Fragmentos – Diarios

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Denez Prigent

Noviembre 7, 2009 · Dejar un comentario

Para el viaje que vendrà…

Las imàgenes del vídeo son en la costa bretona, al noroeste de Francia. El Atlàntico en invierno, fiero y espumoso, rebelde. Una zona cultural que comparte contactos e intercambios con el norte de España, fundamentalmente con Galicia y Asturias, también con Irlanda y por supuesto la Gran Bretaña. Denez Prigent es un cantante francés de origen bretón, canta en la lengua de su región natal. Su voz es de una vibración y una energía poderosa. Cuando se une a gaitas y tambores el poder se transforma tranquilo y guerrero o enloquecidamente festivo.

©2009 Maite Díaz

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En el sur de Francia (III)

Septiembre 12, 2009 · 2 comentarios

museodaliMuseo Dalí   ©2009 Maite Díaz

Viajamos por la autopista hacia España. Atravesamos la frontera. Figueras me gusta nos recuerda a La Habana. Paseamos por el centro peatonal y buscamos el Museo Dalí, los grupos de turistas son legión y lo màs sorprendente es la cola enorme para entrar al Museo fuertemente custodiado. Desistimos. Habrà que venir en invierno cuando todo se calma. El calor es sofocante, intentamos sentarnos en una terraza, los menús estàn en las pizarras en ruso, y las mesas estàn repletas de eslavos. El camarero, amable nos pregunta si vamos a comer, queremos beber algo, pues aquí, imposible, las mesas son para los encargos de arroz. No, muchas gracias. Paramos en una creperie bretonne en Figueras. Està alejada del epicentro daliniano pero el camarero es encantador y el lugar està decorado alegremente, pop a la Niki de Saint Phalle. Cerveza helada en verano, brisa suave y el epicentro bulle y verlo de lejos tiene su encanto. El edificio es un delirio. Como un templo surrealista a la desmesura de la imaginación, hay algo también totalitario en los sueños del artista con huevos gigantescos.

Los muros rojos, los cipreses tallados como columnas, y esas formas inexactas que como pegotes se repiten en la fachada. Un clin d’œil a la casa de las conchas en Segovia. Las figuritas doradas, los maniquíes entre los huevos, sobre sus pedestales. El día es luminoso y tenemos unas horas españolas. Nos recomiendan comer arroz en Rosas, en la costa. Nos entrenemos en la ciudad y llegamos un poco tarde. En la carretera una enorme valla anuncia que estamos cerca del mejor restaurante del mundo, El Bulli, según una encuesta americana. El chef se llama Ferràn Adriá, creador de la nouvelle cuisine en Cataluña. Desde una foto enorme recibe a los gourmands que llegan de todas partes. Nosotros seguimos a Rosas. Nos sentamos en un restaurante a la orilla de la playa, es tarde, comemos tapas croquetas deliciosas, pescaíto frito, frescos y crujientes, calamares. Se levanta la tramontana y el viento es enloquecedor. La playa es una gran bahía que nos recuerda Pollensa en Mallorca y como la isla, està llena de franceses y alemanes, el restaurante también. Pregunto si recomiendan alguna cala protegida o si en Cadaqués habrà menos viento. El camarero asegura que el viento sopla fuerte en toda la costa. Nos vamos hacia Cadaqués la carretera es un camino de montaña, sinuoso. Es posible que cayendo la tarde el viento se calme. El paisaje es hermoso, las montañas cultivadas en terrazas. En una época los olivos crecían en las laderas, en los canteros construídos con muros de piedra seca. Hoy los dibujos de las terrazas van desapareciendo y el cultivo de los olivos también. El turismo es la nueva industria. En ésta parte de la Costa Brava viven en verano muchos franceses y alemanes. Paramos para ver la bahía de Rosas desde lo alto de la montaña y poco después aparece el pueblo blanco dibujàndose contra el azul mediterràneo. La Iglesia blanca, encalada, en lo alto de una suave colina, majestuosa en su simplicidad.

©2009 Maite Díaz

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En el sur de Francia (II)

Septiembre 6, 2009 · 1 comentario

plagecarnonPlaya de Carnon, costa sur de Francia.      ©2009 Maite Díaz

Volver a la playa cada verano es regresar a la infancia. No tener el mar cerca cuando has nacido a orillas de un mar càlido produce un cierto extrañamiento y una melancolía sin remedio. Pasas los meses de invierno disfrutando las nevadas, el blanco impoluto, elegante y frío y pensando en la arena caliente cuando la nieve cruje bajo tus pies. He pasado horas junto a la playa éste verano. Horas disfrutando los juegos de Elisa que corre con las olas mientras sus muslos brillan como en los cuadros de Sorolla. Horas esperando verla regresar jamo en mano, sin pececito, ni cangrejo pero con toda la energía de los cuentos de su abuelo cuando pescaba en el río Piles o de su padre cuando buceaba en la poceta del cura de Cojímar o mis recuerdos cazando cangrejos los domingos bajo el puente de madera sobre el río Boca Ciega -que ya no existe- o en el la caleta de Boca de Jaruco con las trampas para las jaibas y cangrejos para el enchilado de la tarde. Sin remedio somos isleños y marineros aunque nos hayan prohibido navegar.
La playa de Carnon està a unos doce kilómetros de la ciudad de Montpellier, capital del departamento Languedoc Rousillon en el sur de Francia y en la frontera con España. La costa francesa en ésta zona es una isla de arena entre el Mediterràneo y lo que llaman la pequeña Camargue; una zona baja de marismas, reserva de aves y donde se cultivan algunos mariscos. A la caída de la tarde el sonido de las cigarras es ensordecedor, según la tradición china, las cigarras cantoras, -los grillos que decimos en Cuba- traen buena suerte. En ésta costa es alucinante el sonido sostenido y fuerte de éstos insectos invisibles. Es intenso ver atardecer y larga la puesta de sol.
Me he sumergido en La Mancha, en la playa Malo les Bains en la frontera belga, un horror de playa y un mar frío y lodoso como el río Ebro y en Tréport en la costa picarde la playa màs cercana de París. Antes había conocido las playas asturianas en el mar Cantàbrico, Gijón, Llanes, Ribadesella, Barro, San Antolín y los cantos rodados y el río que desemboca en el lecho de piedras creando pocetas, pequeños cursos càlidos en ocasiones con corriente violenta como la del mar en ésta zona. Mares fríos. Así, el Mediterràneo es una suerte de Caribe, aunque hay quiénes no soportan el agua a veinte o veintidós grados. En cada playa el puerto deportivo y los yates estàn separados y las playas son limpias, sus aguas y los arenales estàn bien organizados con duchas y basuras para reciclar vidrio, plàsticos y restos varios.
A lo largo de la costa han estructurado rompeolas que forman ensenadas semicirculares, pequeñas calas de arena en las que los bañistas se posicionan de un territorio con sombrillas o pequeñas tiendas, toallas, esterillas, neveras y toda una suerte de mobiliario playero. Las playas son bajas. Las olas se suceden planas muriendo ritmicamente, en un murmullo suave en la orilla. El viento a la caída de la tarde sopla fuerte. La arena se levanta y produce una bruma corpórea y càlida que se clava en la piel con fuerza, como pequeños alfileres. Vuelan las gaviotas flotando contra la fuerza del viento y los skite surf surcan ràpidos y espumosos el horizonte.

