los días de fiesta es una excelente idea. Salimos a Bretaña el día 25 de diciembre temprano. Una Navidad viajera, buscando el norte para encontrar el mar. Las carreteras estàn vacías. El viaje por las autopistas París-Normandía es un poco màs largo -de una treintena de kilómetros- pero màs ràpido. Las carreteras incluyen varios kilómetros de túneles a la salida de París, pero después, el viaje es confortable y los paisajes hermosos, son vías seguras a pesar de las lluvias constantes, naturales de la región durante ésta estación. Viajamos en dirección a Rouen, luego a Caen en la baja Normandía. Caen es una ciudad industrial próxima de las playas del desembarco de las tropas aliadas en junio de 1944. En la carretera bajando hacia Bretaña, leo a la izquierda la dirección para llegar al cementerio de Colleville-sur-Mer donde éste año se celebró el 65 aniversario del desembarco.

El viaje de descubrimiento de la costa lo haremos desde el interior hacia el norte y el oeste para visitar la Baie Saint Michel, las playas y el cultivo del mar, Combourg, el castillo medieval de Chauteabriand y la ciudad corsaria de Saint Malo. Nos alojamos en un hotel en un pequeño pueblo: Brice-en-Coglés. Situado en territorio bretón en el departamento de Ile-et-Vilaine a unos 30 kilómetros del Mont Saint Michel, la isla pertenece administrativamente a Normandía. En veinte minutos llegamos al Mont Saint Michel que puede visitarse sin temor a quedar atrapados en la isla-abadía-fortaleza a merced de las grandes mareas características de la costa atlàntica. La carretera que une la isla a tierra firme -como un cordón umbilical- es un dique que ha sido elevado varios metros, y los espacios de estacionamiento que se encuentran un poco màs bajos, a los pies de las murallas que rodean la isla, no corren peligro de invasión de las mareas durante éstos días; con lo cual, por cuatro euros se puede aparcar y pasear tranquilamente. Existe un sistema de aviso con horarios que regulan el estacionamiento anticipando las mareas altas.

En los meses de verano la isla recibe aproximadamente entre veinte y treinta mil viajeros diarios. Anualmente se contabilizan alrededor de tres millones de peregrinos y visitantes del sitio. La abadía y la iglesia del Mont Saint Michel son una etapa del recorrido del Camino de Santiago y para visitarla se debe pagar una entrada de ocho euros con cincuenta céntimos, el 25 de diciembre no abre al público. El turismo lo inventó la iglesia con esto de los peregrinajes, las estampillas, las imàgenes y les porte bonheur. Antes de entrar en la ciudad fortificada paseamos al pie de las murallas. La entrada es gratuita. Unos carteles anuncian el peligro de aventurarse por las arenas que rodean la isla pues podrían ser arenas movedizas. Pero hay una zona estrecha pegada a las murallas antes de la zona de marismas por la que se puede pasear siendo prudentes y con calzado apropiado. La experiencia de recorrer la isla, realizando un bojeo a pie merece la pena antes de subir y recorrer sus callejuelas medievales. Los viajeros son franceses en su mayoría y tenemos la suerte de poder disfrutar el paseo sin tumultos. En el parking desierto una familia da de comer a un grupo de gaviotas que revolotea haciendo figuras de vuelo increíbles, jugando con los màs pequeños pican al vuelo lo que les ofrecen todos los que se prestan al juego.

Muralla noreste del Mont Saint Michel

El día es espléndido, azul y despejado. El paisaje es sobrio y se estructura en líneas horizontales. Calma y tranquilidad y el valor simbólico de una isla. Aislada del mundo mientras no se construyó el dique carretera que permanece fuera de las aguas los días de fuertes mareas. En épocas anteriores, su geografía por momentos unida a la tierra firme, por momentos cortada toda comunicación la han convertido en un símbolo de retiro y meditación. Cursos de agua  avanzan desde el mar en riachuelos salados bordeados por las arenas ocres y grises. Los colores son neutros, delicados pero muy càlidos. En las extensiones inmensas de la bahía se reproducen islas de arena y zonas de aguas tranquilas como espejos. Es una marisma en la que sobrevuelan cientos de pàjaros y las arenas en algunos lugares llegan a tener la textura de las tierras de caolín, una pasta gris y muy plàstica. El perfil frontal es como una piràmide escalonada. La ciudad medieval traza sus callejuelas en espiral ascendente desde la parte este de la isla. Los primeros en instalarse fueron los monjes benedictinos que construyeron en el 709 una iglesia prerománica que fue ampliándose hasta que, en el siglo XIII, gracias a una donación del rey de Francia, Philippe Auguste, -tras la conquista de Normandía- permitió la construcción del conjunto gótico y de la aguja del campanario coronado por la imagen de Saint Michel. Luego durante la Guerra de Cent ans, la isla se convirtió en fortaleza militar. Junto a Roma y Santiago de Compostela, le Mont Saint Michel fue uno de los centros de peregrinaje màs importantes de la cristiandad durante la época medieval. Y de hecho, los europeos del norte que viajaban a Santiago de Compostela, siguiendo el recorrido francés, incluían Saint Michel y Chartres como dos etapas del camino.

La ciudad medieval es pequeña y hermosa. En sus callejuelas comerciales, la vocación que siempre tuvo ésta pequeña ciudad medieval habituada a recibir peregrinos de todas partes y pelajes, la Mère Poulard es el símbolo de la hospitalidad y la tradición culinaria. La cocinera francesa creó su ‘auberge’ en 1888, sus recetas tradicionales elaboradas con los mejores productos de la región son célebres en el mundo entero. Se conserva el hotel, el restaurante con las recetas de las famosas omelettes, los pescados y crustáceos. Los precios incluyen el sitio y la historia, una habitación triple a 280 euros la noche, o une omelette poulard a veintiséis euros, batidos los huevos con fuerza en un cuenco de cobre y con el tradicional fouette, luego dorada al fuego de horno de leña, seguro està buenísima. Por precios asequibles se pueden degustar en una terraza muy agradable, con un buen café, las galletas típicas bretonas, sablés con pepitas de chocolate o naturales y seguir el camino de ascensión para disfrutar las vistas desde lo alto de las murallas y los jardines que se estructuran en la base de la abadía de este a oeste. La visión del paisaje desde la isla es come si navegáramos por un mar de arenas húmedas.

Es interesante experimentar los dos recorridos, primero desde la base de la fortaleza, bordeando sus murallas, torreones y ermitas pequeñas a ras del agua, con escaleras que pasan gran parte del tiempo sumergidas por las mareas. Los días en que se alinean la Luna, el Sol y la Tierra se producen en la bahía las mareas màs altas de Europa  llegando a alcanzar los quince metros. Luego subir hasta la entrada de la abadía y disfrutar de la inmensidad y el horizonte y de la arquitectura medieval de colombages, la armonización de la piedra, la pizarra en los techos, la madera en las tejas y en la utilización de pequeñas piezas cuadradas para el recubrimiento de muros. Los espacios medievales son caprichosos y azarosos. El paseo nos lleva desde ésta estructura a la sorpresa constante y el asombro.

©2009 Maite Díaz

Photographs © 2009 Maite Díaz

De paseo por Bretaña, le mont Saint Michel II

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3 Respuestas a “Francia. De paseo por Bretagne, le mont Saint Michel (I)

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