Por cada mujer talentosa olvidada a cuántos hombres mediocres hemos tenido que leer, o ver colgados -nunca mejor dicho- en las galerías y ocupando las colecciones, los eventos y los museos de arte contemporáneo, esas pompas fúnebres cada vez más políticas, sectarias y partidistas que cambian “de críticos y especialistas” al ritmo de los poderes políticos.
La creación es una consecuencia de la libertad individual y del deseo. Y el deseo se relaciona al sexo y/o sus sublimaciones. Es tan simple la explicación, tan evidentes los prejuicios y cómo se establece la compleja maquinaria que sólo así podemos seguir asombrándonos frente a éstos descubrimientos. En la banalidad cotidiana más simple está la esencia de ésta injusticia.
A la sociedad en su estructura conservadora de roles le ha costado aceptar las capacidades creativas de la mujer más allá de las que la definen naturalmente como hembra en la procreación. Es una cuestión de espacios, como en la poética de Bachelard.
La película dirigida por Ariane Mouchkine cuenta la vida de Molière, Jean Baptiste Poquelin, nacido en París en 1622 no lejos del Palais Royal. Su padre era tapicero del Rey y decide que su hijo continuará el oficio o se hará abogado. Hay escenas inolvidables como la pelea con su padre por una silla en la escalera de la casa o cuando pide piojos en la escuela a sus colegas bajo las enseñanzas terroríficas de un cura y llega a la casa para que su madre, mientras canta, se ocupe de su cabeza. O la escena del Día de Reyes con el abuelo que se lo lleva a los teatros y las representaciones de la commedia dell’arte por las calles de París. El carnaval, las intrigas de la corte, la hipocresía de la burguesía, la sociedad contrastada entre la pobreza del campo, los grandes châteaux de los señores y la corte de Louis XIV que llega a ser su protector y para el que organiza grandes fiestas y puestas en escena en los jardines de Versailles.
En el fragmento la escena narra el episodio teatral del amigo de Molière que se bate contra unos enemigos invisibles, les maures. Molière es castigado tras juicio de la petite troupée por jugar y no pagar sus deudas, realidad que se repitió en otros momentos de su vida. En aquella época los niños leían novelas de caballería y para Molière adulto los autores del siglo de oro del teatro español: Lope de Vega, Tirso de Molina, Calderón eran fuentes de inspiración. En una de las escenas con la actriz que había sido su amante y productora principal, el dramaturgo confiesa que ya no sabe donde buscar inspiración. Europa siempre ha mantenido el espíritu sin fronteras. Es una película muy recomendable, con temas universales sobre las relaciones con el poder, situaciones intemporales en las que el genio muestra también sus miserias y fragilidades. La crítica mordaz de la sociedad de su tiempo, la hipocresía de la corte le enfrentó a numerosos enemigos que se reconocían en el retablo que ofreció de su época. En el siglo XVII Molière y su troupe recorrieron Francia realizando representaciones y buscando la protección de los aristócratas que podían pagar sus espectáculos. La película realizada con escenas rodadas en exteriores es fundamentalmente teatro filmado con excelentes actores del Théâtre du Soleil como el gran Philippe Caubere.
En La Habana la vimos por primera vez en el año 1980 durante una semana de cine francés, las cuatro horas sin entreacto.