©2009 Maite Díaz

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En el sur de Francia (I)

Septiembre 4, 2009 · 2 comentarios

rhonecielo

Río Rhone, Francia     ©2009 Maite Díaz

Los cielos en verano bajando desde el norte tienen la transparencia de un azul profundo sobre el que se dibujan las nubes nítidamente. Pienso detener éste fragmento. Magritte. Y la idea de una cúpula perfectamente curva. La levedad gaseosa de las masas de nubes. Llevamos las imàgenes de los pintores que han viajado con nosotros desde las reproducciones de los libros y luego desde la emoción leve o profunda en los museos. Las carreteras, los caminos y las ciudades estàn cargados de textos, de instantes y días vividos. Recorridos y peregrinages. El turismo en Europa lleva poco de aventura, aunque cada experiencia es única como cada día. La radio de información de la autopista avisa con exactitud a la altura en que un ciervo despistado se pasea entre los veraneantes. Se movilizan para capturar al paseante. Vamos siguiendo las instrucciones de itinerarios menos congestionados por la lentitud de la operación de rescate. Al final antes de llegar a Orange ha regresado al monte. Los locutores felicitan a las brigadas de seguridad, no dejo de asombrarme por el detalle surrealista de un ciervo corriendo en sentido contrario en una carretera repleta de coches humeantes. Las nubes construyen espacios profundos abriendo el azul. El viento presagia el mar. Un cielo sin nubes es un acontecimiento en el norte de Francia, unos pocos días al año el azul es infinito. Mientras avanzamos hacia el Mediterràneo recorremos en paralelo el torrente del río Rhone. Viñedos, cipreses. Lyon, un puerto de agua dulce. Orange. Avignon. Arles. El río, como la piel de un pez de plata corre ràpido para llegar al mar. Y pienso en Pla -como Magritte- con su chapeau melon.

©2009 Maite Díaz

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En el sur de Francia

Agosto 3, 2009 · 7 comentarios

avignorhoneAvignon y el río Rhone. En la otra orilla Villeneuve lez Avignon.
©2009 Maite Díaz

Estoy de regreso, después de dos semanas en el sur de Francia. Si no me encuentran, que me busquen en el Mediterràneo. Otras veces he viajado por la costa española. Desde Cataluña hasta el Cabo de Gata en Almería. El sur de Francia, -la costa y el interior próximo- de la frontera española a Marsella, es la sucesión de ciudades pequeñas, vitales y milenarias. Sête, màs joven, fue construída en el siglo XVI por napolitanos, es un lugar turístico que ha sabido guardar su personalidad relacionada a la pesca y al modo de vida que imprime el mar, en la estructura de la ciudad y en la manera de estar de sus habitantes.

Avignon señorial, aristócrata, distante y cercana. Altanera como ciudad poderosa y amurallada, sujeta a los vaivenes, no de las mareas, pero sí, del río Rhone que la rodea, la ciñe, la atrapa y le recuerda que, la vanidad y el lujo del poder, pueden terminar arrasados por la furia de las dulces aguas durante las impredecibles crecidas.

Nîmes, romana. Su centro nos lleva a Grecia en la plaza de la Maison carré, para después perdernos por el laberinto medieval de sus plazas, mercados, sus terrazas en cada pequeña plaza y rincón con encanto. Española del sur, los restaurantes son «Le Patio», pas la Cour…Los tópicos del sur, los toros en las arenas, y también, los toros sueltos en los encierros por las calles de los pequeños pueblos. Los tablaos y las flamencas por alegrías, nada de cantes tràgicos, aquí gusta la rumba y es lo que suena en muchos sitios. En Nîmes o en la desembocadura del río Rhone, en la Camargue, las flamencas bailan en la calle, mayores y muy jóvenes, vestidas como andaluzas. Escuelas de danza, asociaciones. Los restaurantes se titulan Chez Pablo y no Chez Paul, Toros y Toreros. Un paisaje de marismas, lagunas, arrozales verdes, salinas rosas hacia Aigues Mortes, llanura, inmensidad. Luz y sol rojo de verano a intervalos de luminosidad cegadora. Flamencos, pàjaros, caballos y Santa María del Mar bulliciosa, flamenca, hasta pasada la medianoche…

Y yo no salgo de mi asombro, cuando unos kilómetros màs abajo, en Cataluña, el español no gusta, y aquí, sonríen cuando escuchan hablar español.

Alguien me dirà que son los tópicos del turismo que vende…bien sûr, como en Les, en el Val d’Aran, el verano pasado de regreso a Francia, me contestaron –cortesmente- que no me respodían en castellano, ni en francés cuando intenté una segunda lengua que ha sido la de la diplomacia internacional durante tantos años. Sin embargo, en la terraza de ese mismo pueblo de montaña, -donde es evidente que permanecen atrincherados en el poblet- en el restaurante donde almorzamos, se escuchaba rumba flamenca y no sardanas, por supuesto. La lengua y el folclor depende para qué, cuando se trata de vender y hacer negocios, la patria mueve sus murallas y se ensancha como una rambla donde hay espacio para todos.

