José Antonio Díaz Pelàez (1924-1988)

Homenaje de sus amigos escritores al escultor  José Antonio Díaz Pelàez en La Gaceta de Cuba en junio de 1989
relampago
Relámpago. 1986. Colección Museo de Bellas Artes de La Habana.

… homenaje

Georgina Herrera

… Y sin propósito establecido, a esa hora en que la soledad en una capilla es lógica y devastadora, coincidimos todos los que llegamos a él por los muchos ángulos del cariño entrañable: las hijas y casi en pleno los integrantes de “la chapuza”, esa asociación mínima y selecta en la que el pretexto para su acceso era, casi siempre, un delirante partido de ajedrez, que a no ser por la presencia de torres, alfiles, damas, peones y reyes se acercaba màs a nuestro cubanísimo dominó.
Bajo el asiento de Rosendo han puesto la botella de la que todos bebemos de vez en cuando. De pronto, Tato canta bajito y Domingo dice que lo està despidiendo como amigo.
Va a amanecer. Voy hacia él por última vez y no le concibo la quieta indiferencia con que mantiene los ojos cerrados. Pero, miràndolo a través de ese color impreciso que pone el llanto, imagino que espera su momento de sonreír, de responder a quien lo llame por su nombre o por su apodo, que beberà un trago y moverà tercamente, para perderlo en medio del estruendo que no se repite y no se olvida, el rey de su juego.

La Habana, 1989

Georgina Herrera, escritora, reside en La Habana

El mejor del silencio

Mario Martínez Sobrino

JoseantonioHay una vida que une

A buscadores espiando la aventura

Bebiendo en sus vísperas

Hay una ciudad que une y separa vidas

José Antonio

¿Dónde nos encontramos?

Te buscaremos

Te buscaré

En la ciudad adonde fuimos

Entre humos y algo de luz

Nicolàs Reinoso busca otra vez el acorde

De una frase

Que el saxo no puede encontrar

Noche de gritos

Los bebedores esperan

La frase que no vas a decir

Pero en la locura de este jazz

Andan tus estatuas

Se encienden las luces

Los bebedores salen recordando

El acorde sin acabarse que los acompañó

A ti José Antonio

A ti que nos despides

Sin poder terminar la frase

Y frase eres

Por eso

A ti José Antonio

El mejor del silencio

El primero de los bebedores

Que nos deja en la sed

Del agua que nos lleva

Nos dejas

Pero nos dejas saber màs de la piedra

Dejando su fuerza hacerse en tus manos

Màs de nosotros

Menos de ti

Y más preguntas

Entre esos espacios de las piedras

Hablando sobre piedra de nosotros

De la Isla

De figuras que quisieron las palmas

Nos dejas

Buscador que nos encuentras

Cuando pareces escuchar miras

El horror y la belleza que faltan

Por decir en sustancias

De los ojos y mundos

La familia y la soledad del espacio

En hierro y segmentos de aire

Armados en tu acorde

A golpes de tu amor y de tu furia

Haciéndolos nuestros

Manos de la sangre

De lo que somos o queremos

Nos buscas

Nos buscas

Desde todos esos monumentos

Donde también te imaginamos

Con tus bigotes de encinas y pinos

Riendo

Ceceando inocencias y astucias

Que sabíamos Pelàez

Los que en balde esperamos tu acorde

En el saxo una noche de gritos

Sobre la piel de La Habana

Encuentras

Encontraràs

Seguiràs encontrando

Otras manos que querràn palpar

Las maderas los pedazos de profundidades

De la tierra que añadiste

En el siempre que queremos

Otros ojos

Que no sabràn como eras

Ni como eran tus ojos arrugados

Ni tus cuentos tu amistad tu risa

Ni como maldecías ni como te ocultabas

Mirando

Pero tendràn

Lo que fuiste por hacer

De la Isla en el mundo

(Este es el llanto de tus bebedores

Gallego

En nuestra Habana Inmortal)

La Habana, 1988

Mario Martínez Sobrino, escritor, reside en La Habana

La puerta entreabierta


Teodoro Espinosa

En la sala de la casa donde vivo conversan mi padre y mi madre, que ya estàn muertos. Las dos últimas palabras son provisionales; el tiempo abrirà la posibilidad de escribir “estamos muertos”, pero entonces el que escribe en primera persona no podrà hacerlo ni le interesarà. (Es lo màs probable). Son las ocho y media de la noche en el tiempo màgico de ésta ficción literaria. La puerta està entreabierta y voy a salir. Mis padres, siguiendo un viejo ritual preguntan a dónde voy. Les respondo que a conversar un rato a casa del Gallego.

