Picasso y los maestros

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Modigliani, Picasso y André Salmon

La exposición «Picasso y los maestros», en los espacios de exposiciones del Grand Palais, en París, es un viaje por la historia de la pintura através de los cuadros de Picasso. Para esta muestra se han reunido obras del artista español y de los pintores que influyeron en su trabajo, los artistas con los que mantuvo un diálogo intenso, de admiración y aprendizaje. Picasso ha sido un artista controvertido, con detractores y admiradores fundamentalmente por su capacidad productiva. Su producción prolífica y cambiante le permitió romper con el canon del estilo a través de toda su infatigable carrera artística.

El Museo Picasso de París recoge una colección de piezas que reúne todas las investigaciones creativas del artista, sus trabajos con el espacio tridimensional, la escultura modelada o construida a partir del ensamblaje de fragmentos y planos, sus experimentos matéricos, sus collages de objetos; una visión de su obra en toda su versatilidad y complejidad. Sin embargo, ésta exposición es un diálogo de Picasso con sus maestros pintores, un descubrimiento de sus pasiones de coleccionista, de sus conceptos pictóricos en relación a la historia de la representación en la pintura occidental. En la muestra se establece un diálogo entre sus obras y las piezas en las que se inspira.

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“Yo, Picasso” 1901 Colección particular.  Retrato de El Greco

Comienza la primera sala dedicada a los AUTORRETRATOS. En ésta sala se reúnen El Greco, Rembrandt, Goya, Cézanne, Gauguin y varios autorretratos suyos conocidos. En las obras de los viejos maestros la concentración, la luz dibuja misteriosamente hacia las sombras, nos perdemos en la oscuridad para despertar ante los bermellones poderosos de Gauguin y esa mirada irreverente que podría prefigurar a un Serge Gainsbourg, el parecido es asombroso. El de Goya es un cuadro tranquilo, el del Greco una atracción que nos sigue durante el recorrido de la sala, son mágicos los ojos, la pincelada corta, empastada, el aire de la figura, la sutileza de la inclinación del rostro. El cuadro que da nombre a la sala, «Yo, Picasso», de 1901, es un cuadro con la armonía complementaria de Gauguin, pero pintado con la fuerza de las pinturas negras de Goya, una pincelada plana, cuadrada, constructiva y también a golpes de espátula en los movimientos blancos de la manga de su camisa.

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La segunda sala, MODELOS, presenta al centro copias en escayola de las grandes piezas de la escultura clásica de las colecciones del Louvre que han servido de modelos en las escuelas de arte del mundo entero. Se introduce aquí, su primera fuente de búsquedas en el estudio de la escultura griega, en un muro se presentan sus dibujos de estudiante. De éste período clásico, se exponen varias obras realizadas en esas atmósferas de tonos rosas, tierras, grises plata, tonos arenosos con los que construye sus figuras de inspiración clásica, influidas por el primitivismo del descubrimiento de la escultura ibérica en las salas del Museo del Louvre. Ésta representación sin profundidad nos ha dejado cuadros hermosos como el Desnudo de pie, Los adolescentes o “El joven conduciendo el caballo”, tres obras de 1906 , grandes formatos de tonos delicados, dibujos suaves y sugerentes en los que las figuras aparecen, se esconden, borran la pintura, se hacen fluidos sus contornos, chorrean líquidos espacios. Al centro de la sala, El triunfo del Dios Pan de Nicolàs Poussin. La celebración, el erotismo, la fertilidad dibujada en los cuerpos femeninos; la caza, la música, el vino, las frutas y las sombras del bosque, la fuente y alrededor toda una serie de obras representando cuerpos femeninos desnudos. Renoir y, a su lado, la « Grande Baigneuse » de 1921, de ojos desmesurados cuerpo rosa poderoso y un fondo verde plomizo que hace pesar aún más a la figura.

Saliendo de la sala «clásica», sobre el muro descansa una frase: « La enseñanza académica de la belleza es errónea (…) La belleza del Partenón, de las Venus, las Ninfas, los Narcisos son todas mentira. El arte no es la aplicación de un canon de belleza sino lo que el instinto y el cerebro pueden concebir independientemente del canon(…)

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La sala dedicada al color se titula INDIGOMANÍA, el catálogo narra la anécdota de que los violetas y azules de Manet, fueron los primeros en crear escándalo en el Salón de 1881, luego, la reacción anti-impresionista ataca con violencia éste síntoma de la «indigomanía». Picasso comienza su periodo azul, con esta idea de utilizar el color como manifiesto. Sus figuras se alargan siguiendo la influencia del Greco. Sus cuadros adquieren una atmósfera fúnebre; es la época en que su buen amigo Casagemas se suicida. Picasso pinta, El Entierro de Casagemas siguiendo la influencia de la estructura compositiva de El sueño de Felipe II del Greco. Ésta obra es un óleo y tempera sobre tabla de 1570. En una composición simbólica representando la tierra y el cielo, se producen en el espacio del cuadro varias escenas simultáneas, su estructura compositiva es manierista prefigurando el barroco. Los planos celestiales y los abismos demoníacos, la representación de ángeles y demonios. El Entierro de Casagemas es un cuadro resuelto en tonos azules, un recorrido de personajes dolorosos sin rostro. El cuadro que domina la sala es una obra de gran formato, «La familia Soler». Aparece representada una familia, las figuras de una pareja y sus cuatro hijas. La influencia del aduanero Rousseau es visible en un cierto primitivismo. La estructura compositiva, la coloración y atmósfera bucólica de un verde profundo recuerda el Desayuno sobre la hierba de Manet. Goya aparece en una manera de sintetizar los rostros. Es un cuadro inquietante, único en la iconografía picassiana, resume los rasgos con el aire primitivo de Rousseau y un expresionismo quieto.