El sur de Francia ha sido un espacio en el que se ha producido el intercambio cultural entre la cultura española, la francesa y la italiana. La expresión cultural resume una manera de estar, màs relajada. Una sabiduría. Un disfrute de las pequeñas cosas, de los placeres cotidianos de la buena mesa. Beberse un paisaje en unos vinos blancos, secos o afrutados y paladear la tierra con una tapenade de olivas negras. La sal, la flor a la brasa sobre una dorada recién salida del mar. Una vitalidad diseñada por la suavidad de su clima, la luminosidad de sus días. Roma estructuró hace màs de dos mil años la organización y la estructura de ciudades y pueblos, dibujó las calzadas y puentes que todavía hoy podemos recorrer en paralelo a las autovías. Valorizó el comercio, el intercambio, las mezclas de sensibilidades. La diversidad que no deja de asombrarnos.

Visitando en Avignon Le Palais des Papes, me detuve en un mapa describiendo el sistema de impuestos que organizó la Iglesia para financiarse como poder político en Europa. Los romanos estructuraron Occidente, lo configuraron con sus redes de comunicaciones y una lengua común que logró desarrollar un sistema coherente de organización social. Paseando por Montpellier, Nîmes, Avignon o Sète, la historia nos cuenta las grandes líneas de progreso, el desarrollo del comercio, de las ideas, las universidades, las asociaciones, congregaciones poderosas y sus líneas de sombras. En el 2009 se conmemora el 700 aniversario de la llegada del Papa y su corte a Avignon, la opulencia del poder. Doscientos años màs tarde, en la ciudad de Noyon en el norte de Francia, nace Jean Calvin en la Picardie. Un contestatario del poder de Roma, un humanista que quiso cambiar la sociedad, no sólo la religión.

El sur de Francia ha vivido los grandes cambios y confrontaciones entre católicos y protestantes. En algunos territorios la prosperidad medieval estuvo organizada por ordenes religiosas como Los Templarios. Confrontados al poder del Papa, destruídos como organización, sobrevivieron como la orden de les Hospitaliers. Hacia el interior, muchos pueblos fueron sedes importantes de la orden que ofrecía servicios de protección y todo su poder económico. Otro suceso histórico importante que marcó la región, fue la cruzada contra los Càtaros y su destrucción.

La historia de la influencia de los reformistas independientes del poder de Roma, resume la vitalidad  de unos territorios que han sabido vivir en la dinàmica del progreso, conservando sus tradiciones, y, abriéndose a lo nuevo. El espíritu curioso y aventurero del mar, del mare nostrum apacible y violento, creativo y destructor. La lumière du Midi junto al viento, los olores fuertes del mar y la sal junto a los delicados perfumes de los campos, dibujàndose alargados en las hileras de cipreses de la Provence. Van Gogh, Matisse, Derain, antes Cézanne y màs tarde Picasso se dejaron seducir por el rumor tranquilo y la luz de un paisaje y unas ciudades que disfrutan tranquilamente su sabiduría.

©2009 Maite Díaz

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Mediterràneo

Julio 17, 2009 · 3 comentarios

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Almería, España.         ©2008 Maite Díaz

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Montépilloy (1429-2009)

Julio 3, 2009 · Dejar un comentario

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Haga clic en el enlace para ver el diaporama de la primera parte del reportaje en el Château de Montépilloy
Texto relacionado Montépilloy (1429-2009)

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Aniversarios

Julio 1, 2009 · 4 comentarios

A mi padre
marinajoseantonioMarina y José Antonio Díaz Pelàez en La Habana, en 1927 o 1928

Estàn en el número 67 de la calle Reina. El sello del estudio fotogràfico es: A. Sainz. Mi padre había nacido un 1 de julio de 1924 en la calle Reunión, en el popular barrio de los Sitios, muy cerca del puerto de La Habana. En los años veinte, aquel barrio debía ser como  Little Italy en New York. Era un barrio lleno de emigrantes españoles, con sus comercios y sus voces con acentos mezclados de todas partes de España y también con las voces de los habaneros y cubanos que convivían en aquel sitio de la ciudad. Los vendedores ambulantes de periódicos, los afiladores de tijeras, sus ruedas fascinantes y el sonido de una armónica que todavía recuerdo en mi niñez. Pasaban los heladeros chinos y mi abuela compraba siempre el coco glacé que tanto le gustaba. Aunque prefería ir paseando al parque de la Fraternidad y comprar allí los helados a sus cuatro hijos.

Mi tía Marina tiene un abanico a medio abrir y con la mano izquierda toca una flor de la cesta. Una pose dispuesta por el fotógrafo. Mayores, los dos hermanos todavía recordaban conversando el día de la foto. Mi abuela Elisa los llevaba a fotografiarse –regularmente- y enviaba las imàgenes a sus padres y hermanos en Asturias para que los vieran crecer. En un viaje de negocios desde La Habana, mi abuelo Salvador llegó solo al pueblo de mi abuela en Cangas de Onís.  Mi bisabuelo Fausto lo recibió enfadado por no haberla llevado de viaje con él.

Tiempo después, en la misma calle Reina, mi abuela Elisa los llevó a bendecir a la iglesia, antes de atravesar el Atlàntico de regreso a España. En aquella época era importante el trasiego comercial marítimo entre el puerto del Musel -en Gijón- y el puerto de La Habana. Transcurría el año 1929 cuando decidieron regresar a Asturias. La crisis económica y el crack financiero marcaron a mi abuelo, que después de mucho trabajar, se había convertido en un pequeño comerciante próspero, tuvo miedo de perderlo todo y ya no volvió a confiar en los bancos.

Mi padre comenzó la escuela en Gijón y Marina continuó sus estudios primarios. Mi tía María Luisa se fue a estudiar a Madrid, y Luis entró en la Universidad politécnica de Gijón para hacerse ingeniero eléctrico. Vivieron diez años hasta que terminó la guerra civil española en 1939. Lo habían perdido casi todo en los bombardeos de Gijón. Ésta vez, a causa de la guerra. Se refugiaron tres años en San Martín de Grazanes, y desde allí, poco después de entrar los nacionales, marcharon a Lisboa, y luego a La Habana. Mi tío Luis, el mayor, que había sido de un comité republicano en Cangas de Onís, tuvo que marchar solo, andando, hasta Francia. Después de darlo por muerto, pudieron ayudarle a salir de los campos de refugiados y residió durante un año en Saint Jean de Luz, -una hermosa ciudad pequeña de la costa atlàntica del País vasco francés-, hasta que pudo embarcarse hacia América.