Entre 1989 y 1991 los hechos se aceleraron de una manera vertiginosa, lo que pensábamos eterno desapareció en pocos meses. El comunismo. En aquella época, pocos años antes en La Habana con las remodelaciones les cambiaban los nombres a los restaurantes y los teatros por las ciudades del “campo socialista” o sus ideólogos, quedábamos en el Sofía que antes había sido el Praga, o en el Moscú, íbamos al Karl Marx o al Yang Tsé. Un lugar más diluido era la Casa de la cultura checa y aquel aire acondicionado estepario en los calores de La Habana, los libros y los discos: las corales de Bach y las estaciones de Vivaldi. Si entre Praga y La Habana, hay algún hilo reciente más allá de la experiencia comunista, casi seguro es el de la buena música. Hemos vuelto a ver hace un par de días Amadeus de Milos Forman filmada en el invierno de Praga. Una película sobre la vida de Mozart en la que en realidad el personaje principal es Salieri y la trama, un retrato del poder y la miseria humana. Salieri encarna el poder de la mediocridad y de la hipocresía de una manera magistral. La locura en que lo sumerge la envidia y la admiración, el esfuerzo por borrar la energía creativa imposible de controlar. Mozart era la alegría de vivir, la facilidad del talento, la libertad, la música como agua clara a borbotones. Lo increíble es constatar cómo la mediocridad siempre logra imponer su escenario. Los mediocres y la censura, el ejercicio del poder de aquellos personajes que deciden, sean funcionarios o simples lapas de los poderosos. Hoy nadie se acuerda de Salieri pero en aquella época era el que gozaba de todos los favores del Emperador y su corte. El poder y el arte, y el arte del poder. Los burócratas y los funcionarios siempre dispuestos para encorsetar y dictar lo que debe hacerse y cómo. Para Milos Forman seguro fue una revancha filmar la historia de Mozart en Praga de donde había tenido que marcharse por la censura y los dictados de las políticas culturales en la época del realismo socialista, aquella aristocracia comunista. El concepto de la monarquía y sus jerarquías establecidas en las castas de la aristocracia como estructura de los partidos repite los mismos vicios en el poder. La Viena liberal de los teatros de variedades y las óperas en la época de Mozart, era parte de la tendencia libre e innovadora de lo que que serían los teatros y cabarets de variedades que fueron tan populares en Europa en el siglo XIX y principios del XX. El realismo de la vida frente a la cursilería del bibelot. El humor expansivo, la sátira y la carcajada en espacios de creación en los que se mezclaban sensibilidades y clases sociales. Espacios de libertad donde además de humo y alcohol se reunieron las vanguardias, la sensibilidad y la inteligencia.
Estanque congelado en el parque de La Corbie. Dammartin en Goële, 10/12/2010
El miércoles 9 de diciembre nevó como hacía muchos años no ocurría en Francia. Me contaban que las últimas grandes nevadas que se recuerdan fueron en los años ochenta, especialmente en el año 1987. Como nunca nieva con fuerza y las temperaturas tampoco se mantienen bajas para conservar la nieve y formar las placas de hielo tan peligrosas en las carreteras, los episodios de frío polar sorprenden siempre porque son además difíciles de pronosticar con exactitud.
Salí del curso con una hora de adelanto pues por internet comenzaron a informar sobre los problemas de circulación en el transporte público. La calle se convierte en una pista de patinaje y los primeros accidentes o resbalones sin más consecuencias que el susto, comienzan a bloquear las calles.
“El dolor me jode, pero morirme me jode más”. Una afirmación de su última entrevista, concedida al diario ‘ABC’ y que el suplemento ‘XL Semanal’ publicará mañana.
“La crispación política me da mucho miedo. Y ahora hay mucha. Como en el 36. La gente no sabe lo que hace”.
“Uno escribe con lo que es, los libros que ha leído, la música que ha escuchado, los cuadros que ha disfrutado, las caricias que ha recibido”.
“La mujer ha olvidado la seducción y los travestis se han apropiado de este poder mágico”.
“Yo, como perverso sexual que soy, respeto la homosexualidad, pero nunca he tenido la tentación homosexual que tiene la mayoría de los hombres, y eso me da casi un poco de rabia, me gustaría haberla tenido. Yo soy un homosexual lésbico, quiero decir que me gusta la mujer pero que tengo un lado femenino y una necesidad de la mujer total, no solamente me atraen sus orificios únicos para el placer: el mundo de la mujer me gusta mucho. Debo de ser el único español al que le encanta acompañar a la señora a comprar su ropa, me encanta el pigmalionismo del vestir, y la convivencia femenina”.
Easy rider, no recuerdo si la vi en la Cinemateca a comienzos de los ochenta, en alguna sesión de tarde y tanda única. O la vi en vídeo en casa de algún amigo, posiblemente en préstamo de la videoteca de la escuela de cine de San Antonio de los Baños. Luego hay otras más postmodernas como su personaje caricaturesco -en Blue Velvet de David Lynch- con una máscara de oxígeno. Las drogas y el oxígeno. La imagen de Hooper haciendo equilibrio, sin casco ni protectores por una carretera del Oeste. El riesgo. La época de los experimentos de la libertad, las drogas, el haz el amor y no la guerra. La última inocencia suicida deslizándose por el asfalto. Los últimos aventureros y conquistadores sin Winchester, de California a la conservadora y racista New Orleans. En el final del fragmento llegan a un pueblo y su restaurante de carretera con las rojas chapas de Coca-Cola en la fachada y un aviso: Home made pies. El centauro mecánico o cómo el hombre va salvando sus limitaciones. El mundo ha ganado también en aburrimiento y el tiempo del viaje ya no es el de la vida. Que descanse en paz, aunque seguirá rodando por las praderas con su chaqueta sioux y su harley davidson.
