Memorias de La Habana III

Hispania. Castro. Light. Cruzcampo

castrolightwebEspaña, Almería, casco antiguo, agosto 2008

Paseábamos por las calles de La Habana bajo un sol abrazador. En las columnas y en los arcos de los soportales quedaban como restos de una antigua y noble criatura las estructuras de los antiguos toldos que después de la revolución y las expropiaciones de negocios dejaron de producirse. Los toldos en media circunferencia, con el borde ondulado protegiendo desde los arcos de los soportales, verdes o azules con un ribete blanco, los toldos planos, y yo pensaba mirando «los restos», los deshilachados restos enrrollados, pensaba en Matías Pérez que había construído su globo siendo toldero y en un globo de toldos echó a volar y desapareció. Siempre me fascinó Matías Pérez, cuando hice los exàmenes para estudiar arte en el dibujo libre, que era una categoría dentro de los exàmenes, dibujé a Matías Pérez volando en un precioso globo, cuando se lo conté a mi padre me dijo sonriendo, -Maite a ver si te acusan de «diversionsimo ideológico,» eso de querer volar en Cuba desde los doce años, es «altamente comprometedor.»

Recorrer La Habana, el centro comercial y el casco antiguo con mi padre era revivir una ciudad con sus relatos que languidecía, y que a él, un amante de La Habana lo entristecía provocando una gran melancolía. Paseàbamos por lo que habían sido los aires libres, los cafés de la bohème frente al capitolio, el Anón de Virtudes en la esquina de Consulado y Virtudes, me contaba el helado de coco-glacé favorito de mi abuela que venían en coche a compràrselo a los heladeros chinos del Parque de la Fraternidad y así cada esquina era una reconstrucción de un negocio, una boutique, una tienda, una papelería. La calle Muralla a ambos lados llena de comerciantes hebreos de textiles que viajaban por Europa y New York y traían tejidos fabulosos, piezas de édición con diseños de pintores de vanguardia. Las grandes tiendas por departamentos de la calle Galiano, las historias de los bailes y fiestas del Centro Asturiano .

La imagen no es de una calle de La Habana, es una calle comercial de Almería, ciudad que recorrí éste verano con el pintor Enrique Demetrio y Annie, amigos cubanos ahora almerienses y con una guía excepcional, Mari, una almeriense nacida en Argelia y criada en Paris que regresó a la tierra de sus abuelos buscando la luz de unos cielos despejados y transparentes. No pude evitar recordar La Habana, de éstos moldes hispànicos, sobre todo del sur de España, salieron los maestros canteros que construyeron nuestra hermosa ciudad. Las calles del barrio antiguo, como era en La Habana, son todo comercios, bares deliciosos que se animan cuando cae la tarde y el sol deja respirar.

Miraba al cielo todo el rato para disfrutar el azul y descubrir la ingeniosidad andaluza que cubre de toldos simples, todas las callejuelas del barrio. A veces en los paseos leyendo el paisaje, en las palabras que encontramos al azar descubrimos historias que se tejen o que nos evocan otras o que nos recuerdan la nuestra; así, desde Hispania, Castro como un emperador romano, despótico, se protege con un manto Light de Cruzcampo, a veces la vida adelanta sus historias y aparecen ante nuestros ojos si logramos descifrarlas, quién pensaría que veríamos a Castro fotografiado junto a un Pope de la Iglesia ortodoxa rusa, o que visitaría al Papa en Roma, o que desde su despotismo y su totalitarismo light que enmudece a Europa, ya en su vejez, mostraría la «fragilidad ideológica» de una vuelta a la protección de los sudarios, los popes y las cruces.

©2008 Maite Díaz

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