Una foto de dos niños que escaparon en los montes asturianos de los Picos de Europa a una evacuación que hacía la República –vencida- hacia la costa. Retiràndose hacia el mar esperaban ganar los barcos para embarcar hacia Rusia a los que habían perdido a sus padres. Los dos hermanos inseparables conocían los montes como las palmas de sus manos, habían salido a dar un paseo y entretenidos se alejaron. Los detuvieron y no les creían que vivían cerca de allí. Tuvieron que escapar. Una imagen a partir de la que podemos hacer un recorrido de la vida de una familia, ligada a los avatares de la historia del siglo XX. La emigración, la pobreza, la fortuna, el éxito, la pérdida, el desarraigo, las injusticias, los descubrimientos y la felicidad. El nacionalismo, los revanchismos políticos, los enfrentamientos ideológicos. Una familia que tuvo que comenzar màs de una vez, mi Tía Marina murió en el exilio, en Florida. Una familia que vivió la experiencia de los dos totalitarismos: el fascismo en Europa y el comunismo en Cuba

©2009 Maite Díaz

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El bosque Saint Laurent

Junio 28, 2009 · Dejar un comentario

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Ruta forestal del Boisdhyver. Ver sur Launette. Pays de Valois. Francia.       ©2009 Maite Díaz

La pista forestal Boisdhyver atraviesa el bosque Saint Laurent. El bosque se extiende a dos kilómetros de Othis, último village de la Île de France, en la frontera con el departamento de Oise y a unos 35 kilómetros al norte de París.
Pasear por el campo en bicicleta, recorrer las carreteras secundarias, los caminos que atraviesan los campos de trigo y los fragmentos de bosque es una experiencia placentera. El silencio y la inmensidad de la plaine dominan el paisaje. El hombre interviene con respeto e inteligencia; el diseño paisajístico de las aglomeraciones urbanas, las estructuras industriales contemporàneas son rigurosamente integradas al paisaje. Las construcciones se levantan y a la vez se armoniza el entorno. Siembran muros verdes, àreas de césped y àrboles que dibujan sus sombras creando intervalos de luz a la caída de la tarde. Al sonido de los pàjaros y los graznidos de los cuervos, se suma el ruido del TGV que puede llevarnos a Londres o a Bruselas y que atraviesa a toda velocidad, silbando. La línea està protegida por pasos a nivel y cercas que impiden el paso de cualquier intruso. Cerca està el aeropuerto deportivo y los fines de semana las avionetas y otros artilugios voladores se suman a los sonidos de la civilización.
En las zonas boscosas de los alrededores, éste año han talado decenas de àrboles. Robles y castaños que por el diàmetro de sus troncos algunos deben tener màs de cien años. Estàn acostados a los lados del camino, se apilan en piràmides que pueden alcanzar màs de tres metros. En el corte limpio de la sierra se dibuja la edad en círculos concéntricos y una chapa de plàstico, con un número impreso, mantiene al conjunto en un inventario exhaustivo.
boissaintlaurentBoisdhyver en junio. Ver sur Launette. Pays de Valois. Francia. ©2009 Maite Díaz

Hace un año un fragmento del bosque Saint Laurent fue talado. Semanas después, el espacio fue repoblado por nuevos àrboles y vallado con una cerca provisional para proteger los primeros años de crecimiento. Al otro lado del bois Saint Laurent està el parque Jean Jacques Rousseau, antiguo dominio del Marqués de Girardin y último protector del escritor. En el jardín a la inglesa de la propiedad, en una isla en el centro de un pequeño lago, està la tumba de Rousseau, allí fue enterrado hasta que después de la revolución sus restos fueron depositados en el Panteón, en París.
Imagino a veces a Gerard de Nerval  o a Rousseau en sus paseos por éstos bosques. Nerval y sus pasiones desde la casa de la Tía Sylvie – en Othis – hasta Loisy o Mortefontaine, pequeño hameau y village de su infancia, dejàndose seducir por las brumas tempranas antes de regresar a París. Nos tumbamos en la hierba de un claro. El cielo de verano azul después de un largo invierno. Se agradece su profundidad tranquila a falta de un mar càlido donde sumergirnos. El teatro de las nubes delimitado por las copas de los àrboles dibujan la escena. Elisa encuentra la geografía entre las nubes. El océano Atlàntico y a la derecha blanca y esponjosa, Europa, España y Francia y un avión aparece providencialmente y con sus trazos dobles y blancos dibuja un camino que se dirige hacia América; feliz, descubre América del Norte, América del Sur y en medio, gaseosa, desvaneciéndose, la isla de Cuba, rodeada de azul transparente, ligera y fugaz.
La madera es algo vivo, un material noble que sino termina hecha ceniza, se transforma en decenas de objetos que utilizamos cotidianamente. Regreso y me detengo en las acumulaciones de troncos acostados. Duermen sus últimas noches en el bosque Saint Laurent.

©2009 Maite Díaz

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París, la miel y las abejas

Mayo 31, 2009 · Dejar un comentario

rosamaraisRosal en un patio del Marais. París                  ©2009 Maite Díaz

Hace unos días escuchaba una noticia sorprendente sobre la miel y las abejas. Resulta, que después de años de prosa sobre la polución de las grandes ciudades desarrolladas, y por supuesto, de la mala calidad del aire en París; un estudio asegura que la miel recolectada sobre los techos parisinos, es de mejor calidad que la que se colecta en el campo. Las razones primeras son químicas. Los pesticidas y fertilizantes que se utilizan en los campos dejan sus huellas en la composición de la miel. La segunda -sorprendente- es que las abejas prefieren la ciudad, se sienten màs a gusto y son màs productivas. La circulación de coches, el gentío, el río surcado de peniches, barcos repletos de turistas, la nueva babel y la musicalidad -para amar e insultarse- de tantas lenguas escuchadas, màs las gotas del mal genio parisino, serían una composición energizante para el trabajo eficiente y dulce de las abejas. Según el estudio, prefieren cada vez  màs, acomodarse en los panales dispuestos sobre los techos de las instituciones -como el Grand Palais- que descansar en los jardines y campos de la periferia parisina. Podrà medirse el stress en una cucharada de miel.  O serà que las abejas lo metabolizan y nos regalan el remedio con éstas gotas doradas. En breve, en París, podrà usted comprar -tras ver una exposición magnífica- un pote de dorada miel etiquetada Grand Palais, y, llevarse a su casa, si està de paso, un concentrado de los àrboles, los jardines y las flores de París.

