Francia. Un paseo de invierno

Fontaine en Chaalis, ruinas de la abadía del siglo XIII.    ©2009 Maite Díaz

Los últimos días han sido de tormentas polares. Baja el aire del Norte. En París el aeropuerto màs grande de Europa ha estado medio paralizado. Nieve en ràfagas de polvo blanco y fino con temperaturas bajas de -3  y – 4  grados que la convierten, ràpidamente, en un manto espeso. En las carreteras en el campo, donde no pasan las barredoras de nieve, ni las màquinas saladoras, las placas de hielo se cubren de nieve apretada por el paso de los coches, si utilizas el freno de mano el coche patina y en bajada pierdes el control. Yo siempre que veo una barredora de nieve en acción y una saladora, recuerdo la historia  -convertida en leyenda-  de un «dirigente cubano» que importó barredoras de nieve a La Habana en los años 60. Los cubanos, extravagantes y portentosos. Ésta característica nacional no està relacionada, necesariamente, con las filiaciones o fobias ideológicas. La compra, que seguro la realizó en Navidad, sería también obra del despiste caribeño, pero sobre todo, de jugar irresponsablemente con los dineros públicos, algo que también se le ha dado muy bien a la cultura cubana.

Ayer salimos a dar un paseo mientras en el horno se cocinaba un ave pequeña de corral, criada al aire libre, como los toros de lidia. Un relleno de pâté, castañas, uvas pasas y piñones, y, para acompañar, manzanas con canela, miel y ciruelas. Vino blanco, temperatura baja y tiempo, ese gran hacedor. Todo el invierno resumido en el paisaje blanco, silencioso, el sabor recordado de la niñez de las ciruelas pasas, sin hueso, ésta vez; y los recuerdos màs recientes de disfrutar del buen vino y las alianzas serenas de un queso gorgonzola picante y un mascarpone neutro, cremoso, convertidos como en capas  de una lasaña, sobre un pan de cereales e higos calientico.

Las carreteras estàn vacías, los hombres y mujeres del tiempo recomiendan quedarse en casa. En el colegio de Elisa, éstos últimos días, dejaban salir màs temprano a los niños para regresar a  sus casas, porque en el norte, en éstos días de invierno, a las cinco de la tarde ya es de noche. Las carreteras del bosque de Ermenonville estàn todas tapizadas de blanco. Con la nieve abundante el paisaje cambia. La nieve dibuja los caminos y senderos en los bosques desnudos. Pero donde la nieve se muestra majestuosa es en los grandes espacios organizados por la tradición paisajística de la arquitectura francesa, burguesa y aristocrática. Las perspectivas, las líneas de fuga, los senderos y caminos, la organización de los volúmenes constructivos y los árboles aislados o las masas boscosas. Cursos de agua, un molino, la rueda gira, canales que ondulan nerviosamente rompiendo el reflejo de las ramas, espacios donde aún las bajas temperaturas no han logrado petrificar y espolvorear -como si de azúcar fina se tratara- la muerte silenciosa del crudo invierno.

Las ruinas de la abadía del siglo XIII, conservadas en el espacio del jardín, fueron el núcleo original, hoy se han convertido en unas murallas contra el olvido, conservan la estructura, las técnicas constructivas, sus secretos. La imagen de las ruinas es la màs importante, es la portada del parque, museo y jardín. Las ruinas son como un fotograma de un desmoronamiento constante, el instante detenido de la destrucción . Allí siguen en pie, después de haber sufrido el bombardeo del tiempo. Los espacios se han convertido en la estructura, se abren al cielo y nos permiten ver desde una perspectiva diferente  los conjuntos de varias puertas o de una sucesión de éstas. Sus muros abiertos por el corte del derrumbe dejan ver las vísceras, las piedras y las argamasas de restos, una masa irregular y embutida -como en un encofrado de hormigón- que deja vistas al exterior unas piedras lisas, bien cuidadas en el corte y en la disposición. El interior de los muros de la abadía son como unos trozos de turrón de almendras, o como la imagen del corte vertical de un terreno que hubiera estado sometido a una avalancha descontrolada y violenta, como la de un tsunami. Estratos diversos mezclados, una gran masa heteróclita, sedimentada y controlada en el interior. El hombre reproduce y construye como la naturaleza, con la misma violencia.

©2009 Maite Díaz

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2 Respuestas a “Francia. Un paseo de invierno

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