Museo del Louvre. Rivalidades en Venecia (I)

Crónica de la exposición “Rivalités à Venise” que reúne las obras de Tiziano, Tintoretto, Veronés y Bassano en el Museo del Louvre
danaetiziano

La noche en los museos tiene un encanto especial. Las galerías y salones de pintura casi siempre son iluminados con luz artificial, envueltos en una falsa noche «conservadora». La llegada nocturna al Museo del Louvre para visitar «Rivalités à Venise», envuelve en el misterio de la noche real, la piràmide, borrando el eco de gran supermercado de la entrada. Y en la bajada a las galerías que se situan en el sótano del museo, comenzamos a navegar por los canales.

La exposición, como la ciudad en la laguna, està estructurada en diferentes islas. En el primer muro a la entrada, sobre un fondo oro viejo, se recortan las siluetas de los cuatro pintores: Tiziano, Tintoretto, Veronés y Bassano. El fragmento es del cuadro de Veronés, «Las Bodas de Canaan». El pintor realizó su autoretrato al centro, tocando un violín, el resto de los pintores forman con sus instrumentos un cuarteto musical. Desde el talento y el virtuosismo de cada uno producen una pieza armoniosa. La historia de la escuela veneciana, de 1540, hasta el fin del siglo, es la historia de las influencias y los intercambios entre éstos cuatro artistas. Vasari refiriéndose a ésta época de esplendor, describía a la naturaleza como sabia creadora de talento diverso y múltiple, que ademàs decidía reunirlo para que de las confrontaciones surgieran las mejores obras.

La primera parte de la muestra, establece las rivalidades iniciales entre los tres artistas màs importantes en ésta época: Tiziano era el mayor de todos y fue reconocido pintor del Papa, de príncipes y reyes europeos como Carlos V y Felipe II, y de todas las familias europeas influyentes de la época. Tintoretto, inspirado por el manierismo y admirador de Miguel Angel llega a Venecia con el ímpetu de una gran ambición y una personalidad y estilo diferentes al de Tiziano. En el mismo momento, Veronés, dotado de un talento excepcional para las grandes composiciones y de una visión monumental del espacio, es protegido por Tiziano que le favorece para que pueda obtener importantes encargos de los personajes màs adinerados de la ciudad. Tintoretto serà excluído, pero su talento y sus composiciones dinàmicas, ademàs de su utilización dramàtica de la luz y el color, lo convertiràn en uno de los artistas màs apreciados por la aristocracia veneciana.

En la primera sala nos reciben dos obras de Tiziano. De frente, a la entrada, nos mira severo y sereno el Papa Pablo III, viejo, apoya su mano izquierda en la butaca confortable, no sabemos si piensa levantarse, su mano derecha muestra el anillo  dispuesto al besa manos. Cuentan que cuando Tiziano lo sacó del atelier a la calle, para dar las últimas capas de barniz, los venecianos lo reverenciaban a su paso. Es un retrato poderoso e inquietante en el que la tensión psicológica se establece en un recorrido visual de reverencia desde su mirada, situada por encima de la nuestra, descendiendo hasta la mano que muestra el símbolo de poder obligàndonos a bajar la cabeza en el ritual de respeto y sumisión a la jerarquía.

Al otro lado «Danae». Un retrato desnudo muestra el cuerpo femenino en su esplendor. La mano izquierda se esconde tras las piernas entreabiertas; pudorosamente de perfil al espectador, su mano derecha sumerge sus dedos entres los pliegues del paño suave, blanco y vaporoso que sedosamente envuelve sus piernas. La visita de Zeus, la lluvia de piezas de oro representando la fecundación divina mitológica, asusta a un angelote transformàndole en intruso. La ligereza, en contraposición a los pesados paños que en la otra obra viste el Papa. Lo sagrado y lo profano, lo masculino y lo femenino, el poder sobrio, severo y el relajamiento  sensual del erotismo dialogan en éste espacio, como lo hicieron en su día en las mansiones y palacios de Venecia, la República libre y próspera. Tiziano construye con el color, sus pinceladas son visibles, los bordes se esfuman y las formas habitan sin contornos definidos el espacio, creando unas atmósferas por contrastes de color y luminosidad, sin la precisión de un dibujo definido a la manera de los pintores del centro de Italia.

En la segunda sala estàn las obras en grandes formatos de Veronés y Tintoretto. Al centro, el cuadro «San Marcos coronando a las tres virtudes», una obra de Veronés que resume el estilo elegante y aéreo del artista. Es un cuadro de tema sacro resuelto con un espíritu decorativo, en el que los espacios de los fondos, son tan importantes como las figuras de influencia manierista representadas en violentos escorzos, dibujados los paños con delicados tonos. La composición seduce por su dinamismo que estructura el diàlogo entre San Marcos, el hombre, el santo que flota, ofreciendo la corona a las virtudes representadas en un plano terrenal junto a niños y  àngeles. Las mujeres muestran sus brazos desnudos en alto, sus manos y  esconden sus miradas al espectador sin dar la espalda. En «La tentación de San Antonio» Veronés recurre a un encuadre cerrado, un primer plano que concentra toda la atención en la izquierda del cuadro, en la lucha de las tres figuras y el tormento del santo ermitaño. La violencia es representada por la acción, pero sobre todo, por la atmósfera oscura que sugiere una sensación de terror y asfixia.

