París, Estación del Este, noviembre 2011
El tren sale del aeropuerto y entra en la niebla. La señora sentada frente a mí es una mujer mayor hermosamente arrugada, sin cirugías, tiene los ojos azules y vivísimos, su rostro guarda los rasgos de una gran belleza que no ha sido intervenida. Viaja sola, elegante y sobria, el pelo blanco recogido en un chignon, el rostro perdido entre las brumas de la ventanilla. Tiene algo de las damas de los cuadros del siglo XVIII, el resplandor y los ojos como dos gotas de agua. Mirándola pienso en la noticia de la mujer que ha fallecido a causa de una prótesis de silicona y que ha movilizado un regimiento de posibles damnificadas, no sé qué pasa en las cabezas de éstas mujeres que se rellenan de plástico para supuestamente estar más bellas y el resultado es cada día más monstruoso, sobre todo, en los rostros esculpidos a golpe de silicona o de botox. El cuerpo es una mercancía y las mujeres viven esclavas de la tecnología desarrollada para la cirugía y los milagros que venden. En Brasil se operan a los dieciséis años para ponerse tetas o pantorrillas.
Hace unos días escuchando al director de tecnología del NYT pensé en los cirujanos plásticos. El periodista aseguraba que según estudios realizados entre un grupo de cirujanos, éstos profesionales, los más precisos y reputados son los que han jugado video juegos con verdadera pasión. Explicaba que el juego desarrollaba capacidades para la representación del espacio tridimensional y mejoraba la observación. Entonces la razón de por qué las caras de todas las mujeres operadas y los hombres se parecen cada vez más a los dibujos animados o a los personajes en 3D tiene una explicación socioprofesional en relación a los nuevos hobbies de la industria del entretenimiento. La recomendación de elegir a un cirujano jugador de video juegos como argumento de calidad profesional francamente me sorprendió, pero pienso que son los datos que comenzamos a escuchar a propósito de la incidencia de la cultura digital en nuestro comportamiento y desarrollo de habilidades. No habló, sin embargo, de los estudios que relacionan violencia y video juegos.




Blog a Ricardo González Alfonso, escritor
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