Memorias de La Habana (IV)

Serrat canta el poema de Gabriel Celaya, La poesía es un arma cargada de futuro que musicó Paco Ibañez

LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO

Fue a principios de los años setenta cuando llegó por primera vez Serrat a La Habana. Sus primeras presentaciones fueron en el teatro Amadeo Roldàn, muy cerca de casa, recuerdo que las rejas fueron derribadas por los jóvenes que no habían logrado conseguir entradas.

Llegó con su melena y su leyenda de cantautor contestatario. En España el franquismo censuraba y en La Habana sucedía lo mismo, las persecusiones a intelectuales, el caso Padilla, o la condena al ostracismo de toda una generación de intelectuales de la generación de Fidel Castro. En aquella época el pelo largo (que habían puesto de moda los guerrilleros barbudos) había sido motivo de denuncias de vecinos a los organismos represivos encargados de enviar a los jóvenes «rebeldes» a trabajar a las UMAP, unidades militares de ayuda a la producción. Las dos dictaduras reprimían desde sus dogmas dejando espacios que permitían éste viaje de Serrat a La Habana, mientras a Franco se le regalaban cajas de puros en ediciones especiales por fin de año y en un diàlogo gallego con gaitas de fondo, los dos dictadores hablaban la misma lengua esencial.

Los discos de Serrat comenzaron a venderse, los poemas de Miguel Hernàndez y los poemas de Antonio Machado cantados por Serrat. En casa estaba toda la poesía española, las antologías, la de Chabàs, las obras completas desde los místicos al siglo de oro o  la generación del 27, o la del 50. Crecí  escuchando a mi madre cantarme para dormir entre otras canciones los poemas del romancero gitano de Lorca; abríamos aquel libro, sus obras completas encuadernadas con un cuero fino y suave, en la portada la firma de Lorca en una letra menuda y elegante, sus ilustraciones, sus dibujos y el papel pautado recogiendo las notas de los cuatro muleros, de los cuatro muleros, mamita mía que van al río, que van al río… o… yo me subí a un pino verde por ver si lo divisaba, por ver si lo divisaba y solo divisé el polvo del coche que lo llevaba, del coche que lo llevaba, anda jaleo, jaleo…

Serrat traía noticias nuevas de España y un viento de libertad que para los jóvenes reivindicaba el enfrentamiento a la autoridad desde el discurso de la izquierda, los màs contestarios en aquella época en La Habana eran rockeros, formaban los grupos que reproducían la música de vanguardia en Occidente y que a su vez, el estado cubano, en su “política cultural anticapitalista” prohibía su difusión en las cadenas estatales de radio y televisión. Silvio y Pablo habían recibido la protección de Haydée Santamaría y màs tarde de Alfredo Guevara que les permitió formar el grupo de experimentación sonora del ICAIC que dirigió Leo Brower en su mejor etapa creativa. En éste ambiente de represión y protección feudal de los juglares aterriza el catalàn, que explica en su primera presentación la prohibición de la lengua catalana  por el régimen de Franco y canta Paraules de amor.

En mi grupo de amigos escuchàbamos los discos una y otra vez los fines de semana, cuando nos reuníamos en casa de Juan Carlos. Los amigos que tocaban la guitarra, Orlando, Juan Carlos, aprendían las melodías que luego cantàbamos en nuestros viajes en el tren de Hershey, nuestras excursiones a Varadero o Puerto Escondido antes que lo destruyeran, cuando era el paraíso de una playa salvaje, una costa de pequeñas calas llenas de pàjaros que volaban desde la Florida, una costa hermosa, escondida, adonde llegàbamos con tiendas de campaña y donde el punto de agua potable màs cercano estaba a un kilómetro. Las canciones de Serrat se convirtieron en el fondo de nuestra rebeldía melancólica.

Serrat ha cumplido 65 años y sigo escuchándole, la “Revolución Cubana” cumplirà 50 años en unos días y yo no la escucho hace muchos años. Pablo Milanés en Galicia, hoy, ha hecho unas declaraciones realistas sobre la situación política de Cuba, algunos le recriminan el momento, lo importante es que las ha hecho. La izquierda española no reconoce la violencia de una dictadura que dura medio siglo. Escucho «La poesía es un arma cargada de futuro» de Gabriel Celaya, «Para la Libertad» de Miguel Hernàndez y pienso en la sordera, en la injusticia de ésta terrible sordera sin fondo. 

©2008 Maite Díaz

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7 Respuestas a “Memorias de La Habana (IV)

  1. Hermosísimo post, Mayte, un poco más y lloro, bueno, casi ya…
    Serrat, esa época, Puerto Escondido…
    No sé, pero te agradezco personalmente este post.

