La insoportable soledad francesa en Malí, por Gilles Kepel

L’intenable solitude française au Mali, par Gilles Kepel

Le Monde.fr | 17.01.2013 à 10h47 • Mis à jour le 17.01.2013 à 12h36
Por Gilles Kepel, miembro del Institut Universitaire de France, el Consejo Superior dea Instituto del Mundo Árabe y profesor en Sciences Po

Con el envío de la aviación francesa para golpear a las columnas de yihadistas que se dirigían a Bamako,  luego mediante el envío de tropas terrestres para superar las deficiencias del ejército de Malí, el Presidente de la República François Hollande, primero controla los efectos adversos del golpe de su predecesor a las columnas blindadas de Khadafi que se dirigían a Bengasi el 19 de marzo 2011.
Lo que llamamos hoy en Libia con emoción “Sarcou Darbet” (“el golpe de Sarko “) que sin duda salvó a miles de civiles en la capital de Cirenaica, y además permitió a la revolución el giro que llevaría a la caída del tirano. Sin embargo, por falta de apoyo político, y porque no se ha movilizado -más allá de la emoción- los conocimientos y las informaciones de fondo disponibles sobre las sociedades árabes-islámicas, la intervención de Francia y de la OTAN en Libia ha provocado la implosión del país en una fragmentación de facciones locales, étnicas o ideológicas apoyadas en las katibas (falanges) armadas a las que, el disminuído Estado post-kadhafista no puede imponer el monopolio como fuerza legítima.

Debido a esta falta de previsión de nuestros mandos y estrategas, toda la región del Sahel al Oriente Medio, está inmersa en la afluencia de armas provenientes del saqueo de los enormes arsenales libios y esto ha sido una bendición para los grupos salafistas radicales. La proliferación de éstos grupos se debe al desencanto generalizado de las capas desfavorecidas dos años después de las revoluciones árabes, confrontadas a la recesión económica y al aumento de la miseria. La impunidad de los yihadistas de todo tipo también ha debilitado a los cuerpos policiales después de la caída de los regímenes autoritarios, así como la ambigüedad de algunos líderes de los partidos que han llegado al poder a través de las elecciones, pertenecientes a los Hermanos Musulmanes que les favorecen para el enfrentamiento contra el enemigo común, los sectores laicos.

BROTE Salafista

Como se ha visto en Túnez, Egipto y Libia en particular, estos grupos defienden hoy en día como una panacea la violencia social como medio para el establecimiento de un Estado islámico y la aplicación estricta de la sharia, la ley islámica – estas medidas fueron llevadas a cabo de manera espectacular en el norte de Malí por AQMI (Al Qaeda en el Magreb Islámico) y otros Ansar Ed Din (partidarios de la religión), pero también se expresaron en el ataque al consulado de EE.UU. en Benghazi y de la Embajada estadounidenses en Túnez por parte de grupos salafistas con el mismo nombre, Ansar al-Sharia (Partidarios de la Sharia) en septiembre. Los chivos expiatorios de estos abusos fueron: en primer lugar las mujeres sin velo, las universitarias y las artistas, las minorías religiosas, y los seguidores del Islam tradicional no radical.

Los mausoleos antiguos son hoy devastados por ser considerados “impíos”, -de Tombuctú a Sidi Bou Said y desde Trípoli al valle del Nilo- por barbudos jóvenes fascinados por las fatwas subidas en internet por los predicadores de Arabia Saudí y otras petro-monarquías. El brote salafista ha llegado hasta la revolución siria, donde los grupos mejor dotados de fondos de los donantes de los Estados Árabes del Golfo que atraen para reclutar a los mejores candidatos, en medio de la pobreza general y bajo el bombardeo del ejército de Assad.

Estos grupos radicales son ultra-minoritarios en las poblaciones. Sin embargo, el abandono general de la policía y de las estructuras militares después de las revoluciones, o en estados fallidos (Malí), sobrevalora el impacto de los movimientos consolidados por el destacado adoctrinamiento y la posesión de armamento, por no hablar de su generosa financiación derivada de los iingresos perversos de las rentas del petróleo. Incluso en Argelia, cuyo aparato represivo ofrece una sensación de poder efectivo pues fue capaz de sofocar las réplicas locales del terremoto revolucionario árabe del 2011, pero tampoco escapa a este fenómeno.

