Memorias de La Habana II


Familia Fornés Ventura, La Habana 1953

DÍA DE LOS FIELES DIFUNTOS. DÍA DE LOS MUERTOS

« La disparition de la mort serait en effet la vraie mort de l’homme. » Robert Redeker

 Ayer se celebraba la Toussaint, el día de todos los santos, recuerdo a mi abuela Antonia y mi tía Berta con mantilla bajar a misa a la Iglesia del Carmen en la calle Infanta, eran los 60, todavía algunas mujeres llevaban mantillas para ir a misa en La Habana, negras o blancas las mantillas, mais la tête couverte…un velo para conversar con Dios.

Conversando con un galerista parisino, me contaba que la tradición francesa era ir al cementerio a llevar flores a los muertos el día de la Toussaint, el 1 de noviembre, algo que descubrí hace un par de días leyendo en el Le Monde un artículo del filósofo francés Robert Redeker, titulado «La muerte està en peligro de muerte» en el que comienza contando la tradición francesa de acudir al cementerio el día de todos los santos. En La Habana sin embargo recuerdo íbamos el 2 de noviembre, el Día de los Fieles Difuntos, se reunía la familia para acudir al cementerio Colón y llevar flores a los dos panteones, -todavía el Cementerio Colón era un lugar seguro-, nunca lo fue totalmente, pero al menos antes de 1991 se podía pasear, lo hacíamos a menudo mi padre y yo para disfrutar de las excelentes esculturas y conjuntos funerarios que conserva uno de los cementerios màs extraordinarios del mundo. El culto a los muertos, los rituales en torno a la muerte fueron los que comenzaron a definir los signos diferenciadores de lo humano.

La única foto de grupo que conservo de la familia de mi abuela materna, està asociada con la muerte; es la foto del velorio del hermano mayor, Fidel Fornés Ventura, nacido en Barcelona en 1886, y que vivió su adolescencia en La Habana Vieja, donde su padre, mi bisabuelo, un ebanista barcelonés y su mujer habían emigrado en 1895. En su juventud marchó a vivir a Philadelphia donde murió. Como buen catalán, dejó todo lo referente al destino de su cuerpo pagado y por escrito. En Philadelphia su cuerpo fue embalsamado para el último viaje en barco a La Habana donde había decidido descansar en el panteón familiar, la soledad de sus restos tras la muerte no había sido su última voluntad. La foto reúne a todos los hermanos, los vivos y el muerto, al centro, con vestido estampado, mi abuela Antonia, era el año 1953. Veinte años después cuando mi abuela falleció, el cuerpo de su hermano aún se conservaba intacto.

En 1990, viajando por México, me sorprendió el Día de los Muertos en Tonalá, un pueblo de ceramistas en Guadalajara. Me fui sola preguntando al que encontraba por la calle dónde estaba el cementerio. Llegué sin máquina de fotos, el espectàculo era increíble, festivo, popular, la gente bailando, bebiendo, y adornando las tumbas de tierra, con las manos y agua amasaban la materia, acomodaban la tierra y decoraban con calaveras de azúcar, diablillos de papier-maché, esqueletos con cuencas brillantes con mirada de cabaret, papeles, banderitas de colores, comidas coloridas, arroces de color rosa, y alegría, música y baile.

 La vida y la muerte, un ciclo natural que el hombre no acepta y que lo entristece. La nada, la no existencia, la soledad, la desaparición, la vanidad sería el sentimiento de ésta lucha visible del hombre contra el tiempo, contra los signos del envejecimiento, en la búsqueda de la vida eterna. Redeker caricaturiza «des générations de vieillards à visages et corps juvéniles.» Mi tío abuelo sin poder detener la muerte se pagó una momificación para reunirse con los suyos y «conservarse».

Redeker ironiza sobre el tiempo y la desaparición del pasado y el futuro. La desaparición del «pasado» gracias a la cosmética, las voluntades sanitarias, los trasplantes de órganos y  «el futuro» inexistente gracias a la eternidad, ese afán por «prolongar la vida».

A los seis o siete años me obsesionaba la muerte y me despertaba de noche preguntando a mis padres adónde marchaban los muertos, dónde estaban y si podía visitarlos, el viaje misterioso.

 

©2008 Maite Díaz

©2008 Fotografía del archivo de la familia. Familia Fornés Ventura La Habana 1953.

Prohibida la reproducción sin autorización.

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2 Respuestas a “Memorias de La Habana II

  1. Ay, Maité, no sabes cómo me gustan tus recuerdos de familia, y las vueltas que les das para llegar aquí. Besos.

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  2. Gracias Zoé, bon dimanche !

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