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  2. Me alegra que escribas Isis, y que lo compartas, escribo porque creo que debemos recordar, esperé el año 1980 en Puerto Escondido con anécdotas increíbles, buscàbamos la libertad cómo podíamos, y ese año recuerdo hablàbamos de los cambios de ministros y “los truenes” que hubo…compramos el Granma, luego vino la embajada del Peru y el Mariel y las asambleas de depuración, y en medio de todo aquello la naturaleza de una isla paradisíaca y los territorios de libertad que logràbamos establecer.
    Besos y Felices Fiestas Isis, yo celebro que estemos vivas para contarlo, con un Bourgogne Chardonnay, y estoy segura que la isla volverà a ser nuestra, Salud!

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  3. Al irme de Cuba, en la fiesta que me hicieron los amigos, se cantó “Pueblo blanco” a capella. Ahí estaba (está) contenida toda nuestra historia. Que el 2009 te traiga lo mejor. Gracias por ser quien y como eres.

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  4. Menendez-Conde.Ernesto

    Maravilloso, Maite. Yo soy un fanatico de Serrat, a quien escuche desde que era ninno. Y el poema de Celaya es increible, aunque yo no este muy de acuerdo con la estetica que propugna.

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  5. En lo que concierne a mis recuerdos, el primer concierto de Joan Manuel Serrat en Cuba fue en el escenario flotante del Parque Lenin, al que fui yo y no se cuántos miles más. Magistral.

    Nuestros pelos (por entonces tenía) no venían de ningun guerrillero barbudo (que en su momento no fueron llamados “guerrilleros” sino simplemente “alzados” y “barbudos” y que, por otro lado, odiábamos). Nuestros pelos venían del movimiento hippy (“paz y amor”, como en el anuncio de Canal +), del contra-stablishment norteamericano y occidental, y era producto de la Era de Aquario (ya para rematar).

    Lo de la UMAP fue antes y los umaperos no eran rebeldes ni heroicos sino unos simples desgraciados a los que le hicieron la vida un yogur.

    Los discos de Serrat no se vendieron masivamente. Sólo “Mediterráneo” y los de Miguel Hernández y Antonio Machado, unas cuantos pero no como para que todos tuviéramos discos de JMS.

    “El ostracismo de toda una generación de intelectuales de la generación de Fidel Castro” creo, me parece, no se por qué me suena que fue mucho más intenso con otras generaciones posteriores, bastante posteriores a Fidel Castro (o tal vez yo esté loco de remate, o a lo mejor no viví en Cuba sino en Marte o en La Nebulosa de Andrómeda).

    Y sí, yo también “creo que debemos recordar” y con el espíritu de ahondar y/o ampliar aún más –si cabe– los horizontes del recuerdo, dejo aquí mi granito de arena.

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  6. Querido David,

    bienvenido, y feliz año!
    David lo que quise decir es que el símbolo del pelo largo de la guerrilla fue un símbolo que se convirtió para ellos en algo retrógrado. Juan Carlos Tabío el cinesta fue denunciado por una vecina porque tenía el pelo largo y lo enviaron a la UMAP, pelaban a los jóvenes en la calle…los jóvenes enviados a la UMAP eran “rebeldes” porque no aceptaban la autoridad, esto antes claro, luego llegó Serrat con su melena…
    La generación de los 50 los intelectuales sufrieron una represión atroz, 15 años sin publicar y eran periodistas y críticos, te pongo el ejemplo de Joaquin Teixidor que lo borraron de la prensa escrita, y era un colaborador de la revista Carteles, crítico de arte, la represión comenzó con esa generación, y siguió con las posteriores…
    Recuerdo lo del Parque Lenin, pero pensé que primero fue en el Amadeo Roldàn, sí recuerdo las rejas por el suelo…
    Feliz Año 2009 !!!

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  7. Querida Mayte, Feliz 2009 también. Qué me vas a contar de pelos y melenas, en La Habana, Camagüey, Santiago… En La Habana no tuve esos problemas porque estaba becado, pero en Camaguey a cada rato no me dejaban entrar a la secundaria o al instituto; también nos cargaban los “casquitos blancos” y nos llevaban a un descampado y nos tijereteaban, luego nos dejaban tirados en casa del diablo.

    A Teixedor lo habrán borrado pero a Carlos Victoria, a mí y a muchos otros solamente nos publicaban en la Seguridad del Estado y en el Minint fotos robadas (ésas sí que eran robadas, no las de la prensa del corazón). Claro que tampoco queríamos publicar en nada oficial: ¿era eso la rebeldía? Yo creo que simplemente queríamos que nos dejaran en paz.

    Es bueno recordar, pero no olvides intentar ser feliz. Un saludo.

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