FRANCIA ESTA EQUIPADO PARA LLEVAR A CABO ESTA OPERACIÓN?

El asalto y el secuestro de los rehenes occidentales en In Amenas en el sureste del país, a unas docenas de kilómetros de la frontera con Libia, en represalia por el permiso de sobrevuelo de la armada francesa autorizado por Alger para el bombardeo en el norte de Malí indica la magnitud de una amenaza aún más preocupante por reticular y policéntrica.

Es que Francia está equipada para llevar a cabo la acción de restaurar la soberanía en Malí y detener la propagación yihadista en el Sahel? En otros términos, independientemente de los resultados en los combates la verdadera prueba sobre el terreno será su capacidad para promover la transición política democrática, para evitar errores que siguieron a las operaciones de la OTAN en Libia, o de los Estados Unidos Estados en Irak o de la coalición internacional en Afganistán. La soledad francesa en un asunto que concierne a toda Europa en su fachada sur, no es sostenible sin agotar a la Unión de su sentido.

La toma de rehenes en In Amenas es un hecho que concierne a todos pues en gran mayoría las personas secuestradas son ciudadanos de los países anglosajones y escandinavos, y tiene lugar en un sitio de extracción de petróleo – la llave de la inserción del mundo árabe en el sistema económico global- implicará por fuerza nuevos Estados en el conflicto. Para ello, el conocimiento del terreno y de las ramificaciones regionales de la relación entre el Sahel y el mundo árabe donde las revoluciones se ramifican, y los vínculos entre estas regiones y sus expatriados en Francia, es crucial para el éxito de operación.

En un contexto donde el ciberterrorismo es un recurso de guerra, donde las puestas en escena macabras en sitios de intercambio de vídeo se utilizan como medios para chantajear a la sociedad, y todos recordamos el caso Merah, como ejemplo de que todo conflicto de inmediato se convierte en un hecho tanto a nivel global como local. La complejidad y la multiplicidad de temas hace que esta guerra contra el yihadismo posmoderno dotado de ubicuidad, un desafío de la sociedad : exige la cohesión de la comunidad nacional, y el dominio de los conocimientos e informaciones sobre el mundo árabe y musulmán contemporáneo. En éste tema, Francia, hasta hace poco uno de los líderes a nivel mundial presenta un retraso considerable en los últimos cinco años.

EL RETO DE LA CIVILIZACIÓN

Cuando los Estados Unidos, nuestros socios europeos, asiáticos y ahora incluso los países del Golfo, han invertido para desarrollar centros de estudio e investigación, la enseñanza, los think tanks, han sido capaces de establecer múltiples alianzas con la sociedad civil del mundo musulmán, nuestro país, que cuenta con el mayor número hasta ahora de árabes y de musulmanes en Europa occidental se ha quedado atrás. Por ejemplo, el Institut du Monde Arabe, paralizado por la política partidista en el Hexágono, no fue capaz de anticipar el significado de las revoluciones árabes – mientras que al mismo tiempo, diez diputados de Francia fueron elegidos en el parlamento tunecino. En Sciences Po, los estudios sobre el mundo árabe, una institución insignia en el último cuarto de siglo, han sido cerrados … en Diciembre del 2010, el mes en que Mohammed Bouazizi se prendió fuego en Túnez. Ahora la investigación está en el otro lado del Canal de la Mancha o al otro lado del Atlántico desde donde venían muchos y del mundo entero, a París, para buscar los conocimientos y la información.

Lo que se juega en Malí no es sólo una cuestión de militares y vemos que en los días siguientes al comienzo de las operaciones la guerra se está extendiendo en el gran país vecino. Esto requiere la implementación de una estrategia internacional y el dominio de los temas de las sociedades complejas – es un desafío a la civilización en la era de la globalización, la interpenetración de las culturas y la circulación acelerada de las doctrinas y de las ideologías, de las imágenes y videos, de las personas, bienes y armas a través de las fronteras. De este fenómeno, el Sahel es a la vez la víctima por excelencia y el lugar de incandescencia.

Gilles Kepel, miembro del Institut Universitaire de France, el Consejo Superior de la Instituto del Mundo Árabe y profesor en Sciences Po

Traducción: Maite Díaz González

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