©2009 Maite Díaz

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Montépilloy (1429-2009)

Mayo 28, 2009 · Dejar un comentario

Éste verano se cumpliràn 580 años de la llamada Batalla de Montépilloy. En éste pequeño pueblo de Oise, se reunieron el rey Charles VII, Jeanne d’Arc y Étienne de Vignolles. Durante los días 14 y 15 de agosto de 1429 se alojaron en el castillo de Montépilloy.
chateau

Castillo de Montépilloy. Oise, región de la Picardie      ©2009 Maite Díaz

Entre los bosques de Ermenonville y Chantilly, a cuarenta kilómetros al norte de París, en la región de la Picardie, se extiende una amplia llanura regularmente cultivada de trigo, colza, patatas o remolacha. Las parcelas perfectamente dibujadas van cambiando de color al ritmo de las estaciones. Un domingo caluroso de verano, bajamos desde la baja Normandía y antes de llegar a la ciudad de Senlis, atravesamos una carretera nacional y seguimos un pequeño camino que bordeaba unos grandes silos. Éstas torres monumentales son los únicos elementos industriales en el paisaje. La tierra transformada por la agricultura, conserva un paisaje que no ha sido maltratado por la urbanización. El camino se eleva en una pendiente suave. Al llegar a la cima de la colina, la estrecha carretera se convierte en la calle principal de un pequeño pueblo. La vista desde allí muestra toda la hermosura de la grande plaine. Un horizonte y un mar verde. Un gran manto armonizando toda una cuadrícula irregular de verdes de trigo, amarillos de colza y salpicaduras de rojas amapolas. Luego, como batallones de caballería organizados estratégicamente, los macizos boscosos de un verde màs profundo crean las tensiones, los ritmos visuales del paisaje. Desde la gran torre del castillo medieval, Jeanne d’Arc y su bravo compañero Étienne de Vignolles, apodado, la Hire, observarían los movimientos de las tropas del Duque de Bedford que se había desplazado desde París con diez mil hombres.

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Memorias de viaje

Mayo 21, 2009 · Dejar un comentario

trigo

Campo de trigo. Fontaine de Chaalis.Oise  ©2009 Maite Díaz

Un fragmento de un campo de trigo como un cuadro de Rothko. Descanso. El verde hipnótico se dilata en centenares de metros. El trigo suena verde, diferente a cuando madura.  Concentro la atención en el dibujo de las líneas, en el macizo, los juncos no se curvan. El verde profundo de los tallos, màs frío, danza rígido al compàs del viento. Arriba, las espigas se abren, las hebras finas, ondulan. El paisaje del trigo es, visto de cerca, como un pequeño bosque de bambú.

©2009 Maite Díaz

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Memorias de Viaje

Mayo 18, 2009 · Dejar un comentario

alcazabaalmeria
La Alcazaba de  Almería                                                          ©2008 Maite Díaz

Paseamos por las plazas, los salones, los murmullos del agua. En los espacios abiertos el lienzo blanco tamiza la luz. Del otro lado del muro ladran los perros y las chumberas han florecido sus higos redondos. Las hojas como un muro silencioso. Palabras, grafismos, espinas, heridas suaves. Se abre el jardín y el agua tranquila como un espejo. Nenúfares. Giverny. Y desde la montaña, el paisaje se repite como en el recuerdo del cuadro. No llega el tren. La línea oscura y el humo ligero suenan melancólicos. El agua refleja y oculta los peces. Las pinceladas rojas y empastadas de Matisse. La flor navega para escaparse por la ventana. Quiero guardar los gestos del albañil, sus movimientos, recordar cómo dibuja la cal  y cómo la dora el sol a la caída de la tarde. 

©2009 Maite Díaz

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Feliz Día de las Madres

Mayo 9, 2009 · 2 comentarios


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Geranios en el Pirineo en agosto.    ©2008 Maite Díaz

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París en primavera, paseando por el Champ de Mars

Abril 25, 2009 · 2 comentarios

toureiffel

Torre Eiffel. París primavera.                               © 2009 Maite Díaz

La añoranza de la vida marinera. En París en primavera, sopla un aire con ruido de velas. En el campo, los prados inmensos se transforman en unos días. De unos tonos neutros, apagados, pasan a unos amarillos encendidos como los lemon yellow de Van Gogh. Los cielos al final del invierno, de luz mate y cielo bajo, dejan paso a unas nubes exhuberantes y dibujadas contra el azul cerúleo que durante pocos días invade el cielo. Llegar a Roissy, a la estación del tren del aeropuerto, es como llegar a un puerto. El viaje en tren hasta París va cargado de deseos, muchos viajeros llegan por primera vez. Los vagones se llenan de jóvenes parejas, con mochilas a la espalda que devoran ansiosamente las guías de viajes, los planos de los trenes de cercanías y los metros y que tímidamente se lanzan a preguntar, en la lengua del país, para comenzar a tocar tierra. Un matrimonio de alemanes, posiblemente retirados, como en una coreografía bien acompasada por las costumbres, los años y los días, meriendan, a la misma hora, deshojando cada uno una banana.      

Los viajeros en fuga descienden ràpidamente de los vagones y entran en los tumultos parisinos. Bajamos en Saint Michel y cambiamos al tren C para llegar al Champs de Mars, el Campo de Marte, el dios de la guerra según el panteón romano. Hoy es jueves y pienso, siguiendo el juego de la mitología, que los buenos augurios de Júpiter nos preparen una mañana soleada y tranquila. Nos siguen los alemanes por los andenes, la señora me pregunta la dirección para llegar a la Torre Eiffel, es su primer viaje, debe tener cerca de sesenta años.

