Apocalipsis IV

QUERELLA POR LA HERENCIA (IV)
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En la sociedad romana se confrontan dos concepciones religiosas diferentes, la del poder y de otra parte el monoteísmo religioso judío, intransigente con las concepciones paganas politeístas. La sociedad romana reconoce la particularidad, la excepcionalidad religiosa de la comunidad judía. La comunidad cristiana crea la invención de una nueva categoría de « hombre nuevo » para designar a esta nueva comunidad que, aunque de origen judío, no acepta tampoco la vida social pagana.
Los cristianos son vistos como « caníbales sedientos de carne y sangre humana » es la interpretación romana de las metàforas cristianas de el vino y el pan ácimo como la sangre y el cuerpo de Cristo, un “canibalismo” incomprensible para los romanos que los definen según Veynet como « une bande d’excités ».
Las concepciones de la vida y de la religión en ambas culturas son totalmente contrapuestas. Los cristianos rechazan los sacrificios que consideran inmorales, y tampoco aceptan las jerarquías y la estratificación de la sociedad romana. Observan sus leyes estrictamente y, realizan sus rituales disciplinadamente lejos del contacto con la sociedad romana, lo que provoca desconfianza y les confiere un caràcter amenazador.
La literatura cristiana de apologías son textos de propaganda escritos en el contexto de las persecusiones durante el siglo II. Son biografías o autobiografías intelectuales que explican diferentes aspectos de la vida y de las concepciones filosóficas de éstos personajes.
Justin pertenece a una generación de cristianos que no son de origen judío, son hombres que vienen de la cultura griega que pertenecen al mundo helenístico y que su lengua materna no es la hebrea; ésto crea una diferencia con los primeros cristianos–judíos cuya tradición literaria estaba anclada en las escrituras tradicionales hebreas. Justin atribuye a Juan el evangelista, la creación del Apocalipsis y presenta el cristianismo como filosofía, como especulación teórica, como estilo de vida que se funda sobre una verdad racional. Ésta filosofía se sitúa por encima del Emperador y es un camino posible para todos, una posibilidad de poder absorber las otras filosofías, y una voluntad de una espiritualidad màs abierta a otras ideas que no sean solo las del judaísmo fundador.
Escribe su Diàlogo (ficticio) con Tryphon, un rabino judío al que presenta complaciente y dominado por sus teorías; es un texto de propaganda, una abierta polémica entre los dos hombres, una polémica en la que se mezclan temas simbólicos de la tradición judía, definiciones sobre las dimensiones de Jerusalem « con sus doces puertas, (en relación simbólica a los doce apóstoles) y su planta de perfección cuadrada », planteando profecías como la del reino de mil años en Jerusalem reservado a los « gentils »
El diàlogo se sitúa en el momento de la destrucción del Templo, (70 n.e) una elección elaborada para proyectar las ideas « salvadoras de Cristo y el cristianismo » como la posibilidad de esperanza en la renovación política para el pueblo que ha perdido la verdad revelada por Dios. El diàlogo entre Justin y Tryphon es un resumen de las profecías mesiánicas cristianas que no se cumplen, en una época de competencia religiosa entre judíos y cristianos, ademàs de otras posiciones de sectas gnósticas que son calificadas de heréticas.
Las disputas por las interpretaciones del Nuevo Testamento enfrentan a judíos y cristianos, éstos acusan a los judíos de censurar los textos, o de tergiversarlos en sus interpretaciones, o como Justin que lanza acusaciones de falsificación y asegura que la interpretación de la Torah, la lectura judía, no es la única posible, aunque reconoce la tradición cristiana como una continuidad de la tradición judía para lo que se lanza a demostrar que las escrituras judías hablan de Cristo, permitiendo integrar la Biblia en la tradición cristiana como continuidad de la tradición de Israel; para algunos, ésta es una manera de « sustraer » la Biblia a Israel, menospreciando la exégesis hebrea. Justin se declara como representante del verdadero Israel, una pretensión que lo lleva a negar los derechos a los judíos. Los orígenes del antisemitismo podemos situarlo en las polémicas de ésta época y en la visión de la iglesia pagano-cristiana para la que el origen judío podría ser borrado, también analizado como algo « insalvable y a veces también, como algo insoportable » una reacción antijudía a pesar de reconocerse en la misma tradición y estar de acuerdo en la existencia de un sólo libro en el origen de la tradición judeo-cristiana.

Illustración del Beato de Liébana para los comentarios del Apocalipsis (776 n.e)

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