La Caída del Muro (II) Polonia

La serie de documentales sobre La Caída del Muro y la desaparición del bloque del Este organiza la narración a partir de algunos retratos de las personas que resultaron claves en el desarrollo de los acontecimientos en los respectivos países: Polonia, Hungría y Rumania.
Al terminar de ver ésta parte de la serie una idea se afirma claramente, los sucesos se desencadenaron con mayor violencia en Rumania, país  en el que a pesar de haberse separado de los dictados del Kremlin, la violación de los derechos básicos y la imposición de un régimen de penurias, contrastaba con la vida de derroches e impunidad de sus màs altos dirigentes políticos.

henrykakrzywonosEn el segundo documental, Henryka Krzywonos narra desde su experencia, la fundación del sindicato independiente Solidaridad en la ciudad de Gdansk, en Polonia. Henryka es una mujer sencilla. Trabajaba como conductora de tramways durante jornadas semanales de cien horas remuneradas por un salario miserable. Durante su testimonio recuerda la fatiga que llevaba a dormirse a los conductores exhaustos ocasionando muchas veces accidentes y problemas de circulación en la ciudad.

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En 1970 los obreros habían intentado un primer pulso para exigir mejoras salariales. Esta huelga terminó en una sangrienta masacre. Diez años después y tras la lección de éste primer movimiento sindical independiente apagado de manera violenta, los trabajadores deciden mantenerse en el interior de los astilleros para evitar la confrontación con las fuerzas represivas. Los entrevistados cuentan que se temía una represión por mar de las fuerzas navales soviéticas. El gobierno polaco consciente de la magnitud de la crisis decide no utilizar la fuerza y entabla negociaciones para satisfacer las demandas salariales de los trabajadores de los astilleros. Lech Walesa decide levantar la huelga pues el estado promete un aumento del ciento por ciento de los salarios. Otros sectores de la economía menos importantes y comprometidos con el poder soviético no reciben respuesta a sus demandas. Estos trabajadores se dirigen a las puertas de los astilleros clamando como una sola voz: solidaridad. El Papa Juan Pablo II de origen polaco y combatiente antifascista se pronuncia apoyando a los trabajadores y su movimiento independiente.

Henryka recuerda ese día. El ambiente  incómodo y caldeado entre los pasajeros del vagón que ella conducía. Agotada por las largas jornadas y en un gesto que califica con  honestidad como espontáneo, decide parar el vagón en un cruce estratégico creando una barrera que corta la circulación en la ciudad y suma a los pasajeros a la huelga para reinvidicar una negociación unidos contra el estado.
Walesa acepta y Henryka se convierte en una voz decisiva en la negociación. Una voz que no acepta ninguna medida que no se ajuste estrictamente a las demandas precisas del conjunto de los trabajadores. El movimiento crece. Llega un impresor y comienzan a editar boletines en el interior de los astilleros para informar al exterior, a la población, sobre los acontecimientos internos en relación a los huelguistas y sus demandas. Esta labor de información fue fundamental, pues los medios oficiales tergiversaban o no informaban con rigor sobre las demandas de los trabajadores en huelga.
Las demandas no solo se referían a los salarios. El movimiento exigía libertad y democracia. El derecho a un pasaporte y a poder viajar, salir y regresar al país. El derecho a una vida digna, al respeto de los derechos civiles, la libertad de expresión y de asociación.
El 31 de agosto de 1980, los huelguistas piden el derecho a la huelga y a la posibilidad de asociarse en sindicatos independientes.
El estado polaco valora la posibilidad de una intervención militar soviética para controlar la situación. El 13 de diciembre de 1981 el general Jaruzelski decreta la ley marcial. Se producen arrestos y Walesa es encarcelado. Se suspenden las emisiones de radio y televisión. Los teléfonos son intervenidos, las huelgas y manifestaciones prohibidas. El Sindicato Solidaridad, primera asociación independiente en el Este, llega a tener diez millones de miembros. El general Jaruzelski ordena un estado de sitio como parodia del Estado de Derecho para poder detener e interrogar a los huelguistas y manifestantes.
La policía interviene en la casa de Henryka. Durante el registro encuentran un rodillo de impresión en la parte baja de un sofá cama. El rodillo había sido utilizado para imprimir los boletines informativos distribuidos por los huelguistas. Henryka inventa una historia a propósito del rodillo definiéndolo como un utensilio de pastelería sin ninguna importancia. La policía se va y ella entrega el rodillo a unos vecinos temiendo el regreso. A la vuelta, la policía la golpea de manera violenta al no encontrar el rodillo provocándole un aborto y la esterilidad. Henryka parte a Chechenia. En el documental se desplaza al lugar donde vivió bajo una falsa identidad y explica que para poder quedarse y trabajar tuvo que realizar un matrimonio blanco. Actualmente los rusos realizan éste tipo de uniones con polacos para poder mantener la residencia legalmente en Polonia. Durante años vivió clandestinamente bajo otra identidad. Los amigos que encuentra se solidarizan con ella y su jefe en la fábrica donde trabaja la protege.
Los años transcurren y las condiciones económicas empeoran en Polonia. Crece la inflación y el racionamiento de los productos alimenticios e industriales.
La iglesia católica juega un papel fundamental  en la movilización  del pueblo polaco. Los sacerdotes se convierten en líderes políticos. La represión se recrudece y un cura es asesinado por tres agentes de la policía secreta. El Papa Juan Pablo II viaja a rendir tributo al sacerdote, y, ésta manifestación de duelo se convierte en una demostración popular de fuerza.
En 1988 el Sindicato Solidaridad es legalizado y se transforma en partido de la oposición. En junio de 1989 se celebran elecciones después de la negociación pacífica. Lech Walesa se convierte en el primer presidente de gobierno, no comunista, en un país comunista.

Los polacos habían derribado el muro pacíficamente en las urnas, darían el ejemplo para que los otros países del bloque comenzaran a dar pasos en favor de la democratización y la normalización de sus sociedades, fuera del eje del Imperio Soviético. El bloque del Este, el muro, el telón de acero, el Pacto de Varsovia se convirtieron en una maquinaria herrumbrosa, obsoleta y desarticulada. Su desmontaje comenzó, irónicamente, en los astilleros de Gdansk en Polonia.

©2009 Maite Díaz

Fotografía de Henryka Krzywonos, cortesía de arte TV.
Fotografía de Lech Walesa http://www.theatrum-belli.com

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4 Respuestas a “La Caída del Muro (II) Polonia

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