La Caída del Muro (III) Hungría

El guardiàn de la cortina de acero. Documental de la serie La Caída del Muro.

En los ochentas en La Habana, leíamos clandestinamente a Orwell, a Kundera entre otros escritores. Su novela, La insoportable levedad del ser describiendo la represión de los sucesos de Praga del 68, mezclados con sus relatos autobiogràficos de amor y desamor nos permitía reconocernos. Llegàbamos con nuestras lecturas a Budapest, y preguntàbamos a nuestros padres por la primera intervención soviética en 1956 y la ejecución del primer ministro acusado de alta traición. El comunismo en el trópico, conocía los sucesos históricos posteriores a 1959 con retraso, gracias a lo que se filtraba de la prensa occidental, la radio y através de la ficción. O de la visión manipulada de la historia de la prensa oficial cubana.
Árpad Bella en agosto de 1989, en Hungría, comandaba una unidad militar encargada de reprimir y controlar un paso fronterizo. La frontera austro-hungàra se convirtió en la línea de la deseada libertad, en un horizonte arriesgado, dibujado por una alambrada de púas electrificada. Budapest había sido siempre difícil de doblegar. En junio de 1989 el ministro ejecutado por los comunistas, en 1956, fue enterrado con homenajes como un héroe de la lucha por la independencia. En Hungría las demandas y exigencias democràticas atraían a centenares de alemanes que intentaban ganar la Alemania libre atravesando la frontera austro-húngara. Durante el verano de 1989, las imàgenes de los refugiados alemanes huyendo de la estructura estalinista que mantenía Honecker, dan la vuelta al mundo. Familias enteras se instalan en tiendas de campaña, en simulacro de vacaciones. Por la noche, intentan atravesar la alambrada. Los que son apresados, son devueltos a Alemania del Este.


El movimiento democràtico gana fuerza en todas las esferas de la sociedad. La oposición exige elecciones libres, libertad de reunión y de prensa y el derecho a manifestarse públicamente. Se establece un pacto clandestino entre la Orden de Malta y la Iglesia protestante que reparten boletines de información para reunir a los alemanes del Este en un picnic paneuropeo en favor de las relaciones entre los pueblos del centro de Europa. Cerca de las tres de la tarde, Árpad Bella se encuentra frente a ciento cincuenta alemanes concentrados en su puesto fronterizo y dispuestos a pasar. Bella recuerda que fue imposible conversar y recibir consignas de los altos mandos frente a ésta nueva situación. Decidió abrir y no utilizar la fuerza. Las familias alemanas pasaron a las 14h 57 la línea fronteriza sin ser interceptados por las fuerzas militares húngaras. Árpàd Bella no cumplió las órdenes de disparar, las órdenes represivas de un sistema que ya no se tenía en pie. Ningún superior quiso asumir la responsabilidad de la masacre y dejaron la decisión a éste hombre, que retiràndose, permitió que la vida de centenares de personas cambiaran aquel verano de 1989. La alambrada no existe. Árpad Bella, retirado, cuida de sus terrenos vitícolas. Los postes de la cerca fronteriza electrificada fueron desmontados y reutilizados para estructurar sus viñedos.

©2009 Maite Díaz

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