La torre de día se estructura nítidamente con su color marrón pastel. El color Eiffel, único, creado especialmente para la arquitectura imponente de una modernidad concebida por el genio. Su tono diurno es tranquilo, un tono discreto para una estructura de hierro atornillado que ha envejecido con la elegancia de la sobriedad. Su altura, su emplazamiento en medio de la urbanización parisina nos permite descubrirla desde diferentes ángulos. De noche la torre se ilumina, las luces doradas la envuelven en un dibujo melancólico.  A medianoche, a determinadas horas programadas estalla en una red de luces centelleantes que como en un relàmpago despiertan al viajero y lo devuelven a la existencia de la programación informàtica. Decenas de teléfonos móviles atrapan la instantànea que viaja segundos después a Australia, Arizona, Tokío, Barcelona o Berlín.
champdemars
La mañana hermosa invita a los colegios del barrio a almorzar sobre la hierba. Un grupo de niños de seis años aproximadamente, sentados en un gran círculo, ríen y buscan dentro de sus bolsas sus baguettes sandwichs. Las maestras  luchan por espantar a los cuervos. Las aves  de pico fuerte y ojos extraviados  revolotean y se les acercan con insistencia. Los cuervos son aves poderosas, sus cuerpos negros, lisos, brillan metàlicos. El batir de sus alas y sus graznidos desconcertantes en primavera, invaden durante segundos la tranquilidad del parque. 

Ives Montand canta Á Paris…oh !  je voudrais tant que tu te souviennes…des jours heureux

Camino descalza sobre la hierba. Imagino el Champ de Mars hace màs de dos siglos, cuando era un terreno cenagoso cerca del río o cuando desde la École Militaire, venían los soldados a entrenarse en el campo de tiro. Imagino las descargas y pienso en la playa al este de La Habana, con el faro a la entrada de la bahía, el cañonazo de las nueve y las murallas cerràndose. Los muros. La guerra. El contacto con la hierba me regresa a París, a Parmentier y su bouquet de fleurs de pomme de terre, su regalo como un reclamo publicitario a Louis XVI, su tozudez filantrópica para convencer de las maravillas y los alivios que podría representar el cultivo prohibido desde 1748. Parmentier había descubierto la patata  durante el tiempo que permaneció como prisionero de guerra en Alemania. La guerra de los Siete años fue una confrontación que enfrentó a Francia contra Inglaterra y Prusia entre 1756 y 1763. Tiempo después, trabajando como farmacéutico en el Hôtel Royal des Invalides, organiza los primeros cultivos experimentales de pomme de terre, la manzana de la tierra, el tubérculo estrella traído desde América y que tantas hambrunas alivió en Europa. Parmentier, convencido de las calidades de la planta desde el punto de vista culinario y nutritivo, organiza cenas invitando a personalidades como Benjamin Franklin y Lavoisier, éste último, fue un destacado científico que años después sería guillotinado por el terror revolucionario en 1794. El rey Louis XVI, antes de la Revolución, autoriza a Parmentier la organización de la producción de patatas en los prados de Neuilly, a las afueras de París.

No hay ningún homenaje a Parmentier en el parque del Champ de Mars. Quizàs en los días de verano, cuando los paseantes vienen en plan picnic con cestas, bolsas de patatas fritas, es posible alguno deguste un hachis parmentier, o tal vez, conversando entre amigos intercambien la receta de la abuela del pastel de patata y carne picada, como un tambor  con queso, dorado pacientemente al horno, sin saber que en Francia, las primeras plantas germinaron aquí donde  fueron recogidas también las primeras cosechas, protegidas por un hombre de ciencias  y por sus certezas. En éste mismo lugar, años después, se construyó la torre Eiffel concebida para la exposición universal de 1889; un proyecto en principio efímero que se ha convertido en el símbolo de la ciudad. Un espacio fértil, en el que hace unos años, el estado francés  instaló el monumento aux Droits de l’Homme.

©2009 Maite Díaz

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París, el día en el Museo de Orsay

Marzo 14, 2009 · Dejar un comentario

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Vista de Montmatre y la iglesia Sacré Coeur desde los ventanales de la galería de los impresionistas en el Museo de Orsay

Vivir a las afueras de una gran ciudad tiene sus ventajas. Digamos que amamos la ciudad con intensidad, no sufrimos sus atascos, ni su polución, ni los inconvenientes de sus restauraciones y transformaciones. Siempre dispuestos a los descubrimientos, mantenemos ciertas fidelidades, regresamos al café en la discreta plaza, el café global exhibiendo cafés del mundo entero y un camarero simpàtico, eficiente y conversador ; pero tras algún tiempo de ausencia, la terraza ha desaparecido, el mundo del café sobrevive en otro àngulo de la plaza, menos luminoso y encantador y, las antiguas fachadas son ahora las puertas electrónicas de una gran superficie de venta de materiales y objetos de decoración.

La cultura es una de las grandes industrias de París. Los museos son estructuras que se renuevan al paso y al ritmo de directores y equipos que aceptan nuevas concepciones menos historicistas y lineales para exhibir la creatividad y el oficio de los artistas reconocidos. Crear un espacio para mostrar a Monet, sacar un cuadro de Monet, un croquis de gran formato de una pequeña sala oscura y ponerlo en el centro de la galería impresionista del Museo de Orsay, era uno de los ejemplos que recuerdo de los atrevimientos museogràficos que el director, Serge Lemoine proponía como lectura creativa del pasado, realizando un viaje de regreso en los resultados de la investigación artística de un pintor, potenciando el anàlisis del proceso y proponiendo la pieza resultado de las búsquedas, «el error», lo deshechado posiblemente por « el mercado » como expresión suprema de investigación, como enlace con el movimiento abstracto que se desarrollaría años después.
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Interior del Museo de Orsay desde el fondo de la nave central, a la derecha  se encuentra la galería de los impresionistas. A la izquierda en la imagen, las estructuras rojas pertenecen a la exposición temporal dedicada a la emancipación de los escultores del siglo XX de la influencia de Rodin, la exposición se titula: Oublier Rodin ? La sculpture à Paris, 1905-1914

Regresé ayer al Museo de Orsay, después de casi un año sin visitar las colecciones. Es un Museo que resume el arte europeo de 1848 a 1914. Perfectamente estructurado, el recorrido comienza por la planta baja. A la derecha Ingres, Moreau, Delacroix y a la izquierda de los espacios monumentales de la antigua estación, encontramos las divertidas esculturas caricaturas de Honoré Daumier realizadas en arcilla policromada. Los personajes representados son todos parlamentarios de la Asamblea, figuras políticas contemporàneas del artista. La influencia goyesca en su obra pictórica es evidente en éstas piezas escultóricas.

