Sigo la polémica en la prensa desde hace varios días. Los cubanos protestan. Declaraciones. Cartas. Entrevistas. Miguel Bosé no sabemos si aceptarà. Ana Belén y Victor Manuel, que firmaron en el 2003 la carta contra los fusilamientos de los tres jóvenes cubanos y el encarcelamiento de los periodistas independientes, deciden apoyar la iniciativa de Juanes por la paz. La violencia de la intolerancia organiza las protestas. Piras. Fuego. El lenguaje extremo. La mediación parece imposible. Son desafortunadas las declaraciones de Victor Manuel utilizando el lenguaje castrista de éstos tristes cincuenta años.
Es cierto que no es cualquier plaza. Màs que una plaza es un espacio de concentración. Descomunal, presidida por una torre imponente y un Martí de proporciones estalinistas. Que también se multiplicó en decenas de miles de bustos en todas las escuelas de la isla. Martí “el apóstol”. Luego ademàs Fidel Castro en una de sus operaciones de propaganda invitó al Papa a Cuba, y allí se ofició la misa. Años antes, el Papa recibió a Fidel Castro en Roma. Supongo el viaje sería para confesarse. No recuerdo que los cubanos quemaran imàgenes del Papa ni pidieran su dimisión. La religión parece el único espacio que podría propiciar la tolerancia y el diàlogo entre cubanos.
La plaza en su estructura desproporcionada, en su concepto del espacio y sus símbolos resume conceptos totalitarios. A los pies de la torre, una tribuna frente a la plaza establece la distancia y nunca propicia el diàlogo. El espacio se estructura como un teatro para escuchar interminables monólogos o para presenciar desfiles militares. Construída por Batista como la Plaza Cívica, la estrenó el segundo dictador. La arquitectura como valor simbólico y expresión del poder político en el espacio público. Y la transformaron en Plaza de la Revolución cambiàndole el nombre. Es el génesis del espacio. Un dictador, un militar que violó la Constitución y depuso un gobierno democrático en 1952.
No sé si en el proyecto original existía algún tratamiento paisajístico, algún jardín o arboleda que hicieran agradable el paseo. Como en el Champ de Mars donde se levanta la torre Eiffel y se organizan conciertos y hay bancos para sentarse y conversar, areas de césped donde descansar, o hacer picnics con amigos o en familia durante el verano, fuentes para escuchar el rumor del agua y refrescar…En París en la Plaza de la Concordia donde se levantaron las guillotinas que primero cortaron las cabezas de los reyes y aristócratas y donde màs tarde, la Revolución francesa comenzó también a devorar a sus hijos, sedienta, hoy se levanta un obelisco faraónico. A un lado comienza el Paseo de los Eliseos y del otro està la Asamblea Nacional. Una placa metàlica en el pavimento recuerda que fueron guillotinados Maria Antonieta y Luis XVI. Si existió el proyecto de un jardín, nunca interesó a los que se la apropiaron en 1959 para arengar, enfrentar y confrontar a los cubanos desde hace 50 años. El pavimento es asfalto. En verano, cuando el calor y el sol sobre la plaza son insoportables se respiran los olores del alquitràn. En lugar de àrboles hay postes estratégicamente alineados coronados con bocinas y baterías de làmparas potentes para “iluminar al pueblo” durante los discursos del Comandante, algunos duraban màs de seis horas.
Agotamiento. Al pueblo cubano lo ha rendido el agotamiento y lo ha embrutecido la política elemental y cainita. Rendido. Lo que queda es que en esa plaza cante Juanes y todo el que pueda y quiera, con Castro vivo y cuando ya no esté. De momento, que los cubanos comiencen a celebrar la despedida. Que suene música, y si es extranjera, muy bien. Estaría bien que fueran invitados grupos contestatarios, pero La Habana no podrà ser Bucarest.
Música, horas de música interminables, de todas las músicas y en todas las lenguas que en el mundo han sido. Música para ver si el lenguaje abstracto de los sonidos logra que la tribu dance y recuerde por un instante que lo primero que hay que recuperar es un espacio que ha sido ocupado por la imposición de una dictadura, por la intolerancia, la violencia, la militarización de la sociedad civil, los gritos de Patria o Muerte en esa plaza. Un lugar que ha sido “su lugar”. Tengo cuarenta y seis años y nunca vi un concierto en aquella plaza. Alguno se organizó, pero esa plaza es Fidel Castro, ha sido su escenario. Entonces es comprensible la ira de los cubanos de Miami en sus acciones con martillo, los otros las hacían con hoz y martillo. Hay millones de cubanos que han tenido que ir obligados por el control y la represión a esa plaza, a desfilar y escuchar horas de retórica castrista en éste medio siglo, generaciones de cubanos. No me opongo a que cante Juanes en el púlpito del dictador, me parece que la acción comienza a desacralizar el sitio. Y si Juanes tiene el coraje en esa plaza, con los micrófonos abiertos, de pedir públicamente libertad para los presos políticos, quizàs regrese a Miami como el evangelista.
©2009 Maite Díaz

Hay una vida que une





Las casualidades. He vuelto y he descubierto en el programa del Cine BABYLON. El título de un documental: “Sueños cubanos” que se traduce al alemàn como: Kubanische Träume.

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