Carter y Glenn Ligon en la Galería de Yvon Lambert

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La galería de Yvon Lambert se estructura en tres grandes salas en los bajos de Xippas.La entrada es una puerta doble de cristal automatizada, màs bien de metro, aeropuerto o tienda design sofisticada, algo que abunda bastante en el barrio, que cada vez se transforma màs en un inmenso escaparate de fringues, bolsos a 700 euros, trapos de 200 para arriba y muchos americanos, ricos que entran y salen y compran,  pocos franceses comprando.

Regresamos a la galería, exponen a un artista llamado Carter. Cuadros, instalaciones, y un video que no me detuve a mirar, un hombre con una linterna de la boca leyendo unos papeles. En el suelo fragmentos de alfombras y de la pared una media pierna saliendo del muro y organizadas unas pilas de ropa cuidadosamente doblada. Misterioso, pero allí la pierna vestida y calzada es un atrezzo vacío, sugerente, explotando el presupuesto del absurdo surrealista y a la espera de que nosotros le colguemos alguna historia al conjunto. Los cuadros son collages de fragmentos de texturas, pelos y un dibujo detallado que recuerda las tintas del mexicano Cuevas.

De las dos exposiciones vistas deduzco que la pluralidad de medios es un imperativo estético, en ésta no hay fotografías clàsicas pero el soporte fotogràfico es utilizado como fondo de unos cuadros màs bien dibujos sobre tela y fragmentos de papel entelado, y pelos, pelos, cientos miles de pelos, cabellos que dibujan atrapados en una especie de barniz o resina.

Visito la librería y disfruto un libro de fotos de Barceló, atrapa la fuerza y la sensualidad de sus gestos, la locura de sus murales de ceràmica realizados a duo, en los que se tranforman y disfrazan con piezas de barro, torneadas, deformadas, agujeredas, proyectadas contra un muro; vital, algo voluptuoso y agresivo después de tanta levedad matérica y distancia conceptual. Me gusta Barceló, verlo embarrado como un niño malo, amasando barro, dibujando el espacio como un hombre de pueblo que dispusiera la cal sobre los muros soleados de su casa, con cuidado y con pasión. Grande Barceló, no hay dudas.

La útima sala guarda una pieza hermosa, el pastel de la tarde, o màs bien como una de esas galletas de vainilla y pistachos que parecen diseñadas por Paul Klee y que se venden en las boulangeries del Marais, una trama de mosaicos, el espacio pequeño tapizado de adoquines, « pavés » dibujando la frase en hueco TOUT DOIT DISPARAÎTRE, arena ocre et je cherche la plage, la plage de 68, mi playa Santa María del Mar en ésta sala del Marais, en un sótano, una cava medieval que me transporta a mi viaje a New York y mi emoción ante el cuarto de tierra de Walter de Maria o la visita del Broken Kilometer .

TOUT DOIT DISPARAÎTRE, me reconcilia con la visita, el artista es un afroamericano del Bronx nacido en 1960, Glenn Ligon, su exposición se titula Figura/ Paisaje/ Marina no sé si su pieza es un pavimento sepultado, una recreación arqueológica, de hecho està en el nivel del sótano, hay que bajar a las profundidades, no hay luz, no hay ventanas ni vidrieras, serà una vieja calle cubierta por una lluvia persistente pero imperceptible que ha logrado borrar nuestra memoria y nos propone, jugar en éste fragmento, remover las piedras y, quizàs, encontrar algún sentido.

©2008 Maite Díaz

 

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