La nueva escenografía museogràfica ha mejorado notablemente en la presentación de las obras de Courbet de pequeño formato, instalándolas en salas màs pequeñas, íntimas y acogedoras. Sobre fondos apagados de color verde olivo y violeta han sido colocados, «L’origin du monde » que fuera propiedad de Lacan y que estuvo escondido en su casa durante años tras una cortina, el paisaje de las costas normandas, calizas y blancas, el gran pez. Manet y su sala « española » con « Lola de Valencia », su cuadro sobre la corrida y arriba, subiendo los peldaños del desnivel de la planta baja, « El Desayuno sobre la hierba », màgico, magníficamente iluminado, el cuadro solo, sobre un muro verde extiende la sensación de libertad, de bosque y prolonga la atmósfera atrevida y relajada que narran los personajes. Puvis de Chavannes, un pintor verdaderamente moderno por su tratamiento del espacio, su modernidad gràfica conserva su sala a la derecha llegando al fondo.

Subir a la sala de los impresionistas es siempre emocionante. En paralelo al río, a las vías ràpidas que bordean el Sena, los grandes ventanales muestran la ciudad aún invernal y gris, el silencio de la velocidad de los coches desplazàndose tras los cristales. Sobre los muros de estuco italiano, de tonos arenosos, matizados y elegantes, cuelgan los cuadros de Van Gogh, Cézanne, Manet, Monet, Degas, Renoir y dos cuadros enormes llenos de parches, empates y urgencia en los que se dibujan las bailarinas y los personajes de la noche que sedujeron a Toulouse Lautrec. Los nenúfares de Monet, caros a Serge Lemoine no estàn donde los había dispuesto hace unos años, venía con la idea de volver a ver el fragmento del estanque, el cuadro líquido en verdes y lilas, dibujado con seguridad y nerviosamente, pero no lo he encontrado. Mis amigos visitaban a velocidad, y yo, despacio, buscaba mis antiguas referencias en los espacios de Orsay, la vieja estación de 1900, me he quedado esperando en el salón de té.

© 2009 Maite Díaz

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Paris la nuit

Marzo 12, 2009 · 1 comentario

parislanuit

Paris de noche desde la Torre Eiffel        ©2009 Maite Díaz

La ciudad, como polvo de luces sobre la tela oscura se extiende como un dripping de Pollock. La cuadrícula encendida, estructura y muestra los caminos. Fuegos y una gran guinda rosa al centro, cúpulas doradas, volutas y techos de cristales estrellados. Desde lo alto de la torre, al borde del abismo, todo se mueve. Màs càlido o màs frío el gran panal abejea, el río animado corta de agua la nuez y los puentes se suceden como los deseos. Cambiar de ciudad es comenzar nuevos caminos y en éste andar, las suelas de los zapatos se van puliendo con precisión como los espejos. Fuegos sagrados, ritual de comienzo, como si la noche nos preparara para el último tango.

©2009 Maite Díaz

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Los pétalos de Zurbaràn

Febrero 3, 2009 · Dejar un comentario

petaloszurbaranLos pétalos de Zurbaràn.    ©2009 Maite Díaz

Respiro, como los peces. El aire entra frío, mi sangre, como el vino. Ha vuelto a nevar, caminas a orillas del Sena, el hielo resbalando sobre los adoquines, el río corre lento hacia el mar. Mis pulmones tiemblan, como los pétalos de Zurbaràn sobre el gris plomo. El puente avanza, el paisaje ha vuelto a ser resuelto con la precariedad de unos trazos negros, lanzas las monedas que atrapa la granizada del río. Apresurados, cruzan los diálogos, se dibujan cálidos. Orwell, embarcándose en Dunkerque, llevaba la nostalgia de la confitura de naranjas. Dorada miel. Dunkerque arrasada, gris, betonée. Vuelvo a Malo-les-Bains, sus bellas casas, las dunas, los bunkers y el horizonte interminable con luz de invierno.

© 2009 Maite Díaz

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Viajando con el Bosco y con Google earth (I)

Enero 14, 2009 · 5 comentarios

bosch
El Jardín de las delicias es un tríptico pintado al óleo sobre tabla, sus dimensiones son  de 206 x 386 cm, se calcula fue realizado a finales del siglo XV por el pintor flamenco Hieronymus Bosch (1450-1516) pasó a formar parte de las colecciones del rey de España Felipe II, se conserva en el Museo del Prado en  Madrid

La palabra alma en relación con las obras de arte, tiene connotaciones religiosas heredadas de la época en que el arte, pero sobre todo la experiencia de la contemplación se efectuaba en las iglesias. La invención de la propaganda està relacionada a la religión, fue la Iglesia la institución que subvencionó el trabajo de los artistas durante siglos utilizando los muros, vidrieras y esculturas para narrar las historias biblícas y acercarlas a la gente que no sabía leer, cumpliendo una doble función, estética e ideológica.

En España, durante el período barroco, la hiperrealidad legó toda la imaginería escultórica religiosa, se realizaron piezas a tamaño natural policromadas, patinadas, con cabellos naturales y con ojos y làgrimas de cristal, éstas imàgenes en las procesiones, con la iluminación de los cirios difuminaban la frontera entre lo real y lo irreal.

De éstas experiencias podríamos especular que,  la hiperrealidad y el fanatismo religioso tendrían alguna relación en cuanto a la representación de la encarnación y de la resurrección. Beaudrillard hablaba en su libro «De la seducción» sobre la hiperrealidad del sexo refiriéndose a la pornografía y a la exaltación del detalle como un efecto inverso a la sensualidad; o la hiperrealidad del sonido de alta fidelidad para escuchar la música barroca originalmente escrita para la acústica de las iglesias góticas. La ciencia y la tecnología no terminan de sorprendernos con las posibilidades de visualización y de reproducción de la realidad.

El Museo del Prado en Google earth

Leo en el blog El Mundo por dentro, que Google ha fotografiado y digitalizado catorce obras maestras de las colecciones del Museo del Prado, éstas, podràn consultarse libremente con Google earth.El detalle de éstas fotos, es increíble, para los restauradores es una base de datos de gran nitidez a sólo un clic y que ademàs protege las obras. Las condiciones de iluminación para realizar éstas fotos son imposibles en las salas de los museos por las medidas especiales necesarias para la protección de las obras, siempre las vemos en penumbras y con los colores apagados. Las grandes obras podràn analizarse desde la pantalla de un ordenador. Pienso en las conferencias de Historia del Arte cuando daba clases en el centro superior pedagógico en el año 1987 y 1988 en La Habana, para ilustrarlas, solicitaba las diapositivas del departamento de arte de la Biblioteca Nacional, no siempre de buena calidad. Con éste maravilloso archivo, los departamentos de arte de las universidades del mundo accederàn a obras maestras que podràn ser comentadas y estudiadas en detalle con reproduciones excelentes para el estudio de las técnicas pictóricas de los artistas.

