Montépilloy (1429-2009)

Éste verano se cumpliràn 580 años de la llamada Batalla de Montépilloy. En éste pequeño pueblo de Oise, se reunieron el rey Charles VII, Jeanne d’Arc y Étienne de Vignolles. Durante los días 14 y 15 de agosto de 1429 se alojaron en el castillo de Montépilloy.
chateau

Castillo de Montépilloy. Oise, región de la Picardie      ©2009 Maite Díaz

Entre los bosques de Ermenonville y Chantilly, a cuarenta kilómetros al norte de París, en la región de la Picardie, se extiende una amplia llanura regularmente cultivada de trigo, colza, patatas o remolacha. Las parcelas perfectamente dibujadas van cambiando de color al ritmo de las estaciones. Un domingo caluroso de verano, bajamos desde la baja Normandía y antes de llegar a la ciudad de Senlis, atravesamos una carretera nacional y seguimos un pequeño camino que bordeaba unos grandes silos. Éstas torres monumentales son los únicos elementos industriales en el paisaje. La tierra transformada por la agricultura, conserva un paisaje que no ha sido maltratado por la urbanización. El camino se eleva en una pendiente suave. Al llegar a la cima de la colina, la estrecha carretera se convierte en la calle principal de un pequeño pueblo. La vista desde allí muestra toda la hermosura de la grande plaine. Un horizonte y un mar verde. Un gran manto armonizando toda una cuadrícula irregular de verdes de trigo, amarillos de colza y salpicaduras de rojas amapolas. Luego, como batallones de caballería organizados estratégicamente, los macizos boscosos de un verde màs profundo crean las tensiones, los ritmos visuales del paisaje. Desde la gran torre del castillo medieval, Jeanne d’Arc y su bravo compañero Étienne de Vignolles, apodado, la Hire, observarían los movimientos de las tropas del Duque de Bedford que se había desplazado desde París con diez mil hombres.

Era verano también aquel día caluroso. El 14 de agosto de 1429, las tropas del Duque de Bedford trataban de detener el avance de la armada del rey de Francia, Charles VII, que había sido coronado un mes antes en Reims. El enfrentamiento militar no se produce de manera frontal. El 15 de agosto, después de algunas escaramuzas y de la prudencia de ambos ejércitos, deciden retirarse; sofocados por el calor y la intensa luminosidad del verano. La batalla de Montépilloy no regarà de sangre éstos campos. El Duque de Bedford regresa a Senlis camino de París y Charles VII, remonta con sus hombres hacia el norte, hasta Crépy-en-Valois.

El castillo de Montépilloy no fue testigo de la batalla. Es posible que ésta condición de serenidad le haya acompañado através de la historia. Quizàs le haya dispuesto para presenciar las luchas por la unificación de Francia desde el privilegio geogràfico y estratégico de una atalaya distante de las ciudades importantes. Por éstas pequeñas calles, polvorientas de verano, de paja de trigo, pasearon los grandes guerreros, se tejieron las luchas intestinas del poder y se trazaron estrategias.

El pequeño pueblo de ciento sesenta habitantes, conserva la Iglesia pequeña, los arcos de piedra de lo que sería el recinto de la propiedad religiosa. Unos portones de madera, recios, nos abren la entrada. La capilla estructurada en una sola nave, se levanta con piedras perfectamente talladas y ensambladas. En algunas de las aberturas, se conservan las tallas antiguas de algunos arcos ojivales trilobulados, cubiertos de cristales emplomados con diseños màs modernos. Actualmente, residen familias en las casas que se abren en el patio interior. Cae la tarde. El silencio reina entre las sombras proyectadas. Sobre las calles empedradas, sobre los muros de piedras desfila el tràfago de la historia y sus ruidos… las pesadas armaduras, los relinchos de los caballos agotados por el sol de agosto, los gritos y las voces de mando. Los obuses alemanes de la guerra del 14 silbando a lo lejos antes de caer en Senlis. Y treinta años màs tarde, los motores de las aviones alemanes de reconocimiento y en la noche, los motores silenciosos de los aliados que llegaban desde la Francia libre, para lanzar paquetes de municiones, medicamentos, información a la población de ésta zona que se mantenía todavía bajo la ocupación en la primavera de 1944.

Bajamos hacia la Fontaine en Chaalis. Un prado inmenso. La carretera se dibuja como un trazo fino y gris, y, la pequeña aldea de Foucheret aparece como una isla de piedra flotando. Nos detenemos al borde de la carretera. En el muro de piedra, una pequeña placa recuerda a los resistentes que recuperaban los lanzamientos de provisiones y armas que llegaban desde el territorio de Francia libre en Normandía. Muchos fueron detenidos por la gestapo y enviados a los campos de concentración. Algunos no regresaron. La placa recuerda a éstos hombres anónimos que fueron condenados por la barbarie a desaparecer. Un destino compartido con Jeanne d’Arc, a la que el cardenal Winchester ordenó quemar màs de una vez para asegurarse que no quedara nada. Esa obsesión totalitaria por eliminar todo rastro. Vuelvo mis ojos a la vastedad, a la maravilla de tanta hermosura. Elisa corre feliz por los pequeños caminos entre las espigas. Se cruzan varias líneas de tierra amarilla, pasan los ciclistas. Desde aquí abajo, busco la gran torre en ruinas de lo que fue el castillo, y no escucho màs que el sonido dulce de las espigas.

©2009 Maite Díaz

Texto y fotoreportaje. Visite el recorrido de Montépilloy en Flickr

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s