Fragmentos – Diarios

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Érase una vez en América

Septiembre 4, 2009 · Dejar un comentario

Once upon a time in America. Fragmento del film de Sergio Leone.

Dos amigos  vuelven a encontrarse después de màs de treinta años. Crecieron juntos en la picaresca de las calles de New York en el barrio judío. La picaresca para vivir sin trabajar y hacer dinero fàcil. Esto implica la mentira, el robo, la violencia, el oportunismo, la manipulación, la extorsión, la corrupción, la connivencia con el poder en principio desde las cloacas, que son los barrios pobres de cualquier ciudad. Una biografía siempre es una gran enseñanza. Y una biografía de grupo de una generación un ejercicio que hay que hacer sin falta.

Vi la película una sola vez en La Habana, en la Cinemateca. Cuànto buen cine he visto en esa sala. Sergio Leone hace un retrato del poder, el éxito, la política desde todos sus àngulos, desde el senador, hasta el sindicalista socialista (Treat Williams) que rociado de gasolina, y salvado por el comando mafioso lanza su mitín de propaganda en el viejo taller de mecànica, custodiado y a salvo por los mafiosos contratados por el político. Toda una metàfora de política, pandillismo y mafias. El Poder.

Recordaba las escenas de amor de los adolescentes. Ella bailando para él y luego leyéndole un fragmento. El amor como posibilidad de salvación. Imposible. Leía hace poco que Octavio Paz escribió que el siglo XXI sería el de un renacimiento del amor, no de la cursilería o del romanticismo decadente, sino del amor como un sentimiento poderoso de energía, constructivo. La escena de De Niro en la playa contando su paso de largos años por la càrcel y cómo releer los fragmentos amorosos del Antiguo Testamento le permitieron sobrevivir. Es una de las pocas escenas en que habla el hombre, no la vida acorralada, sin otra opción. Las palabras. Divinas palabras. Luego la escena de la violación en el coche, cuando ella decide partir. De nuevo el poder y la dominación -sexual- en su expresión màs brutal, como desesperación de la frustración profunda del que no puede salir de la bajeza como recurso último.

El personaje es complejo, detestable en su coherencia y su verdad. No aspira a màs. Su vanidad queda en el espacio de las cloacas de donde ha salido, lo dice explícitamente cuando decide no entrar en política porque no confía en esos hombres que venden tantas falsedades. La podredumbre de las calles en que ha crecido es donde se siente a gusto, la de los altos vuelos, invisible, escondida, no la controla y la rechaza. Su amigo Max -que se compra un trono- està dispuesto a todo y trata de convencerlo.

Max y Noodles tratan de huir de su medio através de medios artificiales. Max (James Woods)utiliza como droga el Poder, mata, roba a sus amigos, acumula riquezas y relaciones, llega a lo màs alto, pero està solo. Su sensibilidad ambiciona el poder sin ningún escrúpulo, sin ningún valor ético, no hay límite y llega hasta robar la vida de su mejor amigo.

Noodles ha vivido con la carga de la culpa de una traición supuesta, establecida en un complot con la mujer de Max, para proteger a sus amigos de una muerte segura en el plan de asaltar el banco central. Su mujer es asesinada. Moe torturado y es de nuevo Noodles quién mata al asesino. Terminada la ley seca, la prohibición, la normalización del comercio de alcohol les dejarà sin sus grandes dividendos. Su sentido de la amistad le ha impedido pensar en la traición y la manipulación de Max. Ha vivido una vida ordinaria, «me he acostado temprano cada día», dice a Moe en el bar judío a su regreso, lo que quiere decir que ha tenido que trabajar para vivir. Max desde su residencia fastuosa termina en el basurero víctima de su propia farsa y de sus mentiras. Su último recurso a la violencia es pensar morir a manos de la venganza de su amigo. Noodles no lo reconoce y se marcha, para él ha muerto hace treinta años. Noodles escapa del infierno en el fumadero de opio y es donde único sonríe.

©2009 Maite Díaz

Categorías: Cine · Estados Unidos de América
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Berlín, el cine Babylon y en La Habana, el Trianón

Mayo 3, 2009 · 2 comentarios

wendersbabylon

Ayer estuve viendo una emisión de Metrópolis. Contaban la historia de un cine berlinés que ha cumplido ochenta años. Abrió sus puertas en 1929, el año de la Gran Depresión y también, el año que nació Guillermo Cabrera Infante. Su arquitectura art-decó me transportó a los cines habaneros. Melancolía de los grandes cines con platea y balcón. No sé si Cabrera Infante habrà conocido éste cine. El cine Babylon mantiene el gran espacio con capacidad para 1200 espectadores y sus balcones que avanzan por las paredes laterales del espacio como en la época de sus funciones silentes. La magia del cine y el teatro comienza en la infancia. La oscuridad y las historias que terminan con la salida despacio hacia la luz cegadora. Rara vez en La Habana se abrían las salidas laterales de los grandes cines. La salida se producía suavemente, un tiempo de adaptación, entre levantarse y comenzar a andar y regresar a la realidad.

organobaylon

El cine Babylon conserva, restaurado, un órgano de los años veinte, la misma época en que el sonido apareció en el cine. El instrumento sirve para hacer música y ademàs para recrear ambientes que acompañaban las películas silentes con sonidos de teléfonos, trenes, caballos al galope, campanadas de Iglesia o campanillas. El sonido del mar y el embate del océano embravecido, los àrboles y los pàjaros, el ruido de la ciudad. Toda una ingeniería sonora de artilugios y artefactos increíbles, instalados en una sala interior y conectados a la màquina.

Algunos domingos nos levantàbamos temprano y nos íbamos a la matinée del cine Trianón en las calles Línea y Paseo en el Vedado, en La Habana. En la esquina estaba el parking, y el cine versallesco al lado,  por la calle Línea. Actualmente, es la sede del teatro El Público que dirige  Carlos Díaz. En los años 60, la tanda primera de la matinée de los domingos comenzaba a las nueve en punto y duraba una hora y media. Soy de la generación feliz que creció viendo: al Pàjaro Loco, El gato Félix, Betty Boo, Tom and Jerry, las dos Hurracas, Fantasía; aquellos «muñequitos» ocurrentes, divertidos o la comedia silente, con Chaplin y Buster Keaton o el Gordo y el Flaco, sin órgano berlinés pero con el ingenio y el humor que no machacaban, como Mashenka, lo políticamente correcto, tan aburrido.

©2009 Maite Díaz

Fotografías cortesía del sitio BABYLON BERLIN


kubanischetrauemeLas casualidades. He vuelto y he descubierto en el programa del Cine BABYLON. El título de un documental: “Sueños cubanos” que se traduce al alemàn como: Kubanische Träume.

Categorías: Cine · La Habana