Víctor Manuel es el autor de la música del documental
Trailer del documental «Desconectados» el afiche es de Oscar Mariné
«Desconectados» es un documental realizado por Manuel Gómez Pereira, ha participado en la Sección Oficial de Documental del Festival de Cine Español de Málaga.
A partir de testimonios se narran en primera persona las vidas de varios pacientes a los que les han diagnosticado esquizofrenia u otros problemas psico-afectivos. Las historias transcurren en la ciudad de Avilés, al norte de España, en Asturias. El trailer resume el trabajo y la relación que se establece entre el equipo profesional de psiquiatras y asistentes sociales que logran que las personas se reinserten en la vida social y vuelvan a disfrutar de la alegría de vivir.
El psiquiatra Juan José Martínez Jambrina anima el equipo, explica la necesidad de la solidaridad de los poderes públicos en el tratamiento y la ayuda a éstas personas. Las estructuras y consultas privadas no pueden garantizar la calidad de la ayuda requerida. La complejidad de la recuperación necesita de los medios de un equipo cubriendo toda la red de conexiones sociales en las que se mueve el paciente. Para lograr rescatar y salvar del naufragio a éstas personas, han diseñado y puesto en práctica -con éxito- un «tratamiento asertivo comunitario» que consiste en la continuidad y el seguimiento a domicilio: «Si no vienes, nosotros vamos». Las personas que brindan su testimonio en éstos pocos minutos, nos narran la ayuda afectiva indispensable para sobrevivir y resolver pequeñas cosas de la vida cotidiana como organizar y arreglar documentos o realizar gestiones indispensables con la administración.
El título hace referencia a la naturaleza social del ser humano y a la necesidad de establecer relaciones. El diseño de la vida que desde su más mínima estructura se basa en las interconexiones. La fragilidad y la desconexión aparecen -en muchos casos- cuando se pierden las referencias y las conexiones afectivas produciéndose la inflexión para que la enfermedad o la depresión aparezcan.
La música de Víctor Manuel es como una plegaria. El texto describe las experiencias y la desesperación tranquila, como un lamento. La música, las imágenes de la costa asturiana, el invierno, las nubes, el mar bravo y el faro. La zona industrial y parte de su reconversión que ha significado tantos problemas sociales. La fragilidad que puede salvarse con las acciones necesarias y responsables de los especialistas apoyados por los poderes públicos.
Once upon a time in America. Fragmento del film de Sergio Leone.
Dos amigos vuelven a encontrarse después de màs de treinta años. Crecieron juntos en la picaresca de las calles de New York en el barrio judío. La picaresca para vivir sin trabajar y hacer dinero fàcil. Esto implica la mentira, el robo, la violencia, el oportunismo, la manipulación, la extorsión, la corrupción, la connivencia con el poder en principio desde las cloacas, que son los barrios pobres de cualquier ciudad. Una biografía siempre es una gran enseñanza. Y una biografía de grupo de una generación un ejercicio que hay que hacer sin falta.
Vi la película una sola vez en La Habana, en la Cinemateca. Cuànto buen cine he visto en esa sala. Sergio Leone hace un retrato del poder, el éxito, la política desde todos sus àngulos, desde el senador, hasta el sindicalista socialista (Treat Williams) que rociado de gasolina, y salvado por el comando mafioso lanza su mitín de propaganda en el viejo taller de mecànica, custodiado y a salvo por los mafiosos contratados por el político. Toda una metàfora de política, pandillismo y mafias. El Poder.
Recordaba las escenas de amor de los adolescentes. Ella bailando para él y luego leyéndole un fragmento. El amor como posibilidad de salvación. Imposible. Leía hace poco que Octavio Paz escribió que el siglo XXI sería el de un renacimiento del amor, no de la cursilería o del romanticismo decadente, sino del amor como un sentimiento poderoso de energía, constructivo. La escena de De Niro en la playa contando su paso de largos años por la càrcel y cómo releer los fragmentos amorosos del Antiguo Testamento le permitieron sobrevivir. Es una de las pocas escenas en que habla el hombre, no la vida acorralada, sin otra opción. Las palabras. Divinas palabras. Luego la escena de la violación en el coche, cuando ella decide partir. De nuevo el poder y la dominación -sexual- en su expresión màs brutal, como desesperación de la frustración profunda del que no puede salir de la bajeza como recurso último.
