Fragmentos – Diarios

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Montépilloy (1429-2009)

Julio 3, 2009 · Dejar un comentario

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Haga clic en el enlace para ver el diaporama de la primera parte del reportaje en el Château de Montépilloy
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Montépilloy (1429-2009)

Mayo 28, 2009 · Dejar un comentario

Éste verano se cumpliràn 580 años de la llamada Batalla de Montépilloy. En éste pequeño pueblo de Oise, se reunieron el rey Charles VII, Jeanne d’Arc y Étienne de Vignolles. Durante los días 14 y 15 de agosto de 1429 se alojaron en el castillo de Montépilloy.
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Castillo de Montépilloy. Oise, región de la Picardie      ©2009 Maite Díaz

Entre los bosques de Ermenonville y Chantilly, a cuarenta kilómetros al norte de París, en la región de la Picardie, se extiende una amplia llanura regularmente cultivada de trigo, colza, patatas o remolacha. Las parcelas perfectamente dibujadas van cambiando de color al ritmo de las estaciones. Un domingo caluroso de verano, bajamos desde la baja Normandía y antes de llegar a la ciudad de Senlis, atravesamos una carretera nacional y seguimos un pequeño camino que bordeaba unos grandes silos. Éstas torres monumentales son los únicos elementos industriales en el paisaje. La tierra transformada por la agricultura, conserva un paisaje que no ha sido maltratado por la urbanización. El camino se eleva en una pendiente suave. Al llegar a la cima de la colina, la estrecha carretera se convierte en la calle principal de un pequeño pueblo. La vista desde allí muestra toda la hermosura de la grande plaine. Un horizonte y un mar verde. Un gran manto armonizando toda una cuadrícula irregular de verdes de trigo, amarillos de colza y salpicaduras de rojas amapolas. Luego, como batallones de caballería organizados estratégicamente, los macizos boscosos de un verde màs profundo crean las tensiones, los ritmos visuales del paisaje. Desde la gran torre del castillo medieval, Jeanne d’Arc y su bravo compañero Étienne de Vignolles, apodado, la Hire, observarían los movimientos de las tropas del Duque de Bedford que se había desplazado desde París con diez mil hombres.

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Los Campos de Van Gogh

Octubre 4, 2008 · 14 comentarios

Vincent Van Gogh

(30 de marzo de 1853 – 29 de julio de 1890)

LOS CAMPOS DE VAN GOGH


El 20 de mayo de 1890, Vincent Van Gogh llega a Auvers-sur-Oise, un pequeño pueblo a unos 40 kilómetros al noroeste de Paris, tiene 37 años. Tras una estancia creativa fructífera en Arles, pero de imposible entendimiento con sus gentes, de ruptura con Gauguin, alucinado por «la lumière du Midi», perturbado su equilibrio psíquico, su hermano Theo, decide enviarle a este apacible lugar donde reside el Dr Gachet, coleccionista, amigo de Cezanne, Pissarro y pintor aficionado, con el encargo expreso de velar por la salud de Vincent. Se hospeda en l’auberge Ravoux, situada en la calle principal, frente a la alcaldía de Auvers y a unos metros de la estación de trenes.
De su habitación, una pequeña buhardilla, no se encuentran testimonios gràficos, es imposible fotografiarla, el celo de los conservadores, o quizàs, una cierta vergüenza de comprobar, que el genio errante, -cotizado en millones,- vivió sus últimos dos meses, su agonía de dos días tras el suicidio, màs en una celda que en una habitación. El espacio es sobrecogedor, sin ventanas, sólo una pequeñísima abertura, ventila, ilumina -si pudièramos utilizar éstos verbos- el espacio gris y angosto que se conserva tal y como lo dejó en vida el pintor. La guía nos cuenta que a su muerte, por los prejuicios, atavismos religiosos y costumbristas de la época, la habitación donde murió Van Gogh resultó imposible de alquilar por ser la de un suicida y permaneció cerrada hasta que se convirtió en el Musée Van Gogh; hoy existe un selecto club para admiradores, muchos japoneses, que al entrar en la cofradía, poseen una llave, (à l’ancienne), para acceder al «recinto sagrado», abriendo la verja de hierro.
Auvers-sur-Oise se llevanta al borde del río Oise, es un pueblo florido, húmedo y verde. Su trazado monta la pendiente desde la orilla hasta las llanuras planas, extensas, amarillas, que desde siempre han sido sembradas de trigo, colza o remolacha. Las fachadas de las casas son de piedra calcàrea màs burguesas o paysannes, todas con el encanto y la calidez de un material que envejece noblemente, que permite adherirse a la hiedras y enredaderas, absorber la reverberante luz del verano y devolvernos la tranquilidad de unas sombras que se dibujan misteriosamente. Los jardines, las flores, los verdes y rojizos de los arbustos, el cuidado de los espacios exteriores, las ventanas de cristal y sus contraventanas de persianas, pintadas de luminosos colores crean el ritmo del recorrido en las fachadas y en la soledad de sus calles.
Su llegada a éste, -su último puerto,- està cargada de frustraciones amorosas, internamientos en hospitales, diagnósticos, visitas médicas, de irritación contra el mercado del arte, de una búsqueda de la luz; su viaje desde su Holanda natal hasta el sur de Francia es el de la errancia, la inconformidad y la búsqueda de la libertad.Van Gogh escribe a Theo: «En mi trabajo arriesgo mi vida y, mi razón, a medias, se ha ensombrecido». Van Gogh pinta al ritmo de un cuadro diario, como un monje, cada mañana sale de su oscura habitación con su caballete, bastidor montado, caja de colores y pinceles, aceite de linaza, trementina, las emanaciones de las pinturas a base de plomo, así como l’absinthe,* con la que cada día, (junto a fàrmacos suministrados por el Dr Gachet), ensaya la búsqueda de sosiego, de una paz espiritual en su trabajo febril.
Con su pintura y sus cartas, Van Gogh nos ha dejado la crónica urgente y alucinada de un hombre testigo de los conflictos de su tiempo. Su obra es sobrecogedora, angustiada, pero a la vez dinàmica y luminosa.
Un mediodía caluroso de julio, el 27 exactamente del mismo año, en medio de un trigal, solo, se suicida de un tiro en medio del pecho, éste es su último acto en ésta encendida y amarilla llanura, frente al cementerio, donde hoy descansan sus restos y los de su hermano Theo.

Maite Díaz.

Texto y fotoreportaje.
Julio 2008.

*absinthe: se pronuncia (absanta)
Bebida prohibida en Francia por contener la misma substancia psicotrópica que el cannabis, provocando alucinaciones. Fue fabricada clandestinamente y vendida durante mucho tiempo. La absinthe que se encuentra hoy en las boutiques de licores en Francia es una fórmula modificada, la verdadera sin modificaciones en su composición es legal y se vende en Suiza.

Van Gogh en Auvers-sur-Oise
Pinche para visualizar en flickr las imágenes recorriendo las calles de Auvers-sur-Oise.

© 2008, Maite Diaz

© 2008. Fotografías Maite Díaz

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