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En la segunda sala dedicada al color se describe el encuentro de Picasso con la gran tradición española: el Greco, Murillo, Velázquez, Zurbaran, «la manière espagnole». En el Museo de Orsay hace seis años, se expuso Manet-Velázquez, una serie de obras maestras de la pintura española y francesa. La tesis de la muestra giraba en torno a la influencia de una tradición y de una estética española en la transformación de la pintura francesa en el siglo XIX. Un artista para comprender ésta influencia es Manet; el análisis de la obra de Manet, sus viajes a España, sus visitas a la colección en París del que fuera embajador de Francia en España y, sus cartas, la correspondencia que describe su admiración por la tradición pictórica española. San Francisco de Asís en su tumba, 1630-1634 de Zurbaràn, es una resurrección, descalzo, su pie izquierdo asoma bajo la sotana, una imperceptible luz naranja dibuja sobre el oscuro y azulado suelo. La obra de Zurbarán es misteriosa y sensual, es igual si representa un tema religioso, un grupo de objetos, un vaso de agua o la fragilidad de una flor. El rostro, bajo la capucha, se dibuja sutilmente entre sombras, su cabeza flota, la calavera como un cáliz entre sus manos, avanza. Los paños pesan, ondulan, sientes el calor y la suavidad de la materia. Ésta sensualidad, éste talento para describir con la materia, para componer y jugar con el espacio, su profundidad, su luz, subyugan a Picasso; es la misma narración del Joven mendigo de Murillo, 1645-1650, la luz en diagonal dibuja las piernas del niño o tornea el ánfora de barro. Una sobriedad, una economía y el trato cercano de lo real sin mistificaciones. La pintura española tiene esa concentración en el sujeto, en la que el paisaje, es un telón de fondo. El muro que comienza por la derecha con José de Ribera, que firma, «español» sobre el lomo del libro de su retrato de Demócrito, el retrato de Ambroise Vollard y una segunda obra del período cubista de Picasso, obras estructuradas, fragmentadas, llevando la mirada de la superficie a la profundidad del espacio. Cerrando el muro, el San Francisco de Zurbarán, el resumen de ésta tradición de sobriedad, de concentración y gravedad, de atmósfera de tierras naturales y grises cálidos.

La sala TAROTS reúne una serie de retratos presididos por el «Retrato del enano Sebastián de Morra» de Velázquez, el bufón de mirada grave y cerrados puños. Según leo, Jacqueline en una entrevista de Malraux, contaba que ésta serie de cuadros son los frutos de los estudios hechos por Picasso de los retratos de Rembrandt. Éstos personajes, realizados después de su convalescencia, a partir de 1966, según los estudiosos de su obra, son una reafirmación de su hispanidad. En éstos cuadros Picasso se autorretrata, vuelve a su juventud recupera su fuerza viril y su pasión. Hay toda una referencia literaria al siglo de oro en las referencias formales de gorgueras, sombreros, plumas, espadas, capas y, a la vez, una gran ironía, una síntesis mordaz, una burla sarcástica en el reconocimiento del tiempo que pasa inexorablemente.

VARIACIONES. Picasso y sus mujeres, Picasso y las mujeres de los otros pintores. La mujer es un tema recurrente en su obra y con el que recorremos también sus amores y sus pasiones. En éstas salas los curadores han reunido bajo el tema genérico de variaciones, sus diálogos con Delacroix a partir de la obra “Femmes d’Alger” de la que realiza estudios y varias obras entre 1954 y 1955. Sobre la elección de ésta obra por Picasso, se especula sobre el parecido de su mujer, Jacqueline Roque, con la argelina sentada de perfil en el cuadro. Es posible también definir ésta serie como un homenaje de Picasso a Matisse, a la intensidad luminosa del color del pintor francés, a la sensualidad y voluptuosidad del mito oriental, a sus odaliscas, de las que dirá a Kahnweiler recibirlas como herencia. El erotismo de Picasso es agresivo, desnuda a las mujeres, dibuja, pinta sus senos y realiza diferentes alusiones a formas fálicas en la composición.

