Aniversarios

A mi padre
marinajoseantonioMarina y José Antonio Díaz Pelàez en La Habana, en 1927 o 1928

Estàn en el número 67 de la calle Reina. El sello del estudio fotogràfico es: A. Sainz. Mi padre había nacido un 1 de julio de 1924 en la calle Reunión, en el popular barrio de los Sitios, muy cerca del puerto de La Habana. En los años veinte, aquel barrio debía ser como  Little Italy en New York. Era un barrio lleno de emigrantes españoles, con sus comercios y sus voces con acentos mezclados de todas partes de España y también con las voces de los habaneros y cubanos que convivían en aquel sitio de la ciudad. Los vendedores ambulantes de periódicos, los afiladores de tijeras, sus ruedas fascinantes y el sonido de una armónica que todavía recuerdo en mi niñez. Pasaban los heladeros chinos y mi abuela compraba siempre el coco glacé que tanto le gustaba. Aunque prefería ir paseando al parque de la Fraternidad y comprar allí los helados a sus cuatro hijos.

Mi tía Marina tiene un abanico a medio abrir y con la mano izquierda toca una flor de la cesta. Una pose dispuesta por el fotógrafo. Mayores, los dos hermanos todavía recordaban conversando el día de la foto. Mi abuela Elisa los llevaba a fotografiarse –regularmente- y enviaba las imàgenes a sus padres y hermanos en Asturias para que los vieran crecer. En un viaje de negocios desde La Habana, mi abuelo Salvador llegó solo al pueblo de mi abuela en Cangas de Onís.  Mi bisabuelo Fausto lo recibió enfadado por no haberla llevado de viaje con él.

Tiempo después, en la misma calle Reina, mi abuela Elisa los llevó a bendecir a la iglesia, antes de atravesar el Atlàntico de regreso a España. En aquella época era importante el trasiego comercial marítimo entre el puerto del Musel -en Gijón- y el puerto de La Habana. Transcurría el año 1929 cuando decidieron regresar a Asturias. La crisis económica y el crack financiero marcaron a mi abuelo, que después de mucho trabajar, se había convertido en un pequeño comerciante próspero, tuvo miedo de perderlo todo y ya no volvió a confiar en los bancos.

Mi padre comenzó la escuela en Gijón y Marina continuó sus estudios primarios. Mi tía María Luisa se fue a estudiar a Madrid, y Luis entró en la Universidad politécnica de Gijón para hacerse ingeniero eléctrico. Vivieron diez años hasta que terminó la guerra civil española en 1939. Lo habían perdido casi todo en los bombardeos de Gijón. Ésta vez, a causa de la guerra. Se refugiaron tres años en San Martín de Grazanes, y desde allí, poco después de entrar los nacionales, marcharon a Lisboa, y luego a La Habana. Mi tío Luis, el mayor, que había sido de un comité republicano en Cangas de Onís, tuvo que marchar solo, andando, hasta Francia. Después de darlo por muerto, pudieron ayudarle a salir de los campos de refugiados y residió durante un año en Saint Jean de Luz, -una hermosa ciudad pequeña de la costa atlàntica del País vasco francés-, hasta que pudo embarcarse hacia América.

Una foto de dos niños que escaparon en los montes asturianos de los Picos de Europa a una evacuación que hacía la República –vencida- hacia la costa. Retiràndose hacia el mar esperaban ganar los barcos para embarcar hacia Rusia a los que habían perdido a sus padres. Los dos hermanos inseparables conocían los montes como las palmas de sus manos, habían salido a dar un paseo y entretenidos se alejaron. Los detuvieron y no les creían que vivían cerca de allí. Tuvieron que escapar. Una imagen a partir de la que podemos hacer un recorrido de la vida de una familia, ligada a los avatares de la historia del siglo XX. La emigración, la pobreza, la fortuna, el éxito, la pérdida, el desarraigo, las injusticias, los descubrimientos y la felicidad. El nacionalismo, los revanchismos políticos, los enfrentamientos ideológicos. Una familia que tuvo que comenzar màs de una vez, mi Tía Marina murió en el exilio, en Florida. Una familia que vivió la experiencia de los dos totalitarismos: el fascismo en Europa y el comunismo en Cuba

©2009 Maite Díaz

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4 Respuestas a “Aniversarios

  1. Manuel Díaz Martínez

    Qué foto tan bonita. También me gusta tu texto. En esta foto tu padre tiene la misma mirada que le conocí. Un abrazo, querida Maite. Gabriela y Claudia a veces me preguntan si sé de ti.

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  2. Un abrazo querido Manolo. Qué bueno que has visto la foto. Es tan viva su mirada, que me recuerda siempre la impaciencia, o tal vez la urgencia con que vivió mi padre. Besos y un abrazo a Claudia y Gabriela.

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  3. Comparto lo que dicen sobre la mirada. Tuve el privilegio de haberlo conocido y haber jugado centenares de partidas de ajedrez con el. Todavia recuerdo con bastante exactitud muchas de sus palabras y de sus bromas.

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  4. Gracias Ernesto por tus recuerdos, alguna vez estuve en el taller de Manero, donde jugaban también al ajedrez, la pieza Relàmpago lo ayudé a pintarla y a resanar las juntas en aquel taller.
    A mí me enseñó a jugar al ajedrez mi padre. Un abrazo.

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