Esta posibilidad digital de «contemplación» no necesariamente terminarà con el ritual de la visita al Museo, los museos occidentales que han desplazado a las grandes catedrales. La visita es también la posibilidad de una visión de conjunto de la obra de un pintor, una cita individual pero también social, como leer el periódico en un café viendo la gente pasar, conversando, cuestionando lo que vemos, intercambiando impresiones. La tecnología digital vendría a proponernos la desmaterialización, “la desaparición” del cuadro a cambio de su visión fragmentada, hiperreal o como la polémica que se establece en torno a la prensa  a la desaparición de los periódicos, a la desaparición del objeto que implica el ritual. Estaríamos ante nuevas formas de relacionarnos, de acceder al conocimiento. De momento es fascinante el viaje con Google earth a ras de las pinceladas de Velàzquez, pero quedarse a solas en una sala, con sólo uno de sus formidables retratos, entrar en “su espacio”, seguirà siendo una experiencia única y seductora.

Esta nueva forma de viajar por la superficie del cuadro podrà depararnos grandes sorpresas y aventuras, pongamos un paseo en la luminosa pantalla por el Jardín de las Delicias con Google earth, un viaje en detalle, del paraíso al infierno imaginado a finales del siglo XV y contemplado desde la óptica de los millones de píxeles, de las poderosas luces de las làmparas de tungsteno, adentràndonos medio milenio después, en el micromundo de la fauna y el bestiario del Bosco. 

© 2008 Maite Díaz

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El Che, el mito en las calles de Paris

Enero 4, 2009 · Dejar un comentario

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Paris, Boulevard Magenta, 1ro de enero del 2009      ©2009 Maite Díaz

LA HABANA-PARIS CINCUENTA  AÑOS DESPUÉS

Primero de enero del 2009, cincuenta años después, en Europa, la imagen de la Revolución Cubana convertida en mito, en icono de la izquierda, empapela con grandes affiches las paradas de los autobuses próximas a la Place de la République. Estoy en Paris y la mañana comienza con un  paseo por el Boulevard Magenta, es muy temprano y hace frío, la humedad crea un velo apenas perceptible y las calles desiertas, el silencio me devuelve la imagen en simulacro del Che Benicio del Toro, fusil en mano, parapetado y custodiado por una cubana con boina y rifle en las manos.

Pienso en la última crónica que leí de Cabrera Infante sobre la revolución en Penúltimos Días, las manifestaciones, el gentío, las mujeres hermosas sumàndose al fenómeno de masas, algo vital llevado por la sensualidad de sus descripciones, veo las fotos de LIFE de Camilo Cienfuegos en blanco y negro de esos primeros días, sin embargo, frente a mí,  cincuenta años después de la fecha, en Paris, se reproduce una imagen edulcorada, una puesta en escena de lo que debió ser la explosión popular, la huelga general, la llegada del ejército guerrillero, todo esto convertido en una imagen de propaganda, pasada por los filtros dorados del cine, el guerrillero como hombre de acción en primer plano y con un fondo que parece una explosión urbana pintada por Canaletto, esos cielos dorados, quizàs algo renacentista por el manierismo de la estetización de la violencia del mito de la revolución y del hombre de acción, una atmósfera como de un sagrado corazón violento.

Al lado un carroussel, Elisa sube a un caballo y da vueltas, feliz, Teresa, cubana también, con el mismo asombro, pero sin decirnos nada, hace fotos de la imagen que nos vincula a una historia que aunque no vivimos con edad suficiente, o no habíamos nacido, aquel 1ro de enero de 1959 nos ha marcado la existencia, la violencia revolucionaria, lzs concentraciones, las armas, los uniformes, el ejército, las milicias, la preparación militar obligatoria de las mujeres, las organizaciones de masas, los comités de defensa, la juventud comunista, las asambleas, las botas, las boinas, patria o muerte, socialismo o muerte, los pioneros obligatorios, el Che, seremos como el Che, seremos como él, « asmàticos todos », angustiados por la asfixia, peregrinos, aventureros, desclasados, desnaturalizados, descentrados por una utopía en la que creyeron nuestros padres. Nuestro bautizo fue su imagen y conocer la historia de memoria del « elegido », el que eligieron por nosotros. Disparo con mi Nikon varias veces y nos vamos.

Por la calle Lancry subimos buscando el Canal San Martin, hay un restaurante griego, una papelería excelente pero està todo cerrado, el barrio ha ido transformàndose, encuentras boutiques simpàticas, algunas con el sabor de las hermosas tiendas del Marais. Llegamos al canal, la fabulosa librería de gràfica y diseño Artazar està cerrada, parece la fachada marinera de las aduanas de un puerto creativo. Subimos para ver las vidrieras de Antoine et Lili, rosa, verde, amarillo, un fragmento un tanto nórdico gracias al colorido estridente de las fachadas. El Canal es como un espejo de agua mansa, parece que va a desbordarse, Elisa juega con las palomas y encuentra a una que cojea, ha perdido el apoyo triangular y su pata es como la de un pirata. Desde los puentes, el canal es un curso tranquilo con  àrboles a cada lado, las esclusas armonizan la diferencia de metros y las paredes resuenan con el agua que cae, verde de musgo las compuertas son como los portones de una fortaleza.

Los àrboles de navidad envueltos esperan la recogida en los bordes de las aceras, la fiesta ritual del fin de año ha terminado, nos esperan los amigos, los restos del pavo relleno de noche vieja, turrón en el corazón, los vinos, compro dos baguettes calientes, quesos y continuamos conversando con Juan Luis, María y Jorge de América Latina, del homenaje a César Vallejo que España no ha hecho, habiendo dejado el poeta peruano un hermoso libro dedicado a la guerra civil española y conversando pienso en la velocidad y en la violencia con que hemos vivido las últimas generaciones, pero sobre todo a la velocidad  que se desarticuló el mito. 

©2008 Maite Díaz

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