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El desnudo femenino, en una sala los cuadros de Goya, Tiziano, Ingres, La Maja Desnuda, las Venus y, las versiones de éstas obras. El desnudo para Picasso es la esencia misma de la pintura, de la materialidad de la representación. Critica a Rubens, su falta de realidad, su falta de precisión en la narración, dice Picasso: todo está pintado igual (en las obras de Rubens) un seno, un paño…Para Picasso la verdad pictórica es la creación de un signo que significaría el objeto, la pintura como un lenguaje, sin estilo, adaptándose a cada objeto, a la búsqueda de la palabra exacta para definirlo adquiriendo su sentido en la narración. En el tema variaciones llegamos a Manet, el más español de los pintores franceses. Español por elección estética, por su admiración de las colecciones de los pintores españoles en el Museo del Prado. Manet es «el pintor de la cita, el artista fundador de la modernidad». Se exponen las versiones casi escultóricas de Picasso del “Déjeuner sur l’herbe”. En el Salón de 1863, después de no ser aceptada, Manet la presenta al Salon des refusés desatando controversia y polémica por su atrevimiento, cien años más tarde Picasso realiza veintisiete cuadros y deja una frase escrita en un sobre en 1932 revelando su admiración y fascinación por éste cuadro:

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«Cuando miro el Desayuno sobre la hierba de Manet, me digo que tendré dolores más tarde». Durante toda su vida volverá sobre los cuadros de Manet, La Olimpia, Lola de Valencia, Les Amoureux, trabajará sobre los cuadros o sobre fragmentos, detalles dibujados que guardan sus carnets. Una especial atención merecen sus estudios y versiones de Las Meninas realizadas durante seis meses de agosto a diciembre de 1957. Los personajes de las infantas se simplifican y reducen y Velàzquez crece, se estructura como un totem vertical que amenaza con escapar del cuadro, es una versión que recuerda al Guernica en su utilización de los grises, pero que conserva una estructura más estática dentro del formato cuadrado como en el original. Los signos gráficos se simplifican llegando a reducirse a dibujos simples e infantiles utilizando una paleta de colores primarios y luminosos. Picasso teatraliza la composición, recrea un retablo, un espacio de representación.

El tema de la guerra, las víctimas y los verdugos comienza en la década de los 60. Realiza una serie de cuadros inspirados en el tema histórico fundamentalmente a partir de dos obras que se conservan en el Museo del Louvre, «Le Massacre des Innocents» de Poussin, realizado en 1625, un cuadro terrible que narra los sucesos de las masacres de recién nacidos ordenadas por Herodes. La composición encierra en una estructura triangular la escena principal, un hombre y una mujer luchan, sus rostros describen la violencia y la crueldad de la matanza. El hombre armado con una espada y con el pie sobre un recién nacido lucha con la madre desesperada por protegerlo. En la misma sala se exponen L’Enlèvement des Sabines y las versiones realizadas por Picasso.

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Zurbaràn “El vaso de agua y la rosa sobre la bandeja de plata” 1630

NATURALEZAS MUERTAS. Una sala especial es la dedicada a las naturalezas muertas, los bodegones. Dos cuadros de Zurbarán definen en su realismo la esencia pictórica picassiana, la que definía en sus entrevistas, la búsqueda del signo, de la palabra precisa. Zurbarán no pinta, nombra las cosas, las crea en su materialidad pictórica. Expuesto el Agnus dei, siempre emocionante, junto a otras obras de Goya , Sánchez Cotán y de Picasso. Los objetos, los alimentos, las frutas, la carne, el vino, el agua, los huesos, los restos del sacrificio, la vida y la muerte, la representación de un ciclo. El misterio. He visto por primera vez un cuadro pequeño de Zurbarán de treinta por veinte centímetros aproximadamente, se conserva en la National Gallery de Londres,  se titula:” Vaso de agua y rosa sobre bandeja de plata” pintado en 1630, su reproducción en el sitio web es de muy mala calidad, no es posible conformarse con la copia, ni con la realidad virtual, hay cosas que  siglos después existen y dialogan con nosotros. La pantalla, la fotografía numérica no son capaces de trasmitir la emoción, una vibración. Ya sé que suena a mística, pedirán que deje la poesía y coja el escalpelo. Lo más increíble es que ésta certeza de existencia la dibujan los objetos más banales, un espacio, la distancia entre los ojos y la superficie de Zurbaràn, la brevedad, como si la luz amenazara con apagarse, como si la imagen fuese un soplo.

“Picasso y los maestros”, es la historia de una larga conversación. La historia de la libertad creativa sin reglas de estilo o de mercado. Picasso supo mantenerse en la creación permanente y que su obra fuese un verdadero diario de su vida, de sus interrogantes creativas, de sus frustraciones y sus pasiones de coleccionista. Podemos preferir sus retratos de Olga, bañados de amor, majestuosos, detestar su Dora Maar llorando fragmentada, monstruosa. No permitió la prisión del canon ni que el mercado dictara su aventura. La prueba es éste paseo, de destrucción y reconstrucción constante.

©2009 Maite Díaz

7 Respuestas a “Picasso y los maestros

  1. sabeis informacion sobre un cuadro llamado jacqueline roque?¡

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