Camino por la calle veintitrés y doblo a la derecha en dieciséis. La puerta del amigo està entreabierta al final  del amplio pasillo que es màs bien una calle que termina en su casa. Me detengo en el umbral. José Antonio, sentado en una silla, hojea un libro. Lo saludo y enseguida hace un gesto para que entre. Uno de los dos dice un chiste ocasional y nos reímos. Hay una tetera sobre la mesa y ya estoy convidado a un té. Hablamos sobre la maqueta que ocupa casi una cuarta parte de la estancia. Fue hecha por él mismo en su avatar de miniaturista asiàtico; dentro de unos meses la maqueta se tranfiguraría en un conjunto monumental. El hecho es que el artista es uno y es múltiple y ello pertenece a una dimensión misteriosa. En los estantes hay varias de sus esculturas de madera que aluden en planos de cubos salientes a  los pilares del acueducto de Segovia o a los sillares precolombinos del Perú. Y también hay pequeñas esculturas de cartón que parten de otras formas que el artista recrea en un Génesis propio.

Mientras tomo el té examino el libro que José Antonio estaba leyendo: es sobre el arte etrusco. Miro las làminas. Aparecen las necrópolis subterràneas donde los etruscos reproducían con arquitectura, ceràmica, escultura y pintura el mundo de los vivos. Observo cierta ilustración que muestra una puerta cerrada; la siguiente es de una puerta entreabierta. Los pies de grabado explican que en Etruria algunos artistas creyeron que no hay comunicación entre la vida y la muerte, pero los màs osados entreabrieron las puertas porque sí la hay. Percibo una revelación, una epifanía. La sala donde estoy empieza a tomar la extraña forma que tienen las salas de los sueños. Ya no veo a José Antonio: se ha marchado, no sé cómo ni a dónde. Los objetos se esfuman. Sin embargo, las esculturas del maestro mantienen la evidencia de lo real. No pueden desaparecer en este sueño literario porque tampoco desapareceràn en la muerte. Veo la puerta entreabierta y salgo.


Teo Espinosa, escritor. La Habana 1989

Adiós al gallego

Díaz Pelàez

Enrique Silva, galerista

silvaesculturajoseantonio

Enrique Silva, en la exposición de José Antonio Díaz Pelàez en marzo de 1959 en la galería Roland de Aenlle en New York.

¡Que fàcil es la ausencia!

Jaime Sabines

Ausente estàs.

Fue como un grito en la mañana

de un día quieto y sin testigos.

Ausente estàs de camaradas

con los que discutías tus rigores.

Nos conocimos lejos y en caminos

sin noches y sin días.

Lejos del admirable encanto de las Islas

donde el acoso regía la distancia

y el encuentro de culturas y de pueblos

nos aunaba. Tú, con los palos atareados,

yo con la palabra a cuestas.

Eramos dos cubanos

libres buscando horas marginadas

en las formas de cosas y sustancias.

Sacàndole al misterio sus sombras

y a la luz el alma. Dividiendo la vida

en lo instantàneo del juego sutil

y la melancolía.

O tu mano diestra.

O mi voz quebrada.

Con Roland de Aenlle subimos la escalera del vacío

y encontramos una fecha con destino.

Risa de marinero y ojos errantes,

piel ultrajada a destiempo y andar desesperado.

La calle no escondía el perfil de tu rostro fascinado

por la oculta visión de cuerpo de mujer.

Eras y fuiste hombre en el mayor de los sentidos

… porque obra dejaste y disfrutó tu mano.

Adiós amigo, que la sombra no te oprima la ironía

que aquí la luz te la guardamos.

La Habana, 1988


4 Respuestas a “José Antonio Díaz Pelàez (1924-1988)

  1. Hermoso homenaje a tu viejo, Maite.
    Lo recuerdo en mis primeros meses en San Alejandro, con su mirada noble y su bigote de fumador.
    Un abrazo.

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  2. Rosel Nápoles Labrada

    Hola.
    Necesito imágenes de la obra de José Antonio Díaz Peláez entre 1960 y 1980 para un postgrado de arte cubano. Incluir título y fecha de realización. Enviar al email.

    Me gusta

  3. Hola Maite, acabo de ver esto buscando cosas de mi madre, que está de visita conmigo ahora. Me dice que esto apareció en la Gaceta o Unión, y que fue un esfuerzo especial de sus amigos. Está muy lindo.
    Un beso
    Ignacio

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