Un pequeño retrato nos atrae, es un autorretrato de Tintoretto. De perfil, gira el rostro al espectador y fija sus ojos poderosos. Un fondo oscuro de un tono apagado, con olor a miel, ceras y aceites envuelve a la figura. Estamos muy cerca, sus cabellos negros ensortijados y sus ojos con un brillo de aceitunas. Entra y sale el contorno de la luz a la sombra, brillan los bermellones en sus pàrpados, las pinceladas visibles, los acentos luminosos modelan la belleza de su rostro determinado. La visión es un instante intenso que parpadea.

Veronés es el aire. Tintoretto la tierra, màs atormentado y apasionado en su manera de pintar, utiliza una paleta màs dramàtica y sombría. En sus cuadros de gran formato, el espacio es infinito. De los tres artistas, es el que estructura composiciones complejas con escenas simultàneas a escalas diferentes, adentràndonos en el paisaje en profundidad. En su San Agustín, los planos sagrado y profano establecen dos dinàmicas diferentes. San Agustín se dibuja en la parte superior del cuadro casi en un primer plano. Su cuerpo ligero, envuelto en una nube -como una aparición- ocupa todo el espacio. Sobre la tierra se suceden en profundidad, -como ecos-, las voces de las nueve escenas que discurren en perspectiva hacia un fondo arquitectónico en brumas. Las figuras se dibujan ondulantes relacionando los diferentes grupos de personajes: los enfermos, paralíticos, tullidos son los que animan la escena bajo los rayos benéficos de San Agustín.

Retratos de representación: patricios y patricias

Los retratos se realizan con un código de representación ideado por Tiziano y que continuaràn Veronés y Tintoretto. Los personajes por su posición, sus ropajes, joyas  y relación con el espacio, narran, describiendo con precisión, su posición social, los acontecimientos de su vida política o militar.

Los retratos femeninos estàn relacionados al espacio interior de la casa, el espacio femenino de la intimidad, de la familia y el hogar. Sobre un muro hay tres retratos femeninos, destacan las mujeres de Veronés y Tiziano. La primera, severa y sobria no luce grandes joyas, lleva un pañuelo en la mano y su mirada es de desconfianza. Tierra, su traje remata con pequeños lazos las mangas, es la única fantasía que ofrece la señora del pañuelo. La joven pintada por  Tiziano, se supone es su hija, con màs humor, lleva un elegante espantamoscas –como un cetro- de mango dorado y plumas. Su mirada es distante, y tal vez su aire un tanto altanero, se deba a su poder para espantar las moscas en la humedad de los interiores de Venecia. Su traje verde esmeralda le da un aire pesado y mineral que sólo lo aligeran las plumas de su cetro. Lleva pendientes dorados, alianzas y brazalete, un collar de perlas ajustado al cuello, un largo collar dorado con medallón y una especie de leontina sin reloj que termina en unos cascabeles. Quizàs astucias de los maridos para escuchar el tintineo al andar de sus esposas. Los retratos son de medio cuerpo, éstas rollizas patricias seguro llevarían calzadas les chopines, el calzado elevado en plataformas altas, ideado para las venecianas -por sus maridos- para dificultarles los desplazamientos ràpidos, las visitas furtivas o las citas ràpidas con los amantes protegidas por las brumas. A las mujeres la voluntad de encerrarlas siempre les ha dotado de mucha imaginación.
tizianoVenier
Dos retratos masculinos enfrentan a Tiziano y Tintoretto ésta vez. Los retratos de dos dogos de Venecia. Tiziano retrata a Francesco Venier a los sesenta y pico de años. Un hombre envejecido y enjuto, de mirada serena. Su mano derecha se mantiene en un gesto detenido de persuasión. De pie junto a una ventana, vestido con una capa ocre dorada y un sombrero de aire oriental, entre las sedas rojas de los cortinajes y el brocado de su capa, el personaje del alto dignatario, exhibe el exotismo veneciano en una anatomía decadente. Una mano retiene y la otra demanda prudencia. Los gestos de un diplomàtico o de un negociador. Desde la ventana, una barca con una vela latina inflada se desplaza, y desde un edificio, las espirales de humo de un incendio invaden la escena.Es sombría la atmósfera, la vida que termina. Tintoretto retrata a otro Venier, el Almirante Sebastiano Veniero, un militar protegido por su reluciente armadura. Viril y determinado. El Almirante de la flota de la República es el vencedor de la batalla de Lepanto. En la ventana que se abre al fondo, se despliega la batalla naval. Un cuadrado de cielo empastado y azul. El fragor del combate, las llamaradas y las espirales de humo  como gigantes entre las naves, decenas de remeros, como hormigas, y las velas plegadas.

©2009 Maite Díaz

(Continuarà)


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3 Respuestas a “Museo del Louvre. Rivalidades en Venecia (I)

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