Archivo diario: 25 noviembre, 2011

Las prótesis, la violencia y el tiempo

Paris Gare de l'Est

París, Estación del Este, noviembre 2011                                          

El tren sale del aeropuerto y entra en la niebla. La señora sentada frente a mí es una mujer mayor hermosamente arrugada, sin cirugías, tiene los ojos azules y vivísimos, su rostro guarda los rasgos de una gran belleza que no ha sido intervenida. Viaja sola, elegante y sobria,  el pelo blanco recogido en un chignon, el rostro perdido entre las brumas de la ventanilla. Tiene algo de las damas de los cuadros del siglo XVIII, el resplandor y los ojos como dos gotas de agua. Mirándola pienso en la noticia de la mujer que ha fallecido a causa de una prótesis de silicona y que ha movilizado un regimiento de posibles damnificadas, no sé qué pasa en las cabezas de éstas mujeres que se rellenan de plástico para supuestamente estar más bellas y el resultado es cada día más monstruoso, sobre todo, en los rostros esculpidos a golpe de silicona o de botox. El cuerpo es una mercancía y las mujeres viven esclavas de la tecnología desarrollada para la cirugía y los milagros que venden. En Brasil se operan a los dieciséis años para ponerse tetas o pantorrillas.

Hace unos días escuchando al director de tecnología del NYT pensé en los cirujanos plásticos. El periodista aseguraba que según estudios realizados entre un grupo de cirujanos, éstos profesionales, los más precisos y reputados son los que han jugado video juegos con verdadera pasión. Explicaba que el juego desarrollaba capacidades para la representación del espacio tridimensional y mejoraba la observación. Entonces la razón de  por qué las caras de todas las mujeres operadas y los hombres se parecen cada vez  más a los dibujos animados o a los personajes en 3D tiene una explicación socioprofesional en relación a los nuevos hobbies de la industria del entretenimiento. La recomendación de elegir a un cirujano jugador de video juegos como argumento de calidad profesional  francamente me sorprendió, pero pienso que son los datos que comenzamos a escuchar a propósito de la incidencia de la cultura digital en nuestro comportamiento y desarrollo de habilidades. No habló, sin embargo, de los estudios que relacionan violencia y video juegos.

He perdido mi reloj. Las estaciones de trenes en París y sus grandes relojes siempre en hora, los de La Habana eran relojes metafísicos detenidos en un tiempo irreal. El del obelisco de Marianao creo que durante los cuatro años que estudiamos allí nunca lo vimos en hora o el de las aduanas del puerto. En París los viajeros van todos estresados y miran sus relojes con ansiedad. Los trenes, los viajes y la precisión del tiempo fueron regalos de la modernidad. La revolución industrial y los trenes, la posibilidad de desplazarnos y relativizar las distancias. En París la construcción de las grandes estaciones de Lyon o Austerlitz coincidieron con la discusión del carácter laico del espacio público y la separación de poderes. Algunos piensan que de ésta idea política nació en el espacio arquitectónico de las estaciones la estructura de la torre con el gran reloj que sustituyó al sonoro campanario de las iglesias. Las nuevas estaciones como las catedrales de una modernidad cada vez más interesada en la velocidad, la precisión y el control del tiempo.
En París la estación del Este anuncia el Museo de la Gran Guerra en Meaux. Hace casi cien años, en agosto de 1914, la esplanada y las calles estaban repletas de soldados que marchaban hacia el frente del este, a la batalla del río Marne. La guerra, la violencia que deformó a tantos hombres está representada en los dibujos y grabados de Otto Dix, ejemplares en la narración de la carnicería que obligó luego a desarrollar con ingenio la fabricación de prótesis para aliviar las almas y los cuerpos destrozados de los soldados y sus familiares.
© 2011 Maite Díaz González