El personaje es complejo, detestable en su coherencia y su verdad. No aspira a màs. Su vanidad queda en el espacio de las cloacas de donde ha salido, lo dice explícitamente cuando decide no entrar en política porque no confía en esos hombres que venden tantas falsedades. La podredumbre de las calles en que ha crecido es donde se siente a gusto, la de los altos vuelos, invisible, escondida, no la controla y la rechaza. Su amigo Max -que se compra un trono- està dispuesto a todo y trata de convencerlo.
Max y Noodles tratan de huir de su medio através de medios artificiales. Max (James Woods)utiliza como droga el Poder, mata, roba a sus amigos, acumula riquezas y relaciones, llega a lo màs alto, pero està solo. Su sensibilidad ambiciona el poder sin ningún escrúpulo, sin ningún valor ético, no hay límite y llega hasta robar la vida de su mejor amigo.
Noodles ha vivido con la carga de la culpa de una traición supuesta, establecida en un complot con la mujer de Max, para proteger a sus amigos de una muerte segura en el plan de asaltar el banco central. Su mujer es asesinada. Moe torturado y es de nuevo Noodles quién mata al asesino. Terminada la ley seca, la prohibición, la normalización del comercio de alcohol les dejarà sin sus grandes dividendos. Su sentido de la amistad le ha impedido pensar en la traición y la manipulación de Max. Ha vivido una vida ordinaria, «me he acostado temprano cada día», dice a Moe en el bar judío a su regreso, lo que quiere decir que ha tenido que trabajar para vivir. Max desde su residencia fastuosa termina en el basurero víctima de su propia farsa y de sus mentiras. Su último recurso a la violencia es pensar morir a manos de la venganza de su amigo. Noodles no lo reconoce y se marcha, para él ha muerto hace treinta años. Noodles escapa del infierno en el fumadero de opio y es donde único sonríe.
Ayer estuve viendo una emisión de Metrópolis. Contaban la historia de un cine berlinés que ha cumplido ochenta años. Abrió sus puertas en 1929, el año de la Gran Depresión y también, el año que nació Guillermo Cabrera Infante. Su arquitectura art-decó me transportó a los cines habaneros. Melancolía de los grandes cines con platea y balcón. No sé si Cabrera Infante habrà conocido éste cine. El cine Babylon mantiene el gran espacio con capacidad para 1200 espectadores y sus balcones que avanzan por las paredes laterales del espacio como en la época de sus funciones silentes. La magia del cine y el teatro comienza en la infancia. La oscuridad y las historias que terminan con la salida despacio hacia la luz cegadora. Rara vez en La Habana se abrían las salidas laterales de los grandes cines. La salida se producía suavemente, un tiempo de adaptación, entre levantarse y comenzar a andar y regresar a la realidad.
El cine Babylon conserva, restaurado, un órgano de los años veinte, la misma época en que el sonido apareció en el cine. El instrumento sirve para hacer música y ademàs para recrear ambientes que acompañaban las películas silentes con sonidos de teléfonos, trenes, caballos al galope, campanadas de Iglesia o campanillas. El sonido del mar y el embate del océano embravecido, los àrboles y los pàjaros, el ruido de la ciudad. Toda una ingeniería sonora de artilugios y artefactos increíbles, instalados en una sala interior y conectados a la màquina.
Algunos domingos nos levantàbamos temprano y nos íbamos a la matinée del cine Trianón en las calles Línea y Paseo en el Vedado, en La Habana. En la esquina estaba el parking, y el cine versallesco al lado, por la calle Línea. Actualmente, es la sede del teatro El Público que dirige Carlos Díaz. En los años 60, la tanda primera de la matinée de los domingos comenzaba a las nueve en punto y duraba una hora y media. Soy de la generación feliz que creció viendo: al Pàjaro Loco, El gato Félix, Betty Boo, Tom and Jerry, las dos Hurracas, Fantasía; aquellos «muñequitos» ocurrentes, divertidos o la comedia silente, con Chaplin y Buster Keaton o el Gordo y el Flaco, sin órgano berlinés pero con el ingenio y el humor que no machacaban, como Mashenka, lo políticamente correcto, tan aburrido.
Las casualidades. He vuelto y he descubierto en el programa del Cine BABYLON. El título de un documental: “Sueños cubanos” que se traduce al alemàn como: Kubanische Träume.